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Lo saludable puede ser rico

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Lo saludable puede ser rico

Se suele creer que comer sano es ajeno a disfrutar de buenos sabores. Lo cierto es que comer bien y gustosamente es posible de manera cotidiana. Atreverse a probar variedad, explorar distintas preparaciones, cocinar con diferentes vegetales, aprender a ser mesurados, son parte de los consejos para alimentarse con propiedad, sin sacrificar el sabor

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1. -El gusto en la diversidad

Muchos conocen la rutina. Apelan a su mejor dosis de determinación, comen ensalada durante una semana y descubren que el reto no solo es cuesta arriba, sino, también, inviable. Allí salta la primera consigna: comer de forma saludable y ligera no tendría por qué ser monótono e insípido. Todo lo contrario. “Comer es un placer y de los más importantes. Si se come lo mismo siempre es probable que mandes todo por la borda a la semana. Por eso las dietas estrictas no funcionan. El secreto es entender que la alimentación tiene que ser variada y equilibrada. Visitar un mercado, ver qué vegetales y frutas hay, atreverse a probar. Abrir la mente e intentar. Hay gente que ve la berenjena y dice: ‘No me gusta’, y la descarta cuando con ella puedes hacer crema, pasticho, mini-pizzas. Es importante entender que comer rico y saludable es posible. Es la única manera de mantener buenos hábitos en el tiempo: que te guste lo que comes; si no, puedes jurar que duras una semana. No creo en dietas, sino en comer saludablemente”, dice con convicción Samar Yorde, médico, cocinera por vocación y conocida en las redes como
@soysaludable. 

La chef Mercedes Oropeza lo ratifica con un ejemplo a la mano. “En el mundo gastronómico se vuelve a comer de verdad y sanamente. Ahora el vegetal se está robando el show”.  

 

 

2. -Cocinar es parte de la receta

“Mientras más comas en tu casa y menos en la calle, más saludable es”, asegura Yorde. ¿La razón? “En casa controlas las porciones, el aceite y la sal. En los restaurantes los platos suelen ser generosos y le agregan mucha grasa porque tiene alta palatabilidad. Si te comes un salmón, posiblemente lo frieron en mantequilla”. Toca entonces cocinar. Allí podrían ponerse sobre la mesa varias excusas. La falta de tiempo o de destreza. En ambos casos, hay maneras de conjurarlas. “Hay que tomar decisiones. Aprendes a cocinar o consigues quien te ayude con esa tarea”, afirma Yorde. 

En momentos en los que las recetas se comparten hasta por Twitter, no saber cocinar es un argumento que se puede desmontar. “Si no sabes cómo se prepara un plato, pregunta. Busca quien te enseñe, pero no pierdas el tiempo comiendo lo mismo porque no lo vas a aguantar. En las redes hay muchas personas que comparten recetas. Puedes hacer un curso de cocina básico para entender que se puede usar curry, hierbas aromáticas, mostaza, aceite, limón. Siempre se puede recurrir a amigos, abuelas, redes, libros y cursos de cocina para conseguir recetas”, completa. 

 

3. - El poder de los vegetales

Paso siguiente: desbaratar los prejuicios —si existieran—contra los vegetales y entender que las maneras de prepararlos son muchas y no se reducen a dejarlos sin sabor ni gusto tras horas de hervirlos sin clemencia. “El brócoli, por ejemplo, si lo blanqueas solo por tres minutos en agua hirviendo y lo sirves al dente acompañado de pasta de ajonjolí, limón y aceite de oliva, sabe divino. Hay que instruirse para saber qué combinar. Entender que no es lo mismo una berenjena grillada que sancochada. Yo las corto, las pongo al grill con calabacín y tomate, las intercalo con mozzarella de búfala, le agrego un poquito de aceite de oliva y orégano. Queda muy rico. A mi hijo le recuerda el sabor de la pizza”, comparte la chef  Mercedes Oropeza.

Todo parte de la firme conciencia de lo que se puede perder al no incluirlos como debe ser en la mesa. “En los vegetales y las frutas está el poder. Alargan la vida. Si alguien creció sin ese hábito, hay que buscar la manera de incorporarlo. En los vegetales está el poder antioxidante que combate los radicales libres. La gente invierte un dineral en suplementos cuando puedes tener esas vitaminas en la nevera”, completa Samar Yorde. 

