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Una ruta para compartir los sabores de Yaracuy

Aroa es un pueblo pequeño de historia larga / Fotos: Mauricio Villahermosa

Aroa es un pueblo pequeño de historia larga / Fotos: Mauricio Villahermosa

Cinco restaurantes, unos productores de naranjas y los emprendedores de una cerveza artesanal decidieron unirse y ofrecer una ruta gastronómica que seduzca a las visitas para que recorran esta región fértil del país. Desde septiembre proponen esta idea en la que investigaron recetas, sumaron voluntades y muestran su determinación a mostrar lo que tiene la zona

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Aura Ovalles, menuda, amable y tenaz, muestra el fértil territorio de su posada Granja Momentos en la que desde hace 20 años apostó por un nuevo destino junto a su esposo Efraín Pérez. Allí, entre un verdor que sosiega y los esmeros de esta pareja, tienen las cabañas que reciben a quienes buscan descanso. Ambos dejaron Caracas hace dos décadas para estrenar nueva vida en ese verdor y ofrecer la primera posada que, cuentan, hubo en Yaracuy. Tras 20 años de empeño, son parte del Circuito de la Excelencia y ahora han sido motor fundamental de una iniciativa para invitar a las visitas: La Ruta Gastronómica de Yaracuy, una idea que llevan cocinando desde hace cuatro años y que exhibieron el pasado septiembre, entusiasmados con esa propuesta.

Otros convencidos de cuatro restaurantes que se sumaron al de su posada —La Sazón de Belkis, Cántaros, El Fuerte y El Tibón—, los jóvenes emprendedores de cerveza Yaracuy y la pareja de Valle Naranjo comenzaron a reunirse todos los lunes para alimentar esta gustosa idea. Formaron su asociación civil. Invitaron al historiador y cocinero Juan Alonso Molina, quien averiguó recetas yaracuyanas para ellos. Consiguieron apoyo de la Corporación de Turismo del estado y desde este septiembre cada uno de los restaurantes estrenó una pequeña carta paralela que ofrece recetas de esa región, antes improbables de conseguir, y aprovechan ingredientes suyos como las dulces naranjas, el quinchoncho o los quesos de Aroa.

Sobre la mesa, en el restaurante de posada Momentos, presentan los platos que ellos y las afanadas cocineras han aprendido para esta propuesta: una sopa de quinchonchos, abundantes en la región, que tiene el gusto además de un embutido artesanal, preservado por varias generaciones de una familia de Yaracuy: la longaniza hecha por Milagros González. Bollos pelones sanfelipeños rellenos de carne de cerdo rescatados del libro de Ramón David León. Un postre donde el ponqué y el manjar tienen el gusto a las naranjas, en el estado en el que, afirman, es el primer productor del país. “Descubrimos esas recetas gracias a Juan Alonso. Estamos aprendiendo. La idea es que a esta ruta se sumen más restaurantes y productores”, dice la entusiasta Aura y quien conozca su tenacidad, no lo pondría en duda. “No hay muchas recetas yaracuyanas y es mucho el desconocimiento. Estos platos solo se comían quizá en alguna casa. Por eso hicimos un inventario  y la idea es que en cada restaurante se construya su propuesta con base en ellos”, señala Molina.

Sabores en consenso

En el centro de San Felipe, un lugar pequeño que semeja al ambiente de una tasca encierra toda la sazón de Belkis Mikelson, hija de padre alemán que decidió dedicarse a su pasión por la cocina, aprendió empíricamente y tiene este concurrido local junto a su esposo Oscar. En el día ofrece sus platos. En las noches, cátedras para quienes deseen aprender de cocina. Ahora, usualmente los fines de semana, también su menú de la ruta en el que sirve unas cestas de plátano frito rellenas con chicharronada, su opción de bollos pelones sanfelipeños y un quesillo de café junto a otro de chocolate.

