• Caracas (Venezuela)

Valentín Arenas

Al instante

Peligro de un diagnóstico errado

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Para conservar la salud un diagnóstico correcto es lo primero. No se puede curar con aspirina un cáncer porque el paciente perderá la vida. Lo mismo sucede cuando se trata como democracia a un régimen autocrático. En Venezuela tenemos ya 17 años tratando de salir de una autocracia comunista, bautizada como democracia participativa, que era el mejor disfraz porque el país vivió en democracia durante 40 años y se acostumbró a que le respetaran sus derechos humanos y libertades. Esto creó una cultura democrática atropellada, pero vigente.

Durante estos 17 años se celebraron muchas elecciones con un CNE controlado y siempre ganaba el régimen y así, con el ejercicio electoral propio de cualquier democracia auténtica, se mantuvo en el poder lo que siempre fue una autocracia manejada a través de poderes públicos sometidos pues todos constituyen una dependencia evidente del único poder real: el autócrata o dictador.

Mantener esta falsa estructura fue siempre difícil porque era algo falso, pero la situación empeoró al morir Chávez, más hábil para mantener como democracia participativa lo que siempre fue una dictadura manejada por un solo ciudadano que intentaba copiarse de Fidel Castro.

Las recientes elecciones parlamentarias le enviaron a Venezuela, y al mundo, un doble y elocuente mensaje que dejó bien claro la vigencia de la cultura democrática de este pueblo y su decisión de regresar, cuanto antes, al sistema de gobierno en que queremos vivir todos en este país. Nadie quiere aquí una dictadura aunque sea disfrazada de democracia participativa. El pasado 6 de diciembre fue el soberano el que se expresó y con sus votos masivamente dijo lo que quiere para Venezuela. Democracia SÍ y dictadura NO. Después de que el pueblo, el único soberano, se manifestó a favor del sistema político democrático y lo hizo con una mayoría abrumadora, no queda más salida que poner a funcionar la democracia y a través de ella ejercer en el país los gobiernos nacional, provincial y municipal. La selección debe hacerla el pueblo y no un régimen objetivo político personalista.

Lo preferible es que el regreso a la democracia se haga por la vía electoral, pero esto no significa que si esta vía fuera obstruida por tracalería o cualquier otro motivo el soberano tenga que cruzarse de brazos y soportar un gobierno que no eligió y, por lo tanto, le fue impuesto.


La historia reciente de Venezuela ilustra sobre cuál es el camino a seguir. Si la urna electoral no es solución confiable, manifestar la voluntad popular en la calle de manera pacífica es otra manera de hacerlo. Acaso no fue esto lo que sucedió en el año 2002 cuando un pueblo, burlado en las elecciones, decidió manifestar su voluntad o descontento reuniendo a cientos de miles de personas frente al Palacio de Miraflores para respaldar e interpretar al pueblo que quería un cambio y entonces se “le solicitó la renuncia la cual aceptó”. Sin hacer resistencia aceptó la renuncia solicitada y se fue a La Orchila, rumbo a La Habana. Todo en paz. Todo tranquilo. Lucas Rincón expresó lo que el soberano quería y Hugo lo aceptó. Si esto sucedió cuando Hugo Chávez era el líder único, ¿por qué no repetirlo con Maduro cuyo liderazgo y popularidad es mucho menor siempre que el pueblo exprese su voluntad en las calles de manera pacífica, conforme a la Constitución de la República? La violencia sangrienta destruye el mensaje, pero la protesta pacífica es también una forma de expresar la voluntad popular.

Resumiendo: urnas limpias o calle pacífica convertida en una gran urna, pero que sea siempre el soberano el que se exprese por un cambio.

alenri@gmail.com