 

4. - Aprovechar los granos

Los granos pueden ser buenos aliados del gusto y la diversidad. Solo habría que recordar que son muchas las formas de prepararlos. A veces, algunas tan sencillas que se obvian en la carrera cotidiana. “Hay unas lentejitas amarillas que se preparan rápido y fácil. Se hierven cinco minutos, se les agrega cebollita picada y una vinagreta con aceite de oliva y vinagre balsámico. También vainitas hervidas y cortaditas. Se logra una ensalada exquisita para la noche. Yo las ofrezco como entrada y es una ricura”, recuerda Xinia Camacho, quien ha hecho de su posada Xinia y Peter en Mérida un refugio de buena mesa. Su colega Mercedes Oropeza recuerda que un solo tipo de grano ofrece variedad por explorar. “Con las lentejas se puede hacer crema, preparar guisadas, incluso gratinadas con queso parmesano. Hay que ingeniarse con los sabores”.

 

5. -Posibilidad en crema

En las mesas venezolanas son habituales; sin embargo, es cierto que podrían ser más diversas para aprovechar, de forma apetecible, los vegetales. “Se pueden preparar cremitas de calabacín, brócoli, auyama, espinacas, apio. También combinadas: mitad auyama, mitad calabacín. Te permiten jugar con una variedad de vegetales que están allí y comerlos de manera distinta”, cuenta Oropeza.

 

6. -Superando la tiranía del pollo 

No hay razones para pensar que comer de forma saludable y ligera se reduce al consabido pollo a la plancha. Hay más preparaciones posibles y, sobre todo, otras proteínas. “Los pescados rojos se pueden preparar al vapor como la sardina, atún o inclusive en la sartén con un poquito de aceite de oliva, cebolla, ajo tostado y sal. El pavo se puede aderezar con mostaza que no tiene grasa, ajo, sal y pimienta. Se lleva al horno con pimentón, papas y queda muy rico”, comparte Xinia Camacho. 

El mismo pollo puede ser protagonista de platos distintos. “Se puede sancochar con verduras como célery, cebolla y se esmecha. Ya esa pechuga tiene sabor. Luego se mezcla con crema de jojoto natural. Se le agrega un toque de queso y se gratina. Así, vas creando. Es cierto que la plancha siempre va a aparecer, pero es posible variar. Un filete de curbina, por ejemplo, se puede rebozar con casabe, huevo y sofreír con muy poquito aceite”, ilustra Oropeza. 

 

7. -Menos es más

Hay un ingrediente esencial del que se debe echar mano cuando el propósito es comer más sano: la moderación. “La mesura es clave. Todo engorda menos el agua, la fibra y las vitaminas. No hay nada más saludable que los frutos secos, pero hay quienes se comen tres tazas al día, cuando una taza tiene aproximadamente 800 calorías. Por eso, todo se puede con moderación. Con respecto a la grasa, la mitad del pulgar debe ser la que se use para cocinar o para una ensalada. También hay que aprender a sustituir: el azúcar por endulzante y las grasas ‘malas’ por las ‘buenas’.  Buscar condimentos naturales, hierbas y especias. Bajar la sal. Es necesaria, pero es importante bajar el sodio a la mitad”, recomienda Yorde.

 

8. -La forma es clave

Censurar ingredientes y condenarlos al destierro no parece una receta sensata. “No hay alimentos buenos ni malos. Sí hay diferencias en la cantidad y manera de prepararlos. Una cosa es comerte una papa frita y rebozada; otra, prepararla al horno apenas pasadita por aceite de oliva con romero”, recuerda Yorde.

 

9. -La hora del postre

Si bien a la hora del dulce resulta muy tentador imaginar una generosa torta de profiteroles con helado, la sensatez, la salud y la economía enseñan que esos placeres son excepción y que hay otros para calmar el apetito por el dulce, con mejores consecuencias. “Frutas con yogur descremado y endulzante es un postre delicioso. También se pueden hacer gelatinas con jugos naturales y endulzante”, ilustra Xinia Camacho. En este punto hay que estar atentos a los espejismos. “Hay postres que contienen harina de almendra y dicen que son ligeros cuando esa harina tiene 800 calorías por taza. Si es para bajar de peso, no funciona”, recuerda Samar Yorde. 

 

 

 

 

 

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Nuestro gusto saludable

En los sabores propios hay un repertorio para servir la mesa con gusto y saludable diversidad. Don Armando Scannone recuerda siempre esa convicción. “La comida venezolana, cuando es variada, es nutricionalmente perfecta”. Así, se encargó de demostrar con su libro verde Mi cocina ligera a la manera de Caracas que esas recetas son viables para quienes desean comer saludablemente, con sabor y moderación. En ese libro se describen menús de 5 platos con aproximadamente 500 calorías. “Con cada uno quedas satisfecho, aunque no opíparamente lleno”, recuerda Scannone. Allí se demuestra cómo se pueden comer 6 deliciosas recetas en un almuerzo, sin excederse en grasas, azúcar o calorías. Nada se escatima: hay menús que incluyen pasta o asado negro. Crema de tomate al curry o bisqué de camarones. Todos, por cierto, incluyen postres.