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La vida de mentes excepcionales

Los niños y jóvenes son "consumidores" de dispositivos digitales más que "creadores" / Foto vía El Comercio

Foto vía El Comercio

Tienen un coeficiente intelectual superior al resto. A cortas edades, pueden sentirse orgullosos de logros como el descubrimiento de un asteroide o el desarrollo de un lenguaje informático. Solo 2% de la población del mundo posee esas cualidades y estos venezolanos comparten esa feliz coincidencia. Un programa llamado Órbita CI-130, de la Fundación Motores por la Paz, brinda apoyo a estos jóvenes que se destacan por sus capacidades intelectuales

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Pasión por los astros

A los 10 años de edad, David Oviedo dio su primera conferencia sobre calentamiento global. Su madre, Nancy Oviedo, asegura haber estado más nerviosa que el niño ante los más de 300 asistentes. Su afición por la astronomía comenzó apenas a los 6 años, cuando en una librería pidió que le compraran un libro sobre el tema. Su interés se afianzó al tener que construir un sistema solar en 4° grado. No se conformó con las pequeñas bolas de anime con las que se suelen representar a los planetas: él hizo que realmente giraran en su trabajo. “Mi hijo no es diferente. En una ocasión me preguntó por qué era distinto y yo le respondí algo que lo tranquilizó: ‘Tienes un don que Dios te dio, algunos los tienen, otros no”, asegura su madre.

Oviedo ha participado en siete de las campañas de detección de asteroides que realiza la Universidad Hardin-Simmons, en Estados Unidos, para aficionados de todo el mundo. En 2012 se dio a conocer en su natal Barquisimeto al descubrir desde su computador un asteroide al que denominó RCA 0001, por las iniciales de su colegio Rosa y Carolina Agazzi. El hallazgo fue confirmado por expertos en Sídney, Australia, quienes denominaron provisionalmente al objeto como 2012 XT154.

A sus 15 años es miembro de la Asociación Larense de Astronomía y desde los 7 años colabora con la Red Larense de Astronomía, un boletín de publicación semanal, reconocido por la Liga Iberoamericana de Astronomía. El joven no duda en compartir su experticia. “Una de mis metas es divulgar y transferir todo el conocimiento, ser un multiplicador y darlo a otras personas”. Su cuenta en Twitter, @DavidOviedo_99,  se ha convertido en otro medio para publicar información sobre el tema.

Mientras espera este año por su título de bachiller, obtenido mediante la aceleración académica a través del Ministerio de Educación, participa en el proyecto Tayabeixo, para la construcción de un observatorio en Barquisimeto. A corto plazo comenzará a estudiar Física.  

 

Un chico prodigio

El caso de Miguel Alejandro Ramírez fue uno de los primeros en captar la atención de la Fundación Motores por la Paz mediante el programa Órbita CI-130. Rodríguez sobresalió desde su infancia. “Llegábamos del trabajo y nos llamaba la atención que él hablara de temas muy técnicos y complejos para su edad. Comentaba de las rocas y su formación, por ejemplo. En primer grado le pidieron hacer un dibujo libre y mientras sus compañeros pintaban carritos o flores, él mostraba un mapamundi con algunos países y ríos”, recuerda su madre, Doris Rodríguez.

A los 11 años de edad, expertos de la Universidad de los Andes le aseguraron que estaba listo para los estudios superiores. Su coeficiente intelectual fue evaluado en 140 en la escala Wechsler, un número que no siempre facilitó la búsqueda de ayuda, asegura su progenitora.

Dos años después recibió el título de bachiller y a los 14 años ingresó a la ULA,  donde actualmente, a los 16 años, cursa cuarto semestre de Química. El año pasado obtuvo más de 19,5 puntos de promedio, el mejor de esa universidad. Su deseo, una vez termine la carrera, es cursar un posgrado de Bioquímica Celular en el exterior. “Admiro mucho su madurez y humildad. Es de los que termina de primero sus pruebas, pero entrega de último para ser solidario con los compañeros. En la universidad lo quieren mucho”.

 

Una viola especial

El baño de la casa es el laboratorio de Flormari Camellón, quien acaba de cumplir los ocho años. Allí pasa mucho de su tiempo entre mezclas, midiendo el agua, haciendo espumas, probando colores. También le gusta completar sudokus, armar rompecabezas e ir a la biblioteca.

Cuando tenía cinco meses, su madre, Florinda Infante, le dio una galleta, a lo que ella respondió: “Gracias”, una palabra que aunque no era común en los niños de su edad, su mamá pasó por alto, al igual que su costumbre de leer los ingredientes en el reverso de las golosinas. Ya los médicos habían advertido algo poco usual: con apenas 15 días de nacida, tenía movimientos de un niño de tres meses. A los dos años y medio comenzó a asistir como oyente al preescolar, pero al año siguiente era una alumna regular. “En primer nivel de primaria me pidieron no adelantarla, pues pensaban que yo le impartía lecciones. Sentía mucha impotencia al no responder tantas interrogantes, al carecer de las herramientas para ayudarla”, asegura.

