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El renacer de Jeannette Rodríguez

La actriz Jeannette Rodríguez / Aníbal Mestre

La actriz Jeannette Rodríguez / Aníbal Mestre

Serena en una bien asumida madurez, al mismo tiempo sigue siendo la eterna “Monona” que no para de mascar chicle. La actriz venezolana vive y hace teatro en Miami, pero no se olvida de Caracas. La eterna protagonista de Cristal, que asume con orgullo la etiqueta de ochentosa, asegura que estar en las tablas es como respirar

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Está ahí frente a uno. La misma actriz de “Mi vida eres tú, y solamente tú” y el resto del falsete de Rudy La Scala. La que compartía el alquiler de un apartamentico de un Parque Central de entonces, de lo más futurista, con sus amigas Cerebrito e Inocencia. La de la chaquetica floreada con hombreras, el pantalón de lycra y diminuto strapless “sin más nada abajo”. La que uno toleraba que fuera sujeto de besuqueo de Carlos Mata, porque él parecía un buen tipo. La de los cacheticos que eran parte de una religión cuando uno, niño, creía que existían sentimientos puros. Casi tres décadas después está aquí, frente a uno, y si nos vamos a la clasificación simplista de que hay dos tipos de mujeres, aquellas que despiertan visiones obscenas y aquellas que sólo inspiran palabras bonitas, Jeannette Rodríguez sigue estando más cerca de una balada rock de Miguel Mateos que de una salsa erótica. O como se descompondría en gemidos el gran Rudy: “Yo daría lo que nunca di / por una noche junto a ti”.

De paso por Caracas, se presenta como ese mar manchado en tonalidades de contradicciones que refracta todo ser humano: señora solitaria y bella como una escultura que ha aceptado con serenidad el paso del tiempo. Pero como la madurez absoluta equivaldría a la inacción, la niña que nunca ha dejado de ser la “Monona” de sus comienzos en TV se asoma en el chicle que no permite descanso a los cachetes emblemáticos, en la pulsera de moneditas que queda registrada cual pandereta en el grabador de periodista, en el gesto nervioso de chequearse ante cada superficie que la refleja, en la sensación turbadora de poderío que le sigue concediendo una falda corta y unas sandalias de tacón alto y en el gesto quinceañero de su foto de perfil, en la cuenta de Twitter (@jeannetterodrig), universo donde se codea, preocupada por el país, con celebridades virtuales como Lucio Quincio y Diego Arria.

Y por allí empieza la conversación: ¿cuál sería su primer decreto si fuera electa Presidenta de la República? “Lo primero que yo haría es ponerle florecitas a todo el Parque del Este. Tenerlo hermoso. Cuando estoy en Caracas, voy todos los días al Parque del Este a caminar, es una manera que tengo también de ver lo que está pasando. El clima de Caracas, sus montañas, estas mañanas húmedas y frescas. Este valle es mágico. Eso no lo tenemos en todas partes del mundo. Hay que rescatarlo y mantenerlo bonito. ¡Verde con florecitas multicolores! Aquí hay muchas cosas por hacer. Es cuestión de organizarse, de dejar atrás rencillas, diferencias, unirse, aceptarse. Los seres humanos somos diferentes”.

Mi renacer. No ha querido momificarse haciendo telenovelas, como su postergada mamá en su orfandad en Cristal, Lupita Ferrer, ni tiene esa vocación de ser un titular perpetuo como María Conchita Alonso, y eso que tuvo una fugaz experiencia en un reality show español, La isla de los famosos. Vivió más de una década en Madrid y el año pasado, dice que para estar más pendiente de su mamá residenciada en Caracas, se mudó a Miami (es ciudadana estadounidense, y en Twitter se identifica como “venezolana-americana”), donde se ha reactivado en las tablas con obras de la trascendencia de El matrimonio de Bette y Boo.

Uno le dice la palabra teatro y enseña la piel de los brazos, que se le ha electrificado, y se desearía reencarnar en armiño para hacer cosquillitas en ellos. “Es renacer, es mi esencia. Mi formación se hizo en el teatro, en la Juana Sujo, independientemente de que hice modelaje, y todo lo demás, para lograr lo que yo quería a nivel económico. Después me fui al Lee Strasberg, ya con una carrera internacional. Cuando estoy en momentos claves de vida me refugio en mi esencia, para cargar pilas, para saber que estoy viva. El teatro ha sido para mí esa fuente de inspiración, de energía, de saber que mi talento está vivo, que todavía hay cosas que estoy por explorar. A mí el teatro todas las noches me sorprende, y eso no se consigue con un ‘cinco y acción’. Mis telenovelas van a quedar ahí de por vida. Pero no hay comparación. Hacer televisión es tomar agua, pero hacer teatro es respirar”.

Tiene propuestas para llevar sus obras a Panamá, y quien quita si pronto las vueltas de la vida la devolverán a un escenario venezolano. Admite, eso sí, que Miami no es la ciudad más cultural: “Las distancias son eternas y no tenemos un metro que nos lleve de un lugar a otro. No es el público que va a ir al teatro dos veces a la semana, sino a lo mejor una vez al mes. Pero van. Hay un movimiento multicultural. No hay nada más agradable que estar en escena con una compañera de Perú, otra de México o Nicaragua, o venezolanos que están trabajando allá como Gledys Ibarra o Henry Zakka. Eso te da vivencias”.

