• Caracas (Venezuela)

Tulio Hernández

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El método Fujicapone

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1. No importa con cuánta diplomacia se hubiese comportado la bancada democrática en el inicio de sus funciones, el resultado final hubiese sido el mismo. Nada se hubiese alterado si Henry Ramos Allup, como un rey mago, llegaba al acto de instalación de la nueva Asamblea Nacional ofreciendo presentes a los jefes rojos. Una corbata para Carreño. Un fular para Flores. Un mazo de alabastro para Cabello. Lo mismo si al final de la sesión Julio Borges invita a la bancada roja a depositar a cuatro manos una ofrenda floral ante las imágenes de su comandante eterno. Diosdado Cabello se hubiese declarado en rebeldía denunciando que se trataba de un intento de soborno. Carreño subiría atropelladamente al presidio calificando la invitación de Borges como un ardid para apropiarse de un símbolo sagrado. Y Maduro, en cadena nacional, amenazaría con volverse loco y convocar al pueblo armado a impedir que las “cochinas” flores del imperialismo y la oligarquía mancillaran la pureza del hijo predilecto del Libertador.

2. Porque lo que está en juego, desde mucho antes de la realización de las elecciones del 6-D, cuando la cúpula militar-cívico que controla el país tomó conciencia de su inminente derrota, es la aplicación del mismo guión que desde hace poco más de una década ejecuta el oficialismo cada vez que sufre una derrota electoral. Lo llamaremos de ahora en adelante el “método Fujicapone”, una técnica de gobierno que consiste en actuar de manera explícita e intencionalmente delictiva pero intentando mantener al máximo y por el mayor tiempo posible la sensación de legalidad. Una suma de los aportes del ítalo de Brooklyn y el nipón de Lima. Chávez era un maestro en la aplicación del método. Reconoció el triunfo aplastante de Antonio Ledezma sobre Aristóbulo Istúriz, pero convirtió a la Alcaldía Metropolitana en un cascarón casi vacío, le arrebató su sede y propiedades, más buena parte de sus competencias. Creó por decreto un gobierno paralelo nombrado a dedo desde el trono de Miraflores. Maduro cerró el círculo secuestrando al alcalde con un comando armado y enviándolo a prisión hasta el día de hoy. Reconoció también el triunfo de Henrique Capriles sobre Elías Jaua, el homófobo ejemplar, pero le creo al perdedor otro aparato de gobierno paralelo que recibía tantos o más recursos del gobierno central que la propia gobernación.

Aceptó los triunfos renovados de Leopoldo López en la Alcaldía de Chacao, pero terminó inhabilitándolo políticamente por 12 años a través de un contralor apellidado Russián. Maduro entró en escena y ahora Leopoldo, desde febrero de 2014, es otro preso de conciencia privado de sus derechos.

3. No había, por tanto, que esperar un actuar diferente en el caso de la Asamblea Nacional. Cabello exhibió el plan en noviembre del 2015. “Si no obtenemos la mayoría en las elecciones de diciembre, aquí va a haber un conflicto de poderes”, declaró. El 15 de diciembre, ya recuperado del knock out fulminante del 6-D, Maduro lo ratifica. Lo dijo en público: “Esto no se va a quedar así, nosotros vamos a cambiar esta situación”. El 30 de diciembre la amenaza se hizo realidad, una sala del Tribunal Supremo, asestó un golpe directo a la voluntad popular impidiendo a tres legisladores electos asumir las curules para los que ya habían sido proclamados por el árbitro electoral.

4. Hay dos maneras de ir al matadero sin proceso legal. Aceptándolo sumisamente, a ver si en el camino, por bien portados, se logra el perdón. O, pataleando, protestando y denunciando el abuso, que si no te puede salvar la vida deja constancia histórica del abuso. Es, a mi juicio lo que bien viene haciendo la bancada mayoritaria.

En algún lugar lo leí y con gusto lo cito: “Nadie puede llegar a una cárcel de alta peligrosidad con un Manual de Carreño como guía”. Tampoco, agregaría Mandela que hizo las dos cosas bien, sin capacidad para negociar y replegarse cuando sea necesario.

Al final Capone se descuidó con los impuestos y Fujimori paga una pena de 25 años en una cárcel peruana. También los métodos delictivos tienen fecha de vencimiento.