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El reto de criar niños 3.0

El reto de criar niños 3.0 / Mauricio Villahermosa

El reto de criar niños 3.0 / Mauricio Villahermosa

En un estudio realizado por Disney con 2.000 padres británicos que usan dispositivos electrónicos, se determinó que 75% lo comparte con sus hijos, 56% ha descargado una aplicación por petición de un pequeño y 37% considera alguna aplicación como parte integral de la vida familiar

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Rafael Alejandro, de 9 años de edad; Valeria, de 6 años, y Andrés, de 4 años, tienen las reglas claras: en la casa de los Terán Da Silva no se permiten videojuegos hasta que almuercen, se bañen y tengan las tareas hechas. “Sin eso no hay ruego que valga”, sentencia lapidariamente su papá Rafael Terán, un representante de ventas de equipos industriales. Cada uno de sus hijos juega alrededor de una hora diaria, bien en la computadora, el Wii, el Playstation o el iPod de papá. Cada uno tiene su propio DS. “Desde chiquitos aprendieron a pedir permiso para usar los aparatos. En la computadora van directamente a lo que están buscando porque cada uno tiene una carpeta de favoritos que les armé con páginas de jueguitos, de canales infantiles o de recursos para hacer tareas”.

Conjugar un monitoreo razonable con las expectativas de los niños y el vértigo de los avances tecnológicos es un reto inédito al que los papás se enfrentan a diario.  A pesar de que los riesgos no son un mito, la psicóloga infantil Gladys García invita a considerar que no todo es negativo. “Los niños de ahora tienen más acceso a la información que la que sus papás tuvieron a esa edad sobre temas muy variados; como recurso educativo y con la debida orientación, Internet es muy valioso. Los videojuegos bien elegidos son otros recursos capaces de desarrollar destrezas, sobre todo la coordinación visomotora”. Las aplicaciones didácticas permiten que los niños ejerciten capacidades como la lectoescritura, la asociación y el aprendizaje de otros idiomas, mientras que otras estimulan positivamente su creatividad.

La mensajería o las redes sociales también pueden ayudar a los hijos a mantenerse en contacto con familiares que viven lejos. “Se dice mucho que la tecnología los aísla, pero eso no necesariamente es cierto. Si estás aburrido en la oficina de tu papá y prefieres chatear con tus primos por WhatsApp, ¿por qué no hacerlo?”, opina Juan Carlos Carreño, psicólogo y profesor de Psicología de Redes Sociales en la Universidad Católica Andrés Bello. “Es verdad que a edades tempranas no se recomienda que los niños pasen mucho tiempo frente a una pantalla porque necesitan aprender primero destrezas de socialización cara a cara, pero a medida que crecen, lo que corresponde es ir acompañándolos en el proceso de hacer elecciones apropiadas para su edad e inculcarles las reglas y los criterios para que usen responsablemente esas tecnologías”.

Yo no sé de eso

Gustavo Quiñones, gerente de soporte y capacitación de la firma de seguridad digital ESET en Venezuela, explica que en estos tiempos muchos padres de otra generación aún les dejan a niños y adolescentes el control total de la tecnología de la casa, a veces por flojera o por desconocimiento. “El reto es educarse mientras educan, porque aunque los niños tengan las habilidades técnicas, no necesariamente tienen la madurez para manejar las implicaciones de sus acciones en la red. No es conveniente confundir la independencia con el descuido absoluto”.

Los papás pueden apoyarse en herramientas de seguridad. “Hay programas de protección digital que contienen la función de control parental para filtrar contenidos inadecuados por categorías. Permiten configurar perfiles para niños –donde predomine el acceso a recursos educativos o a páginas de entretenimiento infantil– y perfiles para adolescentes, un poco más flexibles pero con restricción de entrada a sitios pornográficos y de juegos en línea”, indica el experto. Carreño recalca la necesidad de que los padres entiendan lo que están haciendo. “Hay papás que se confían en que compraron un antivirus con control parental pero muchos no saben activarlo. Si no sabes configurarlo, es como si no lo tuvieras”.

Aquí sí, aquí no

Si bien Terán ha logrado establecer reglas consistentes para el uso de dispositivos en su casa, le consta que puede haber deslices. “Tengo en Internet una deuda de 7 dólares porque Valeria compró en la tienda de Apple unos juegos. Está aprendiendo a leer. Le habíamos enseñado que sólo podía descargar los que dijeran la palabrita ‘gratis’, pero se dejó llevar por la emoción y los compró sin darse cuenta”. Sin embargo, este papá también está consciente del poder que los adultos pueden esgrimir con estos dispositivos como medida disciplinaria cuando corresponde. “Si la maestra te dice que hoy tu chamo no se portó muy bien y te sugieren que les limites el DS, eso los mata. Se desgarran como Raúl Amundaray”, dice con pícara malicia paternal.

En su hogar los dispositivos también se usan como herramienta para enseñar responsabilidad y seguridad. “A veces se les descarga el DS y se quejan de que por qué no se los cargaste tú, y uno les enseña que como ese aparato es de ellos, tienen que estar pendientes de eso. También aprendieron que en ciertos lugares a ciertas horas no es bueno sacarlo porque no es seguro y saben cuándo tienen que apagarlo”. Si van a comer o a visitar a los abuelos, aislarse jugando también está descartado.

