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Cómo sacar lo mejor de las crisis

Cómo sacar lo mejor de las crisis / Mauricio Villahermosa

Cómo sacar lo mejor de las crisis / Mauricio Villahermosa

Dicen que lo que no mata fortalece y quien ha logrado superar episodios críticos en la vida sabe que esto es muy cierto. Acá se recogen recomendaciones de varios expertos para convertirse en personas más resistentes ante la adversidad e incluso salir fortalecidos de ella

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Cuando se dice que alguien es como un roble, se habla de una persona recia y de gran resistencia. Sin embargo, las ramas de este fuerte árbol pueden quebrarse o sus raíces desprenderse con la fuerza del viento. Por eso, hay quienes prefieren ser flexibles como los juncos: que pueden doblarse, pero son difíciles de quebrar.

La posibilidad de sobreponerse a una adversidad y hasta salir fortalecido de ella es conocida en terrenos psicológicos como resiliencia, un concepto que proviene de la mecánica y que se usa para hablar de la propiedad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.

Dicen los expertos que aunque ya se sabe que la resiliencia es un rasgo común en los seres humanos, hay factores que hacen que algunas personas tengan más capacidad que otras para asumir con flexibilidad las situaciones límite y recuperarse, entre ellos la genética, pero afirman que en buena medida también hay un componente de aprendizaje. Es decir, buenas noticias: la gente puede aprender a ser más fuerte.


Dos visiones.
El psicólogo Víctor Calzadilla asegura que algunos puntos de vista sobre la resiliencia suelen enfocarse más en el aspecto postraumático. "En ese sentido, es entendida como la capacidad de integrar experiencias adversas a la vida de una manera constructiva, pero otros puntos de vista se concentran más en lo que sucede durante esa situación", señala. "Desde esta perspectiva se plantea como la capacidad de dejarse afectar menos por las experiencias adversas y de recuperarse más rápidamente. Ambas visiones se complementan, pero creo que también pueden actuar de modo independiente. Es decir, una persona puede dejarse afectar muy intensamente por una experiencia crítica y luego integrarla a su vida. Esto la hace resiliente. No obstante, llega a hacerse más fuerte --o resistente-- si enfrenta de un modo resiliente la experiencia en el mismo momento en que la afronta", explica.

De ahí que los expertos insistan en trabajar en las fortalezas personales para tener una especie de "colchón" que ayude a amortiguar un poco mejor cualquier dificultad, pues todos saben que no es posible evitar que se presenten.

"Cuando las personas resilientes se enfrentan a la adversidad experimentan emociones negativas por menos tiempo y con menos intensidad.

Las emociones negativas activan una respuesta biocomportamental de inhibición y retiro, que en el resiliente tiene menor frecuencia, pudiendo recuperar la tendencia contraria, la exploratoria, más rápidamente. Esto facilita una mejor adaptación a la situación", insiste Calzadilla.

Tres secretos


Hay tres rasgos que identifican a las personas con buena capacidad para reaccionar, según lo que ha estudiado la investigadora estadounidense Joan Borysenko, autora del libro Pase lo que pase no es el fin del mundo.

Para ella, el primer secreto de quienes son resilientes es la firme aceptación de la realidad; es decir, afrontar el problema puede ser duro emocionalmente, mas es imprescindible para ponerse en acción y salir adelante. El segundo secreto es una profunda creencia en que la vida tiene sentido, y para explicarlo, cita a Friedrich Nietzsche: "Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómo".

El tercer secreto de los resilientes es, según Borysenko, una asombrosa capacidad para improvisar. "Las personas resilientes son maestras en la innovación. Su fértil imaginación es expansiva y captan detalles que para otros pasan inadvertidos o los consideran irrelevantes y usan todo a su alcance para crear el mejor resultado posible".


Desesperación o esperanza

Dice la investigadora estadounidense Barbara Fredrickson que estas son las dos respuestas básicas ante la crisis. "Al sentirnos desesperados, multiplicamos la negatividad. La desesperación sofoca y acaba cualquier forma de positividad", explica. Para ella, al extinguirse la positividad, se pierde cualquier posibilidad de establecer un vínculo genuino con los demás y abre la puerta a una espiral descendente que puede hacer que se toque fondo.

"La esperanza es diferente. No es la imagen refleja de la desesperación. Es más, la esperanza reconoce la negatividad sin tapujos", recalca. "La esperanza abre la puerta a una espiral ascendente que nos permite recuperarnos y resurgir más fuertes y con más recursos que antes". No hay secretos: para ser más fuertes hay que mantener viva la esperanza.