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Los sabores de la avenida Victoria

Los sabores de  la avenida Victoria / Daniel Hernández

Los sabores de la avenida Victoria / Daniel Hernández

En la avenida Presidente Medina, también conocida como avenida Victoria, hay tradiciones de sabores que han perdurado durante décadas. En esta zona caraqueña de edificios bajos y aceras amplias se pueden conseguir desde dulces tradicionales italianos hasta delicias árabes. Ahora un recorrido guiado muestra estos rincones fieles a su historia 

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Hay rutinas que no han cambiado durante décadas  en ese espacio de la avenida Victoria. Allí, con los afiches que proclaman campeón al equipo italiano, tazas del Inter y rifas de Harina Pan, Nico Cipriano repite la misma rutina desde hace más de 40 años: prepara café en la máquina Gaggia, servido en tazas de cerámica, que le ha granjeado el mérito de ser uno de los mencionados de Caracas. Aguarda, imperturbable, en el mismo lugar en el que lo preparaba su padre hace 50 años, y en el que su madre italiana, cada día, lo ofrece desde las 5:30 a. m. hasta las 6:30 a. m. Allí el café se pide en esa mezcla de acentos posible en esta tierra: “Nicolino, un espresso, o Nico, un marrón ahí”. Los requerimientos tienen la misma respuesta: él los prepara con la misma destreza que aprendió desde los 17 años de edad. “Antes teníamos un billar, pero todos los italianos que jugaban se fueron muriendo y ahora no hay quórum, así que los cerramos”. Los fieles llegan por oleadas a tranquilizar la sed sin edad por el buen café.

La avenida Victoria –o Presidente Medina– con sus edificios bajos, sus aceras amplias que alguna vez tuvieron parquímetro, no es ajena a los embates del tiempo y los olvidos, pero en sus rutinas mantiene los pliegues de ese feliz encuentro de nacionalidades y tradiciones inmunes a los años.    

Ese sábado y en Delicateses Roma, una Venus de cerámica miraba al infinito, mientras un señor en bermudas y lentes negros hablaba en italiano con su compañero de mesa, con la misma actitud relajada de quien está al borde de un café con vista al Mediterráneo. Al lado alguien comentaba la rutina en árabe, al tiempo que adentro, un grupo que ese día recorría la avenida en el tour guiado por la periodista Vanessa Rolfini, devoraba las dulces sfogliatellas rellenas de ricota que con oficio y esmero prepara desde pequeño, su dueño y pastelero Geraldino Sessa. “En esta avenida han sido muchas las oleadas de inmigrantes: primero italianos, luego portugueses. Después llegaron los árabes y ahora los chinos”. Sus dulces, de receta italiana, despiertan apegos en apetitos sin distingos. “A veces a los italianos no les gustan las sflogliatellas y a los chinos, sí. Aquí vienen de todas partes de Caracas a comerlos”.

Él aprendió esas recetas  mientras trabajó durante décadas en una pastelería italiana vecina, La Caiazza, que ya no existe. “En esa época la gente era muy recelosa de sus recetas. Movían la balanza con el dedo para que no vieras cuánto agregaban”. Sessa iba anotando en una agenda las recetas que descubría tras mucho ver, practicar e, incluso, asomarse a escondidas. Desde hace 10 años, en su café Roma propone los dulces habituales en otras panaderías, pero también y durante los fines de semana, postres de impronta italiana, como los cannoli sicilianos, colas de langosta rellenas de Nutella, torrejas y un pan italiano de orégano, al que llama gallego.

Sabores sin fronteras

Justo al lado de Delicateses Roma, en la sencilla Carnicería Italia, siguen preparando cada semana y desde hace medio siglo, las salchichas de cerdo e hinojo, picantes o de hígado con naranja que Atenischa de Flavio aprendió de su padre de Abruzzo. Las mismas que ahora replica Leonardo Rafael Pérez con la veteranía que le da saber esos secretos tras llegar allí a trabajar desde pequeño.

