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El tenaz Ismael

Ismael Cala

Ismael Cala

Su empeño fue el motor que le hizo escalar hasta tener el programa con más rating de CNN en Español, y ahora está dispuesto a compartir su historia en un libro

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El 8 de septiembre de 1969, en medio de las festividades que rodean a la figura venerada de la Virgen de la Caridad del Cobre, también llamada "Cachita" de cariño y Oshun por los creyentes de la religión yoruba, nacía un niño bendecido por la deidad más importante de Cuba. Los fieles adoraban a su patrona desde la Basílica que lleva su nombre en Santiago de Cuba, y a poca distancia la madre de Ismael Cala lo paría. 43 años después, el periodista más seguido por la audiencia de CNN en Español, es ciudadano canadiense y dice que no volverá a Cuba, aunque su devoción por la Virgen se mantenga intacta.

Confeso discípulo del modelo comunicacional de la estadounidense Oprah Winfrey, su programa diario, Cala, lo ha catapultado al estrellato, hasta tal punto que a menudo le toca ocupar el papel de entrevistado.


Nace una estrella.
El nuevo estado de "celebridad" de Cala no es situación fortuita, pues desde que CNN en Español cumplió 13 años, Cynthia Hudson Fernández, su directora general, creyó importante que los presentadores y reporteros fueran personalidades notorias que generaran identificación con la audiencia. Así, se creó el eslogan "Vive la noticia", y el programa Cala transmitido desde los estudios nuevos de Miami sería una de las nuevas ­y más exitosas­ adquisiciones.

"No puedo hacer ninguna actividad aparte o cumplir con algún evento si no lo autoriza CNN antes", explica con acento neutral y una perfecta dicción, cualidades típicas de los periodistas de cadenas internacionales. Lo dice a propósito de su participación en el Miss Venezuela por dos ediciones consecutivas; la primera como jurado y la segunda como moderador del climático momento de las preguntas. Luego de su estadía en el país, debía regresar a Miami para firmar un nuevo contrato con el canal de noticias, pero la tormenta Isaac clausuró los aeropuertos y le tocó hacerlo desde su habitación de hotel en Caracas. "Será hasta diciembre de 2014. Me pareció una buena señal que lo haya firmado en Venezuela", dice, y al rato suelta el motivo de su agradecimiento: los venezolanos son la audiencia que más ve su programa.

Cuando tan solo era un niño de ocho años que vivía en Santiago de Cuba, su destino como comunicador social se marcó con una prueba vocacional en una emisora de radio provincial, que terminó en una invitación a las clases de lingüística, locución y efectos de sonido que impartían allí.

La aprobación de su madre le valió para que luego hiciera televisión a los 15 años y de adulto se mudara a La Habana, desde donde animó un programa de juegos llamado ¿Quién sabe?, y fuera la figura de De 5 a 7, un programa estelar de Radio Taíno, la emisora más popular de La Habana.

La llegada de un programa con formato de entrevistas de perfil y de aparición diaria era sólo cuestión de tiempo en la vida de Cala. Luego de acumular un trabajo de más de 20 años de trayectoria frente a las cámaras, es poseedor de una veteranía que le permite extraer intimidades de personajes tan disímiles como la ex presidenta Michelle Bachelet y el cantante Pitbull, además de llevar el tren que implica producir un programa diario, así sea un trabajo de equipo. El récord de audiencia ha generado que le lluevan las peticiones de empresarios, artistas y políticos ansiosos por una entrevista con el cubano, que parece ser el presentador del momento. Pero para llegar hasta ahí, tuvo que conquistar quimeras nada sencillas.

Otro que se va

Tenía 28 años cuando vio la oportunidad asomarse: lo invitaban a animar un festival en Toronto, Canadá, y sería la primera vez que saldría de Cuba. "Mentí y dije que sabía hablar inglés para ir. Cuando llegué, me di cuenta de cómo vivía el resto del mundo y decidí empezar de nuevo allí", cuenta quien juró por la reina de Inglaterra al convertirse, años después, en ciudadano canadiense.

"Defiendo a ese país como proyecto de pacifismo, socialismo e inclusión", apunta sin arrepentimiento. Dormir en la alfombra de un amigo por varios meses y buscar comida en la seguridad social fueron rutinas de su nueva vida en Canadá, pero al poco tiempo pudo retomar su profesión hasta forjar una carrera en Estados Unidos.

Su madre luego se iría a vivir a Miami, pero el resto de su familia permanece en Cuba. "En 2002 viajé a La Habana para visitar a mi padre antes de morir y no me dejaron entrar porque supuestamente mi residencia canadiense estaba vencida.

Tuve que regresar en el mismo avión en el que llegué, y esa fue una humillación por la que no volveré a pasar", dice. Este episodio amargo es parte de lo que quiere contar en su libro, que también incluirá las historias de una enfermedad genética padecida por varios miembros de su familia: la esquizofrenia. "Mi abuelo se suicidó y mi padre tuvo que estar recluido en un centro.

Es difícil, pero quiero hablar de que es posible romper esa cadena generacional de enfermedades mentales". Aunque no la padece, Cala experimentó los síntomas cuando era un niño, y dice haberlo superado con poder mental. Una sonrisa constante y un verbo encantador son la prueba de su determinación.

De Venezuela

Cala es visto en Estados Unidos como la representación más clara de lo latinoamericano, pero paradójicamente es el continente que menos conoce. Sus visitas a Venezuela le han dejado buena impresión.

"Además de la belleza geográfi ca que tiene y pude constatar, la gente es transparente y muestra sus afectos sin temores; es cálida, hospitalaria y comparte lo que tiene", cuenta quien recibe a más invitados venezolanos en su programa que de cualquier otra nacionalidad.