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La revancha de Subirats

La revancha de Subirats / Marcel Cifuentes

La revancha de Subirats / Marcel Cifuentes

Con su brillante participación en los Juegos Suramericanos de Chile 2014, el tritón venezolano Albert Subirats ha regresado a los podios del continente con energías renovadas. Aquí cuenta cómo superó su mala racha y cómo espera capitalizar este aprendizaje en futuros desafíos

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 Subirats es un municipio de Cataluña que --según el censo 2013 del Instituto Nacional de Estadística de España-- apenas supera los 3.000 habitantes. En singular, es también el nombre de una variedad de uva blanca que se utiliza en la producción del cava. En los anales de la natación, es el apellido de un nadador venezolano que en 2010 se convirtió en el campeón mundial de piscina corta, en la categoría de 50 metros mariposa. Uno que, a pesar de haber superado dos cirugías en tres años tras una lesión, podría decirse que también está como una uva, a juzgar por las dos medallas de oro (en 100 metros espalda y 100 metros mariposa) y dos de bronce (100 metros libres y 4x100 de relevo combinado masculino) que ganó recientemente en los Juegos Suramericanos en Santiago de Chile. "Estoy muy contento. Todo el equipo nadó muy bien y a mí me fue mejor de lo que esperaba", confiesa el carabobeño de 27 años de edad, quien después de su segunda cirugía tuvo ocho meses para prepararse para dichos juegos. "Afortunadamente me siento bien y me alegra ir recuperando unos niveles más sólidos".

Está decidido a remontar los baches que han puesto en riesgo su carrera los últimos años. En 2011, a la par de una polémica suspensión por motivos burocráticos de la Federación Internacional de Natación, que casi lo saca de las Olimpíadas de Londres 2012, Subirats se lesionó el hombro derecho por sobrentrenamiento. Después de ganar una medalla de oro en los Panamericanos de Guadalajara 2011, debió operarse a pocos meses de la justa deportiva más importante del mundo. "El médico me mandó reposo y rehabilitación por seis meses, pero no me daba chance. Decidí que no iba a faltar. Empecé a entrenar un mes después de la operación". Pocos días antes de competir en Londres, el dolor reapareció a todo volumen y lo hundió hasta el puesto 29 de las eliminatorias en los 50 metros libres. Abatido, una segunda cirugía lo forzó a secarse al sol y a enseriarse con el reposo. ¿Lo llevó con filosofía o se deprimió? "Pasé por todo. Al principio traté de tomármelo como un descanso y lo disfruté, porque por primera vez pude tener una vida distinta a la de la alta competencia. Pero después no tanto, porque soy impaciente". ¿Se arrepiente de haber competido en Londres? "No. En la vida uno toma decisiones en las que se equivoca o la pega, pero todo te da madurez.

Después de los reveses siento que soy más fuerte y estoy más claro en lo que quiero".

Luego de nadar en Arizona por muchos años, ahora vive en Auburn, Alabama. Necesitaba cambiar de aires y recuperar su motivación.

"Cuando llego a un sitio nuevo y estoy claro en por qué lo estoy haciendo, es más fácil la adaptación.

En ese sentido creo que mi familia lo ha llevado muy bien a pesar de los sacrificios. Siempre nos duele no poder vernos; hace unos días fue el cumpleaños de mi mamá y no pude estar con ella. Pero al mismo tiempo sé que el mejor regalo que les podría dar por todo su apoyo es poder llegar a una final olímpica. Eso haría que todo haya valido la pena".

Aguas de marzo

Después de haberse graduado en mercadeo en Arizona, Subirats está cursando un posgrado en negocios internacionales y administración. "La verdad es que soy organizado con mis horarios de estudio y entrenamiento y eso me ayuda, pero mi prioridad 1, 2 y 3 en este momento es la natación. No me importa pararme a las 4 de la mañana para meterme en la piscina". Lo anima un círculo pequeño de amigos, al que califica de muy valioso. En este momento no tiene pareja. "Es difícil conseguir a alguien que resista este ritmo de vida. Además, estoy muy enfocado en tratar de llegar a las Olimpíadas de Río. En este par de años me gustaría evitar las distracciones y dedicarme a nadar, nadar y nadar. Lo demás puede esperar".

Ahora bracea cuatro días a la semana; tres horas en la mañana, tres en la tarde.

A poco tiempo de su próximo desafío en el Abierto de Francia, no vislumbra cercano el retiro. "Tengo 22 años nadando y a veces he tenido más momentos malos que buenos, pero el deporte es así.

Gracias a Dios estoy en un momento en el que nuevamente estar montado sobre un taco es el lugar en el que más feliz me siento, pero cuando ya no sienta que puedo rendir a un buen nivel, me retiraré. La natación venezolana no merece que uno de sus atletas no esté dando el 100%".

Si llegara a salirse de las piscinas, le gustaría montar un negocio propio: un gimnasio o un restaurante. Sabe que quizás debería ir considerando esas aguas, pero Río de Janeiro lo seduce.

"Ya veré". ¿Cómo quiere que lo recuerden? "Como un buen ejemplo. Como un buen compañero que procuró ayudar a los que venían atrás y que trabajó duro, porque más allá del talento que uno pueda o no tener, yo siento que ha sido el trabajo lo que me llevó lejos. El deber del atleta es prepararse para dejarle el menor espacio posible al azar". ¿Hay algún aspecto de su carrera que no haya logrado manejar nunca, a pesar de los años y los embates? "Que me pidan fotos o autógrafos. Cuando se me acerca un niñito a pedirme que le firme algo, me pongo rojo".