Cruzando la acera, no sólo está el Pincho Pan precursor, ese templo de la comida árabe, con multitudes de fieles en su sede de Los Palos Grandes. Metros más allá aguarda la tenaz pescadería Paterdama con más de 60 años en esa acera. Allí Vito Giambanco resume la amplitud de su propuesta en una frase: “Aquí ofrecemos desde sardinas hasta langosta fresca”. Su lugar es testimonio de la tenacidad perpetuada por varias generaciones. Él es la tercera en un negocio que su tío y su padre llevaron con esmero. “Mi papá sigue viniendo todos los días. Barre. Arma rollos”. Vito, de sangre siciliana, es un venezolano nacido en Suiza, que en este templo del pescado ofrece unos salpicones insignes, hechos por un cocinero peruano, amigo de la casa.

En la avenida Victoria aguarda el aviso de la barbería París, que dejaba impecable a niños que hoy tienen más de 50 años. Los edificios los coronan adornos, que los constructores italianos mandaban en fotos a sus pueblos como muestra de lo logrado. Allí también está un territorio de especias, bautizado El rincón del grano, donde su dueño libanés Ahmad el Laden recibe a los clientes que lo llaman Armando. Su esposa Fátima prepara un café árabe insigne, a la vez que en ese espacio coinciden piñones y canela en rama, arándanos y orejones de jengibre, flor de Jamaica o pimienta blanca. Metros más allá, en D’ Richard, su dueño –obviamente Richard– ofrece los quesos frescos criollos que hace 12 años vendía  en un camión.

Guayana sabe a Italia

En un cruce de la avenida Victoria aguarda la calle Guayana donde muchos locales eligieron ese bautismo. Eso hicieron en la panadería Guayana, en manos de la familia Ciampi desde 1962: primero por los padres italianos, ahora lleva las riendas su descendencia venezolana. Allí, entre panes, dulces y café, se asoman en la vitrina los esponjosos zeppole, con masa suave y rellenos con dos cremas. Quien pruebe su dulzura, agradecerá que ese postre, tradicional del Día de San José –Giuseppe en Italia– saltara la barrera de la efemérides y sea elaborado de manera cotidiana.

Entre postres habituales salen a relucir las dulces sfogliatellas que se elaboran desde hace 50 años, panes andinos con una receta que heredaran de un italiano que vivió en los Andes y unos panes de jamón, bacalao o pavo “al hojaldre”. “Somos sus creadores”, se precia Enrique Ciampi, ingeniero y a cargo del lugar junto a sus hermanos desde los años ochenta. “No llevan tanta grasa como los de hojaldre, porque son la unión de dos masas”. Su popularidad permite que se hagan por encargo y en cualquier mes del año. En Navidad y en esta esquina de Caracas salen a relucir las recetas que heredaron de sus padres del sur de Italia: el sanguinaccio, con chocolate y un ingrediente especial: sangre de cerdo. El castagnuolo, con castañas y chocolate. Y otro repertorio de delicias, gracias a una calidad defendida por generaciones.  

Tour guiado por la Victoria

La periodista Vanessa Rolfini, con el apoyo de Vanesa Rutigliano, licenciada en Turismo, se ha encargado de dar a conocer varias rutas de sabores de la ciudad: primero fue Chacao y sus delicias. Luego el Mercado de Quinta Crespo junto a Urbanimia. Hace poco saldó una deuda necesaria: proponer una ruta de sabores en la zona que conoce de memoria, por ser vecina de la avenida Victoria. Desde el mes de agosto ofrece un recorrido por varios lugares de la avenida y comparte sus historias. Los comerciantes, generosos, dan a probar lo que hacen. El próximo recorrido ya tiene fecha: 19 de octubre. Habrá otro en noviembre. Se puede contactar a través del correo rutasgolosas@gmail.com. Su Twitter: @rutasgolosas. Teléfono: (0412) 203 4427. Son para máximo 15 personas. Su precio: 320 bolívares.

Sus señas:

• Café Billares Nico: avenida Presidente Medina con calle Perú.

• Delicateses Roma. Avenida Presidente Medina, entre Cataluña y Gran Colombia. Teléfono: (0212) 631 2445.

• Panadería Guayana. Avenida Guayana. Edificio Tiber. Las Acacias.

Teléfono: (0212) 263 5683.

• La Carnicería Italia. Av. Presidente Medina casi llegando a la iglesia San Pedro. Teléfono: (0212) 633 2755.

• Pescadería Paterdama. Avenida Victoria. Edificio Paterdam: Teléfono (0212) 690 0223.

• El rincón del grano. Teléfono: (0212) 632 5954.