• Caracas (Venezuela)

Valentín Arenas Amigó

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Valentín Arenas Amigó

Democracia o autocracia

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La democracia es un sistema político de gobierno en el cual el pueblo es el soberano y por lo tanto quien elige a sus gobernantes. La autocracia es un régimen de gobierno en el cual un solo ciudadano, el dictador, asume la soberanía para “mandar” y hacer  lo que él quiera. Venezuela sabe lo que es una democracia porque vivió en ella durante cuarenta años. Se cometieron errores, pero el árbitro electoral respetaba siempre la voluntad popular. Durante los últimos dieciséis años se nos vendió como “democracia participativa” lo que es una autocracia totalitaria. Un engaño colosal encubierto por la repetida celebración  de elecciones que decidía el árbitro electoral y no el soberano pueblo. Esta es la realidad que hemos vivido: una autocracia que nos fue vendida por la propaganda como  democracia. Las consecuencias no hace falta señalarlas, porque el lector las está padeciendo. Desde la inseguridad hasta la falta de alimentos y la destrucción del futuro de Venezuela.

La dictadura como régimen para gobernar un país es mucho más peligrosa cuando no es impuesta a la fuerza sino que es consecuencia de un engaño. Sucede lo mismo que cuando un paciente que tiene un dolor en el pecho y va al médico este se equivoca en el diagnóstico, le dice que tiene una bronquitis muy fuerte y le prescribe un tratamiento equivocado, pues lo que tenía era un cáncer que le quitó la vida. Esto mismo sucede en la política cuando se le vende al pueblo como democracia lo que es una autocracia o dictadura. En este caso pacientes somos todos los ciudadanos que vivimos sin libertad ni respeto a los derechos humanos, situación esta que por un error en el diagnóstico lleva a una sociedad completa a vivir democráticamente esclavizada. La accidentada historia de los múltiples procesos electorales desde el año 1999 hasta la fecha confirman las consecuencias de un diagnóstico político errado donde las elecciones no expresaron la voluntad del soberano pueblo sino la del soberano autócrata.

La Venezuela que estamos viviendo es consecuencia de una democracia como  propaganda para encubrir la autocracia real que padecemos como sistema de gobierno.

Lo antes escrito no busca la abstención electoral de cara a las parlamentarias cuya fecha aún no se conoce. Todo lo contrario. La asistencia a votar debe ser masiva para que la voluntad del pueblo sea tan aplastante que resulte imposible ignorarla. Pero hay que estar preparado para irse masivamente a la calle si esa contundente mayoría que anticipan todas las encuestas confiables no fuera reconocida por el árbitro. El pueblo tendrá entonces que acudir a votar practicando el derecho a la protesta, pues si la voluntad expresada no es reconocida, la misma Constitución (artículo 68) le da al soberano el derecho a la protesta pacífica pero masiva para que de esta manera su voluntad sea expresada y reconocida.

Basta de utilizar las elecciones para simular que existe democracia cuando lo importante no solo es acudir a votar ese día, sino que el árbitro reconozca y proclame la voluntad popular que se expresó. Esta voluntad se expresa en las urnas o se expresa en las calles porque el único soberano que reconocemos es el pueblo venezolano.

 

*Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB

alenri@gmail.com