Fueron bastantes las puertas que tocó en busca de respuestas; algunas nunca se abrieron. Luego de un largo andar, contactó el programa Órbita CI-130 de la Fundación Motores por la Paz, donde asegura haber encontrado una guía para entender a su pequeña y atender mejor sus necesidades, pese a sus pocos recursos económicos. Las evaluaciones de los expertos tanto del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas como de la Universidad Metropolitana revelaron un coeficiente intelectual de entre 117 y 132 en la escala Wechsler y que es tres años más madura que un niño de su edad.

Aunque su madre quiso que practicara la danza, sus maestras insistieron en su potencial para la música. Con apenas 5 años asistió como oyente al grupo de coros del Sistema Nacional de Orquestas, con el que 15 días después tuvo su primer concierto. El mismo año ingresó al Sistema para tocar la viola, instrumento que prefiere antes que el violín. Este año también comenzó en el Conservatorio Juan José Landaeta.  Camellón se ve como una futura médica, en su afán de querer ayudar a quienes lo necesitan. Sueña también con tocar la viola junto con el director Gustavo Dudamel.

 

Una mano amiga

En 2010 surgió en Venezuela el programa Órbita CI-130 de la Fundación Motores por la Paz, con el fin de apoyar a las personas con coeficiente intelectual igual o superior a los 130 puntos en la escala Wechsler. El proyecto, dirigido por el profesor Jorge Portilla y Gerardo García, fomenta el respeto por las diversidades, el talento superior y la pasión por el estudio. La detección de una mente prodigio se hace a través de un diagnóstico preliminar a través del test de Raven y, posteriormente, la prueba WISC (Wechsler Intelligence Scale for Childen), que evalúa, entre otros, los índices para la comprensión verbal, razonamiento perceptivo, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento.  Parte del trabajo es la asesoría tanto para padres como para allegados a personas superdotadas.

 

Un pequeño informático

A los dos años de edad, Alejandro Linárez comenzó a deletrear las placas de los carros y los empaques de productos en su casa, como la mantequilla. “Esto no lo hacen todos los niños”, pensaba su madre Maryluc Rangel.  Caracterizado por ser autodidacta, el mayor de tres hermanos mostró interés por aprender sobre informática. Tanto insistió en eso que su padre, experto en el área, le propuso enseñarle luego de que leyera un libro. Para sorpresa de ambos, el pequeño concluyó la lectura, aunque el manual estaba en inglés, un idioma que no domina.

Asistir al liceo no era su actividad favorita, pues prefería pasar tiempo frente al computador. Un día exclamó: “¡Listo, ya terminé!”. Su madre, que no entendía, consultó a su esposo, que al revisar en el computador se percató de que su hijo, de apenas 11 años,  había creado un lenguaje de programación en español con la idea de que más personas pudieran trabajar la informática, sin la limitante del inglés.

En su habitación se destacan los legos de diferentes tamaños, a los que cuida celosamente. También posee una computadora y una Canaimita, con la que anda “para arriba y para abajo”, relata su mamá. Los libros, sobre cualquier tema, son infaltables.

Actualmente, recibe tutorías para terminar la secundaria este 2015. A sus 13 años, desea estudiar Neurociencia. No le gusta la Medicina, por lo que se decantó por Biología, pero antes planifica cursar Ingeniería Informática y Electrónica en un centro más cercano a su natal Acarigua. “Nos hemos concentrado en que queme sus etapas, que haga cosas de chicos de su edad, juegue, monte bicicleta, que viva sus experiencias y venza el miedo”, agrega su progenitora.

 

Sin  etiquetas

Ni nerds, ni genios, ni personas de otro planeta. La inclusión de los niños y jóvenes con alto coeficiente intelectual es una de las principales banderas que iza la Fundación Motores por la Paz y su programa Órbita CI-130, así como una mayor calidad educativa para ellos. Este año se propone el trabajo conjunto con más de 60 colegios en el país, con el propósito de sensibilizar a los docentes, además de proporcionarles herramientas para la detección y atención adecuada para ellos. Se les puede contactar por el correo info@fundacionmotoresporlapaz.org.ve y @OrbitaCI-130 en Twitter.

 

Algunas señales

La superdotación es una cualidad de nacimiento que comparte cerca de 2% de la población mundial. Las habilidades tempranas en el manejo de números, reconocimiento de colores y la lectura no silábica son algunas de las señales de una mente prodigio. Estas personas, por lo general, tienen habilidades para el área científica, las matemáticas o la biología, y usualmente para varias de ellas de manera simultánea, explica Gerardo García, coordinador del programa. Los superdotados suelen aprender antes de lo habitual a jugar juegos que poseen reglas, incluso incorporan espontáneamente aspectos académicos.