• Caracas (Venezuela)

Valentín Arenas Amigó

Al instante

Amanece en Venezuela

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Después de vivir durante mas de quince años el intento de imponer una dictadura comunista copiando el modelo de Castro, el vil asesinato del diputado Robert Serra cierra el ciclo de odio social con esta víctima tan joven, cuya muerte termina esta pesadilla que hemos vivido por igual quienes simpatizan con el régimen como quienes lo rechazamos y cuyas víctimas fueron creciendo sin detenerse. Inseguridad indetenible.

El venezolano es fraterno, respeta el ser humano, y por eso la práctica del odio entre hermanos tuvo, tiene y tendrá siempre un rechazo automático y profundo. Podrá ser impuesto transitoriamente a la fuerza para conservar el poder, pero jamás se mantendrá, porque el rechazo nace de lo más profundo del ser venezolano. Por esto el sector del país que un día fue envenado por el régimen y aquel otro que nunca lo fue, se unieron en un solo bloque de rechazo e indignación contra aquellos que utilizaron a un ser humano y su compañera para asesinarlos con “ensañamiento y alevosía”.

Así se impone el comunismo a los pueblos víctimas de la injusticia social y después no superan la miseria, sino que la utilizan para permanecer en el poder y participar también de la “droga del dinero” sin que le preocupe para nada superar la pobreza, sino hacerse ellos ricos también en el menor tiempo posible. De esta manera repiten la misma drogadicción a la riqueza que padece el capitalismo liberal. Es el mismo perro pero con un collar diferente, porque ni el uno ni el otro respetan los valores humanos, propios de un ser que tiene una dignidad por ser hijo de Dios. Ambos sistemas, de filosofía materialista, tratan al hombre como un objeto que puede manipularse, con la riqueza o con el poder, para tener cada vez más dinero. El dinero pasa a convertirse así en una droga. Parecerá esto monstruoso pero la realidad no solo lo confirma sino que lo proclama.

La confrontación social ya llegó al régimen cuando los colectivos se enfrentaron al Cicpc anunciando la muerte de la revolución. Son muchas las señales, pero este enfrentamiento y el asesinato de Serra son demasiado elocuentes. Queda demostrado así que el odio destruye pero no construye. Por eso el comunismo es un mensaje.

Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB

alenri@gmail.com