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Cómo tomar decisiones complejas

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Cuando el ambiente presenta cambios de manera permanente, enfrentarse a lo incierto puede suponer elecciones radicales. He aquí una guía para afrontarlas con propiedad

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Toda crisis implica tomar decisiones. ¿A qué aferrarse y de qué desprenderse? ¿En qué invertir el dinero y las energías? ¿Quedarse o mudarse? ¿Tener hijos ahora o dejarlos para después? ¿Prolongar una relación turbulenta o pasar la página? “Lo que más complica una decisión es cómo se relacionan entre sí las opciones disponibles para resolverla”, explica la filósofa Ruth Chang en su charla Cómo Tomar Decisiones Difíciles, en TED.com. “En una elección sencilla, hay una opción que es claramente la mejor, pero en una difícil ninguna es superior en un sentido absoluto. Podemos agonizar sobre quedarnos en nuestro actual empleo o mudarnos de ciudad para trabajar en otro sitio, por ejemplo, porque quedarse es muy conveniente en algunos aspectos y mudarse es más ventajoso en otros, pero ninguna de las dos es una opción ‘superior’ a la otra”.

En lugar de torturarse o sentirse inepto por no poder predecir el resultado soñado, Chang agrega que —más allá de catalogar opciones como mejores, regulares o peores— hace falta reconocer una cuarta situación. “A mí me gusta llamarla ‘alternativas a la par’: es cuando ambas están en la misma liga de valor, pero a la vez son muy diferentes en el tipo de valor que aportan. Por eso es tan difícil elegir”. La filósofa añade que al enfrentar estos dilemas, no tiene caso darse cabezazos contra la pared tratando de descubrir qué conviene más, sino qué se adapta mejor a nosotros.

Salir de la encrucijada. La psicóloga clínica Maripili Golpe señala que hay herramientas que ayudan a decidirse con mayor confianza. La básica es definir el problema y determinar las variables en juego. “Hacer una lista de pros y contras de cada opción permite hacerse una visión integral”, señala. También pueden hacerse ejercicios de visualización sobre cómo nos sentiríamos luego de elegir una opción concreta con sus consecuencias. “Imaginemos que renuncié a mi trabajo hace una semana. ¿Me siento entusiasmado? ¿Me siento arrepentido?”, ilustra Golpe. “No solo influye lo racional, sino con qué nos sentimos identificados, cuáles son nuestros valores, qué es importante para cada cual. Por eso es fundamental conocernos y estar en contacto con nuestras necesidades e intereses, para saber diferenciar nuestras expectativas de las de los demás. A lo mejor todos consideran que tengo el mejor trabajo del mundo y opinan que debo seguir ahí, pero si yo estoy clara en que ya no lo soporto o nunca me gustó, ahí está parte de la respuesta. También puedo considerar cuáles han sido, históricamente, los mecanismos que suelen ayudarme a tomar buenas decisiones”.

¿Qué hacer si alguien nos pide asesoría o consejo para decidir algo importante? Golpe sugiere que, en lugar de ofrecer respuestas concretas, lo mejor que puede hacerse es ayudar a analizar la situación y formularle a ese individuo preguntas abiertas que le permitan identificar cómo se siente y por qué. “Hay que entender y respetar que las decisiones importantes suelen ser algo muy personal”.

Ruth Chang opina que, en lugar de ser fuentes de ansiedad, las elecciones difíciles son oportunidades invaluables para entender que a veces los motivos que rigen nuestras decisiones como correctas o incorrectas pueden agotarse y que también existe el poder de crear razones propias en función de lo que queremos ser. La compasión consigo mismo también ayuda a afrontar posibles reveses, sobre todo si se parte de la idea de que cada uno eligió en función de lo que consideró más acertado en un momento dado. “Cada decisión implica un riesgo y tenemos que saber aceptar eso. No podemos ganarlas todas”, señala Golpe. “Aun si el resultado no es el que esperábamos, podemos tomarlo como un aprendizaje para decisiones futuras”.