• Caracas (Venezuela)

Tulio Hernández

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Tulio Hernández

“Cuando digo como el sol del domingo”

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Escribo estas notas luego de asistir al sepelio del expresidente Ramón J. Velásquez. Fue un acto sencillo, austero y transparente. Como su vida. Por generosidad de sus hijos, que agradezco, me correspondió ser una de las personas encargadas de ofrecer palabras de despedida. Lo hice como un honor, el que significa decir adiós a uno de los hombres públicos más productivos, íntegros y apreciados de los siglos XX y XXI venezolano, y con un gran afecto, el que genera la gratitud de la amistad.

Comencé las palabras citando fragmentos de un texto suyo. “Cuando digo como el sol del domingo”, se titula. Un breve escrito que forma parte de un libro inédito de la escritora tachirense Leonor Peña, amiga y colaboradora de Velásquez. Un texto evocativo y poético que comienza diciendo: “El sol del día domingo es mi sol… el sol de San Cristóbal... el de los domingos de mi niñez... iluminados por la alegría… hablo de lo que significaba un domingo para el hombre de esa tierra... un día pintado de luz por la naturaleza, por Dios. Había más sol, campanas... gente con traje de domingo. Nos visitaban los amigos porque era domingo”. Y así, luego de una detallada descripción de los paseos dominicales con su padre, Ramón J. Velásquez termina diciendo: “Por eso cuando la visita de un amigo ilumina mi casa, cuando un regalo que viene del Táchira llega a mi casa, digo que llegó con luz del domingo”.

No cité este texto al azar. Lo hice porque “cuando un amigo ilumina mi casa” resume una de las cualidades mayores de este caballero tachirense, su altísima valoración de la amistad, su preocupación e interés permanente por los demás, su gusto inmenso por una buena conversación y su afecto y su generosidad sin límites, que lo convirtieron a juicio de muchos en uno de los venezolanos que ha tenido más amigos.

Además de la amistad, cinco son las vocaciones que de manera armónica, como un tejido, entrelazadas una a la otra, sin jerarquías, marcaron la vida y obra de Velásquez. Primero, el país y su destino político. Segundo, el estudio de la historia. Tercero, la memoria y la construcción de instituciones. Cuarto, el periodismo. Y quinto, la vocación de maestro.

Más que un político o un servidor público, que lo fue, Ramón Velásquez hizo del país, de su destino y de la democracia, su gran pasión. En su vida, destino individual y destino colectivo se fundían sin distancia alguna. Fue testigo y protagonista, al mismo tiempo que cronista y analista de las grandes transformaciones que a partir de la muerte de Gómez condujeron a la aparición de los partidos políticos modernos y luego a la democracia. Y en ese proceso le correspondió ejercer desde el oficio de ministro y senador, hasta el de Presidente de emergencia y capitán encargado del llevar a puerto seguro el barco herido de la democracia.

Fue un intelectual muy productivo, pero no un académico en el sentido convencional del término, sino un autor entregado a la interpretación histórica del país siempre a la luz de la acción política. Dos de sus obras, La caída del liberalismo amarillo y Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez son referencia obligada al momento de entender el devenir nacional.
Convencido de la importancia de la memoria histórica entregó energía y años de su vida a concebir y organizar instituciones como el Archivo Histórico de Miraflores, la Fundación para el Rescate del Acervo Documental Venezolano, los colosales proyectos editoriales sobre el Pensamiento Político Venezolano o la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses.
 
Y, al principio como reportero, luego como director de diarios, y al final ejerciendo la opinión, hizo del periodismo un instrumento de su otra gran pasión: enseñar y explicar. Porque en el fondo, como sus padres, era un gran maestro. En el sentido más noble del término. Un educador en acción permanente.

Mientras veía como se alejaba el carro fúnebre con sus restos suspendí la tristeza al percatarme que hacía un día muy soleado y luminoso. Como uno de esos domingos de su infancia. Como la visita de un amigo.