• Caracas (Venezuela)

Uta Thofern

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Más que una metáfora desafortunada

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Pensé que se trataba de propaganda antibolivariana. Después de todo, los enemigos del socialismo no siempre son pulcros en sus métodos. Pero el video que circula por Internet no es una falsificación: en efecto, durante un congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela, una activista dedicó a Hugo Chávez una versión modificada del Padre Nuestro, alterando el texto de la oración. Incluso el “¡Viva Chávez!” gritado por muchos cientos de personas tras el “amén” es auténtico. ¿Algo para reír, o para llorar? Yo había decidido encoger los hombros, y olvidar. Pero el episodio no paró allí.

La Iglesia católica de Venezuela estaba en todo su derecho de quejarse y pedir respeto a la oración central de todos los católicos. Lo que nadie esperaba, por lo menos desde una perspectiva racional, fue la reacción del nuevo presidente venezolano, Nicolás Maduro. Lógicamente, el mandatario no iba a dejar desamparada a la “compañera” que modificó el rezo. Pero comparar la obra de ésta con la del Premio Nobel Pablo Neruda, o acusar a los cardenales de llevar a cabo una inquisición, fue ir demasiado lejos. Incluso los medios oficiales propagaron una defensa de la oración alterada, diciendo que se trataba de una “corrección necesaria ante las distorsiones de la oposición derechista”.

 

Irracionalidad que no causa risa

Este grado de irracionalidad me causa temor, porque en Venezuela ya nadie se ríe de él. Cuando Maduro afirmó durante la campaña presidencial que Chávez, en forma de un pajarillo, le había servido de inspiración, uno podría haberlo tomado como una metáfora desafortunada. Pero ya en aquel entonces, Maduro habló de Chávez como un “líder que encarna todos los valores de Cristo”.

A Cristo entre tanto nadie lo necesita en Venezuela, puesto que el fallecido Chávez basta para la exaltación religiosa. El movimiento bolivariano parece dejar de ser un movimiento político en aras de convertirse en una secta con el fanatismo, la incapacidad de debatir y, naturalmente, la proclividad al aislamiento y las teorías de conspiración que distinguen a dichos grupos. Cada vez que algo sale mal en Venezuela, es responsabilidad de maniobras enemigas, ya sea de la oposición o del capitalismo extranjero.

 

Ideología como psicosis colectiva

Es suficientemente digno de temor que los opositores políticos sean vistos como enemigos. Pero cuando una ideología se presenta a sí misma como la única doctrina verdadera, la crítica se transforma en herejía, y un posible cambio de gobierno, en apocalipsis. Todo esto ya nada tiene que ver con la democracia.

A mí, como alemana, lo que más me asusta es la sospecha de que en Venezuela se trata de crear una psicosis colectiva fríamente premeditada. De que Maduro no es un creyente ingenuo que intenta compensar su falta de carisma exaltando a Hugo Chávez, sino que la dirigencia bolivariana utiliza conscientemente símbolos religiosos y los instrumentaliza, abusando de las necesidades espirituales de las personas. Son elementos que en Alemania siempre acompañaron a las dictaduras.