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Yo no sigo siendo aquel

Hoy en día, cuando me cruzo con alguna foto del Eli Bravo que fui le doy las gracias por el viaje - Alejandro Ovalles

Hoy en día, cuando me cruzo con alguna foto del Eli Bravo que fui le doy las gracias por el viaje - Alejandro Ovalles

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Hay un halago que recibo con cierta frecuencia y agradezco de corazón: "Te escuchaba todas las mañanas cuando iba a la universidad". Este regalo me lo entregan algunos venezolanos al conocernos y seguidamente me hablan de los años como oyentes de mis programas radiales.

Últimamente el regalo llega de personas muy jóvenes, así que el yo cambia por mi mamá o por mi abuela. Cada una de esas muestras de aprecio me dibuja una sonrisa y me recuerda las ondas que dejamos al pasar, es decir, las huellas que marcan nuestras palabras y acciones y que nunca sabemos cuán lejos llegarán.

Pero hay un detalle que no paso por alto y no traigo a la conversación para evitar enredos: Yo ya no soy aquella persona.

A ver, me explico: yo fui aquel Eli Bravo y, para efectos legales y prácticos, sigo siendo Eli Bravo. Pero hoy cuando escribo no soy el mismo que cuando tenía veinticuatro años; la verdad es que, afortunadamente, he cambiado, y si bien le tengo un gran aprecio y agradecimiento a quien fui en el pasado (a fin de cuentas, gracias a él estoy aquí), procuro ser consciente de que todo cambia todo el tiempo. Esto incluye el cuerpo, la mente y la identidad.

Sobre el cuerpo no necesito elaborar mucho, ya el espejo se encarga de reflejarlo. En cuanto a la mente, tampoco el tiempo pasa en vano: años de aprendizaje, golpes y alegrías nos hacen pensar y actuar de manera distinta, ojalá, de forma más amorosa y compasiva. Todo esto incide en la identidad o en la forma como nos identificamos hacia los demás y con nosotros mismos, porque aquí también hay una mudanza constante. Darse cuenta de ese cambio y soltar a tiempo lo que fuimos nos permite crecer.

Definir una identidad es importante porque nos ayuda a operar en el mundo material, pero con facilidad nos apegamos a la que hemos construido, bien sea profesional, pública o personal. "Yo soy el estudiante popular", "Yo soy la empresaria exitosa", "Yo soy el famoso gerente", o cualquier otra etiqueta que uses para definirte, pueden ser reales en un momento de la vida; pero no necesariamente será siempre así. Existen ciclos, cambios e imprevistos que te llevan a lugares donde esa etiqueta no aplica. Entonces es momento de saber cambiar, porque si pretendes aferrarte a la identidad del pasado, lo más probable es que estés abriendo una puerta hacia el sufrimiento.

Esto resulta evidente en muchos inmigrantes (te lo digo por experiencia propia). Enfrentados a un nuevo país, otra cultura y un futuro incierto, los inmigrantes buscamos refugio en la identidad que construimos en nuestro país natal. Eso es algo natural, a fin de cuentas nos aporta seguridad y cierto alivio. Pero si nos mantenemos aferrados a esa identidad y no somos capaces de cambiar y construir una nueva, muy probablemente entremos en un callejón sin salida. Para salir de allí el camino es reconocer y aceptar el proceso de cambio y, sobre todo, entender que a las mudanzas físicas deben seguirles las mudanzas mentales y del alma. Por ello emigrar es tan complejo. Pocas experiencias te sacuden, transforman y enseñan tanto como hacer una nueva vida en un nuevo lugar.

Ver con claridad, sabiduría y amabilidad ese cambio permite conectar con la realidad presente de una forma más fluida, porque en lugar de querer vivir con las etiquetas del pasado, aprovechamos nuestros talentos y aprendizajes adquiridos para construir una vida anclada en lo que experimentamos ahora. De esta forma ofrecemos menor resistencia al cambio, pero sobre todo nos abrimos a las nuevas posibilidades.

Hoy en día, cuando me cruzo con alguna foto del Eli Bravo que fui le doy las gracias por el viaje, y a la vez abrazo al Eli Bravo que soy ahora. Pero especialmente reconozco que aquel y este, las identidades con las que nos movimos antes y lo hacemos ahora, son en todo caso una "etiqueta operativa", es decir, algo temporal y que no necesariamente tiene que ver con la verdadera esencia del ser. ¿Cuál es esa esencia? Se me acabó el espacio, así que será tema para otra columna. Por lo pronto, este Eli Bravo, el que escribe ahora, se despide hasta la próxima.