Se observa en una imagen con el look de la película Flashdance, medias de calentadores y todo, encaramada sobre una bicicleta, en los tiempos en que todo lo fitness se simplificaba a “hacer aerobics”. Es una foto que el entrevistador ha rescatado maliciosamente de los archivos en papel amarillento de El Nacional: “¿Qué veo en esa foto? ¡Ay! Mi lucha constante por querer ser alguien. Ahí tú ves a una persona, pues, impetuosa, muy enfocada a esa edad. Tenía 18, 19 ó 20 añitos. Te quieres comer el mundo y no sabes cómo. ¡Pero con unas ganas! Y eso hay que rescatarlo siempre. El hambre es lo que te hace llegar. Así hayas logrado muchas metas y económicamente estés estable, no vale de nada si no tienes por qué entusiasmarte en la vida. ¿Si volviese a nacer? Haría lo mismo, con los mismos tropiezos, y si vienen más, ¡vengan! Me tropiezo, bajo la cabeza, me caigo, pido perdón, y me vuelvo a levantar. Pero sigo siendo actriz”.

Soledad placentera. Sin complejos, se asume sola y sin hijos. “Hay instinto maternal. En mi caso, lo ha habido. No he tenido hijos, he podido tener cuatro o cinco, pero las circunstancias no me han llevado allá. Ahí, fíjate, soy bien convencional: siempre pensé que un hijo debe estar formado en el matrimonio, y mi carrera no me lo permitía. Decidí por donde irme y estoy feliz. ¿Que si veo un bebé y no me provoca protegerlo? ¡Claaaaro!  Pero no me ata la sociedad. Soy libre, soy la que decido por mi vida, no por lo que esté establecido. Nunca me vi como estas mujeres que dicen: ‘Voy a ser madre, porque si no, me quedo sola’. Me parece muy egoísta. En mi caso prevaleció desarrollarme artísticamente, profesionalmente. Luchar por unos ideales que no iban del lado de la maternidad”.

Y ofrece otra confesión: “No hay hombre para darle a ese hijo. Todavía. No ha llegado. Nunca es tarde. Quizás aparece el papá. También puedo adoptar. La vida te da tantos cambios, que nunca puedes saberlo. Estoy sola hoy, sí. Pero confieso que tengo amigos estupendos, unos caballeros divinos. Nunca me ha faltado la compañía masculina. No necesariamente en pareja, te estoy hablando en general. Y tengo buenos amigos: uno es más divertido que otro. Mira que sortaria o suertuda soy. Son diferentes. A veces me peleo con ellos, los mando a la porra, o los rescato de nuevo. Algunos vienen nuevos, otros son amigos del tiempo. A todos los quiero por igual. ¿Qué vamos a hacer? Aquí hay amor para todo el mundo”. Y uno siente ganas de imaginarse a sí mismo con corbata, perfume y la voz de Tinedo Guía, en un buen restaurante donde suena una canción de José José, o algo así. 

Sin pensar mucho

¿Líquida, gaseosa o sólida?

“Efervescente”.

¿Dulce, salada, ácida o amarga?

“Agridulce”.

¿Brad Pitt o Tom Cruise?

“Brad Pitt. Tiene un salvajito bonito”.

¿Té, café, Toddy o ninguno?

“Té. De jengibre, de canela, energizante o para dormir”.

¿De qué sabor es el chicle que masca?

“Primero, que no tenga azúcar. Me gustan los que se mastican y les sale un saborcito a fresa, a tutti frutti”.

¿Qué sintió al verse la primera cana?

“No piensas... Actúas. ¡Chácata! Me la arranqué”.

¿Qué se ve siempre en el espejo?:

“Las cejas, que estén en su puesto. La raíz: como me hago mechas, eso tiene que estar perfecto”.

¿Qué le robaría a un hombre?

“La despreocupación”.

¿Qué no falta en su mesa?

“Mis vitaminas, mi zumo de naranja. Mis quesos blancos, con moderación. Un buen vino. Una buena compañía”.

Icono ochentoso

“A lo mejor me he convertido en un icono ochentoso. El término ‘ochentoso’ a mí me causa gracia. Esa época de Cristal, de las chaquetas con hombreras, todos aquellos colores, esos aretes muy largos que ahora se vuelven a llevar de nuevo… esa época la disfrute muchísimo. Y a mí me encanta que todo eso vuelva. Todo lo que se recuerda es porque despierta nostalgia. Quiere decir que funcionó. No que es objeto de burla, sino algo que la gente añora, que quiere volver a ver, a disfrutar. Y sí. Tuve la suerte de conocerlo de primera mano”.

El hombre más guapo...

“A mí no me conquista cualquier hombre, por guapo que sea. Lo tengo que escuchar. A mí me tienen que hablar bonito y no golpeado. Decir las cosas que en mi mente yo sienta que me hagan despertar, crecer, sentir. ¿Hombres guapos? Hay montones. Vas a un gimnasio y ves un hombre espectacular. Ves a un modelo en una publicidad. ¿Qué haces con eso? Nada. Yo soy muy mental. Lo mío entra por el pensamiento, por el sonido, por ahí empiezo yo a vibrar como ser humano, a interesarme. Si no, no pasa nada”.

Yo en el liceo

“¡Imagínate! Yo en el Gustavo Herrera era muy malandra. Al mismo tiempo era soprano en la Escuela Naval, además de reina de la Escuela. Practicaba natación, que era el deporte mío, y estaba en el teatro. Me estaba inclinando siempre a las humanidades. ¡Yo pedía cola también! Ahora no se puede pedir cola en Caracas, pero antes se podía. ¡Y te la daban! Fue una época muy simpática, pero la quemé muy rápido. Enseguida me metí en el Miss Venezuela (Jeannette Josefina Rodríguez Delgado llevó la banda de Miss Trujillo 1979, pero no figuró en el cuadro), luego vino la Juana Sujo, el concurso Trampolín a la Fama, el sindicato de actores, RCTV… y me enrumbé a lo que quería ser”.