Cada uno de los involucrados ha adoptado sus preparaciones y lo incorpora a esta incipiente ruta con miras a que los turistas se fijen en esta región fértil. En el restaurante El Fuerte, apostado junto a un hotel con el mismo bautismo, la abogada Yubirí Ramírez pone en práctica sus dotes de anfitriona en este espacio que decidió gerenciar cuando le hablaron del proyecto. Allí se sumó a la idea de una ruta compartida y propone de desayuno su versión de una tostada que muchos conocieron años atrás en San Felipe y que es un peculiar concentrado de sabores que saben a infancia en Venezuela: arepa frita, con Diablitos, mayonesa, queso amarillo y el toque verde de una hoja de lechuga y una rueda de tomate para el balance. De almuerzo tiene alternativas que vincula a esta tierra como un lomo de cerdo.  En El Tibón, un restaurante de carnes, sencillo y sin pretensiones, sirven en el menú unos tequeños con masa de jojoto. Y en Cántaros, un caney donde preparan habitualmente carne en vara y costillitas famosas, agregaron un lomo de cerdo y dulce de lechosa a la leña que hace la esposa yaracuyana del dueño del lugar, el apureño Tomás Lara.

En Aroa hay un espacio verdísimo donde prosperan las naranjas, jugosas y dulces de Valle Naranjo. Allí, Yelitza y José Luis Batista transformaron su sembradío en un parque con parrilleras, canchas y piscina para que las familias pasen la tarde entre naranjales. Sus cítricos nutren a los restaurantes de la ruta. “Mientras la naranja está más cerca del mar es más dulce”, comparten su sapiencia de esta fruta que gracias a ellos se multiplica. También están en el ánimo de invitar a que otros conozcan a qué sabe su estado. Y lo sugieren de la mejor manera: sumando las voluntades de quienes creen y apuestan por esta idea.

El festival gastronómico de Aroa

Aroa es un pueblo pequeño de historia larga. Allí aguardan los restos de una mina de cobre que fuera de Simón Bolívar. La misma que atrajera primero a los españoles, luego a los ingleses y que convirtiera a este lugar en zona donde llegara el tren. En ese territorio en recuperación aguardan los restos de un cementerio con tumbas al estilo inglés donde descansan quienes vinieron para quedarse. También, desde hace 25 años hay un ateneo, alimentado gracias a la tenacidad de Tobías Salazar. Allí no solo tiene una colección de arte con 17 premios nacionales. Además, desde hace 13 años, celebra un festival gastronómico que se centra en los sabores propios, cuenta con afiches de hermoso diseño y la constancia de este convencido. “En Aroa confluyeron la influencias de los africanos, españoles, ingleses, italianos. Hemos querido investigar ese bagaje. Llevamos años luchando”. Por eso su festival se ha concentrado en un tema anual, recetas, naranjas, café, y el pasado 28 de noviembre en el “suculento cochino”. En cada edición hacen talleres y un concurso.

Yaracuy tiene su cerveza

Daniel Álvarez y Andrés Del Cid no llegan a los 30 años. Ambos estudiaron ingeniería en Caracas. Querían ingeniar su emprendimiento. Hace tres años y medio se mudaron a Yaracuy, comenzaron a elaborar cerveza artesanal y ahora tienen un pequeño galpón, ordenado y señalizado, donde emprenden con rigor las escalas de su cerveza que tiene cuatro variantes y particularidades. Lo primero que destacan es que usan agua de manantial. “En la cerveza el agua es un elemento diferenciador. La de aquí es una de las mejores de Venezuela”. Otro distingo es que asumen el proceso con la paciencia debida. Sus cervezas, explican, luego de que fermentan en tanques, pasan al sosiego de un cuarto de frío durante 21 días, para que esos sabores se estabilicen. “Una cerveza nuestra puede tardar entre 45 y 60 días en estar lista”. Además, las vincularon a esa región, pues no solo se llaman Yaracuy: su negra stout se denomina Taria, como la zona de influencia negra de la región. La rubia, como el río. Tienen también una color ámbar, estilo belga, y otra roja, tipo Ipa, a las que vinculan con esa región que hicieron suya.