Mensajes incómodos

Entre las amenazas propias de la red, el ciberacoso no es una leyenda. “Siempre tiene que haber una relación de confianza donde el niño sienta la libertad de notificar a los padres si está recibiendo mensajes inapropiados para que estos puedan tomar medidas”, recalca Gladys García. “Si se descubre algún acoso o actividad dañina hacia el niño, la reacción natural de niños y padres es borrarlo todo, pero eso es un error. A los efectos de hacer una denuncia formal y desarrollar una investigación para que eso se sancione, no hay que eliminar los perfiles ni borrar los mensajes”, acota Quiñones.

Sin embargo, también habría que asegurarse de que el niño no sea el acosador. Gladys García señala que estas conductas, aun en su negatividad, representan un llamado desesperado de atención. “También es muy importante recalcarle al niño o adolescente que todo lo que se sube a la red suele quedarse allí para siempre. Hay información delicada que puede comprometer su seguridad o que más adelante incluso puede perjudicarlo a él a otros cuando sean adultos y busquen trabajo”.

Limitar el acceso al perfil sólo a las amistades, si bien es deseable, no vale como garantía de privacidad total. “En un momento dado cualquiera puede retuitearte o guardar una foto tuya en su computadora”, apunta Carreño. “Es aún más valioso desarrollarles a los niños el criterio sobre lo que es pertinente compartir en Internet. La misma actitud de cautela que se tiene en el mundo real hay que tenerla en el tecnológico:  así como no se le da la llave de la casa a cualquiera ni se habla con desconocidos, tampoco se le puede dar las contraseñas a cualquiera que te las pida, ni deberías aceptar como amigo en Facebook a gente que no conoces. A Internet se le solía llamar ‘la superautopista de la información’ y los padres deberían considerarla como tal. Así como uno no dejaría solo a su chamo en medio de una autopista, con esto también hay que llevarlos de la mano”.

División territorial

Cuando su hijo Sebastián de 11 años le pidió un perfil de Facebook, Adriana Hernández decidió que era razonable. Ambos tienen la contraseña y su mamá lo monitorea con discreción. “En estos días estaba fastidiándolo con que lo iba a etiquetar en una foto bien cursi y me dijo: ‘¡Si me haces eso te bloqueo, mamá!’. Me eché a reír y me hice la loca, pero me cayó la locha. ¡Ya sabe que me puede bloquear! ¿Y si descubre también cómo se cambia la contraseña? Eso sí me asusta un poco. Me tengo que portar bien o pierdo terreno”, se ríe.

A medida que crecen, es lógico que los hijos ganen más independencia y privacidad tecnológica. ¿Qué hacer para cuidarlos? “La solución no es seguirlos de red en red, exigirles todas las contraseñas o estar siempre espiándolos por encima del hombro a ver con quién se escriben. Llega un momento en el que esos espacios se convierten en algo privado, así como la mamá seguramente llegó a usar un diario con llavecita a la misma edad. Son cosas que hay que respetar. Si bien hay que estar atentos y orientarlos, lo importante es que crezcan con bases sólidas de lo que es sano y seguro en la red, con la confianza para preguntar o contarle a los padres lo que necesiten y la certeza de que uno va a estar ahí para ayudarlos en lo que pueda”.

FIJE HORARIOS

“Si el niño tiende a engancharse con facilidad con los juegos, es importante establecer periodos puntuales (de 1 a 2 horas máximo) después de cumplir con todos sus deberes, para reducir el riesgo de que desarrolle adicción”, sugiere la psicóloga Gladys García. También es deseable que la tecnología no sea el único premio cuando se porta bien.

INFÓRMESE SOBRE JUEGOS Y APLICACIONES

Tal como se suele cuidar al niño del tipo de películas que ve, también conviene estar atento al tipo de software que maneja. Instale sólo las aplicaciones aprobadas por usted y acordes a su edad. No permita compras en línea libremente.

PROMULGUE LA DISCRECIÓN

Hay que asegurarse de que los niños no tengan activado el geolocalizador en sus aparatos, pues es una manera muy simple de averiguar en qué zona viven o estudian. Además de limitar el acceso a sus perfiles, se les debe enseñar no publicar en todo momento dónde están, en qué colegio estudian o si se van de viaje.

Correos pequeñitos

Maily es una aplicación gratuita para iPad que les permite a los padres configurar y supervisar la primera cuenta de correo electrónico de sus hijos. Diseñada para pequeños de 4 años en adelante, su interfaz amigable permite a los niños hacer dibujos o adjuntar fotos que pueden enviar sólo a contactos introducidos por los papás: generalmente abuelos, tíos, padrinos, primos y amiguitos. También tiene una función que manda primero a los progenitores copias de los correos entrantes y salientes para que estos autoricen su envío o su recepción.

SUGIERA CAUTELA EN AGUAS ABIERTAS

“A los chamos les encanta conectarse a una red libre, pero hay que enseñarles a ser cautos y no introducir datos confidenciales al usarla, porque puede haber ciberatacantes ávidos de ver qué consiguen. Por eso también hay que proteger siempre con contraseña la red inalámbrica de la casa”, acota Gustavo Quiñones.