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La reivindicación Tuki

La “changa tuki” se erigió, durante su época de gloria

La “changa tuki” se erigió, durante su época de gloria

Un documental indaga en los orígenes de un género musical nacido en los sectores populares de Caracas. La llamada “changa tuki” vive ahora un resurgimiento que no sólo implica la evolución de su estilo, sino también una nueva mirada a un fenómeno que no sólo es musical, sino también social. Todo en Domingo se acerca a los pioneros del género y a quienes intentan redimirlo de etiquetas despectivas

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Caracas es una y miles a la vez. Y en los pliegues de esos contrastes marcados, visibles, pero también cotidianos, suceden cosas extraordinarias. Entre ellas se puede contar el nacimiento de un género musical con rasgos propios cuyos orígenes se ubican en las nunca bien ponderadas barriadas caraqueñas.

La “changa tuki” se erigió, durante su época de gloria, en un movimiento musical que rendía culto a la originalidad de unos creadores que, sin saberlo, estaban gestando un sonido propio que hablaba de una manera de vivir en Caracas. Era música de guetto, que eventualmente –y para perjuicio del movimiento- terminó convirtiéndose en sinónimo de descomposición social. Ahora, un documental llamado ¿Quién quiere tuki?, se encarga de reivindicarlo, al tiempo que sus protagonistas retoman las riendas de un género que estuvo a punto de desaparecer y sueñan con una difusión de alcance global.

Electrónica autodidacta

“Cuando yo escuché el tecnotronic por primera vez dije “no joda, esa vaina es pa’ mi”. Esa es una de las frases que resuena en los minutos iniciales de ¿Quién quiere Tuki? , y la dice Pedro Corro, mejor conocido como DJ Baba, uno de los creadores de la “changa tuki” o “Raptor House”, como también se le conoce. Su interés en la música tiene sus orígenes a finales de los años noventa y en el movimiento de las minitecas.

De manera intuitiva, Dj Baba comenzó a crear su propio sonido utilizando sofware especializado pero elemental, y sin saberlo, comenzó a editar y producir temas: “Lo mío hasta hace dos años fue autodidacta, usando la lógica, aprendí teoría y solfeo y ahí fui perfeccionando el sonido, viendo tutoriales y con la ayuda de un tío que toca saxofón y piano, aprendí melodía y otras cosas muy útiles para lo que hago. Cuando estaba empezando nos poníamos a sacarle pedacitos a las canciones y no sabíamos que estábamos editando, nos enteramos que eso se llamaba edición años después”.

Casi de la misma forma, Dj Yirvin se formó en la música electrónica por sus propios medios, manipulando la miniteca de su papá. Poco a poco, fue desarrollando habilidades hasta que le llegó el turno de amenizar sus propias fiestas. Tiempo después, ambos Dj’s y productores se unieron y crearon un estilo único, caracterizado por la combinación de la música electrónica con ritmos tropicales y expresiones populares. La “changa” estaba en su máximo apogeo.

Fiestas de cinco mil personas, guerras de minitecas, batallas de crews de bailarines, videos y cd’s piratas que se vendían como pan caliente dieron cuerpo a un movimiento surgido de las computadoras y los equipos de dj’s provenientes de zonas populares, dando pie a una movida musical urbana que se extendería a otros rincones de la ciudad y el país.

En 2007, los Dj’s Baba y Yirvin se separan y esta fractura dio inicio a otros estilos musicales, siempre emmarcados en la música electrónica. La desaparición del género nacido en los barrios de Caracas era casi un hecho, sobre todo después de que comenzara a vincularse con descomposición social. La palabra “tuki” comenzó a surgir como término despectivo no sólo hacia un estilo de vestir y hablar, sino hacia el género musical que escuchaban: “Yo hice Raptor House hasta el 2008 y me dejé de eso, yo pagué mucho lo que fue la discriminación hacia el tuki. En los matinés que nosotros hacíamos iban los chamos acompañados por sus padres, pero también habían otros que se colaban a hacer cosas malas. En esas fiestas veías que los chamos iban con sus zapatos, su pelo amarillo, su forma particular de vestir. Yo no me vestía así, pero el estilo musical sí era mío, y de alguna forma yo me sentí responsable”.

 Al rescate de la changa

Cuando parecía que el Raptor House había desparecido de la escena local, un grupo de personas se dio a la tarea de rescatarlo y reivindicarlo ante los entendidos. Carlos Mayoral, (Pocz) y Francisco Mejía (Pacheko), del colectivo musical-artístico Abstractor, comenzaron a interesarse por los videos que mostraban las batallas de bailes, pero ignoraban que la música que allí sonaba se hacía aquí.  Cuando lo descubrieron, comenzaron a interesarse por la música, encontraron a Yirvin y comenzaron a trabajar juntos: “Hubo conexión, empezamos a interesarnos en el género. Hicimos un track que se llamaba “Tuki Love” y a partir de allí se corrió la voz de que estábamos trabajando con esta música”.

Para Pacheko, indagar en los orígenes de la llamada “changa tuki” le mostró la oportunidad de contar la historia en un documental. Junto con el equipo de Mostro Contenidos y Design or Die se dieron a la tarea de contar los orígenes populares de este género urbano. El resultado es ¿Quién quiere tuki?, una pieza de poco más de 17 minutos de duración.

Juan Manuel Acosta, uno de los tres directores creativos de Mostro Contenido, junto a Carla Páez, y Miguel Salguero, explica el proceso: “La idea nos la ofreció Pacheko, él estaba fascinado con el tema y nosotros no tuvimos que darle mucha vuelta. Me parece una locura que la gente no se haya enterado de esto. La changa tuki es un genero tan digno como cualquier otro y sabemos que hay mucha más gente involucrada que la que aparece en el documental. Obviamente sabíamos que hiciéramos lo que hiciéramos iba a generar opiniones dividas, pero al ser independientes no teníamos que esperar por la opinión de nadie”.

Y no les ha ido nada mal: El colectivo Buraka Som Sistema está fascinado con el género, el documental ha sido reseñado en España, Japón, Polonia, Inglaterra y en portales especializados que ven en la changa tuki un fenómeno musical y social caraqueño. El equipo responsable de la parte gráfica del documental, encabezado por Luis Itanare e integrado por Flavio Herrera, Cristóbal Carrillo y Gabriel Afanador se inspiró en los giros de esta cultura musical: “Tratamos de tomar los elementos mas representativos: es un caraqueño súper colorido, queríamos hacerlo lúdico, interesante, sin caer el cliché ni la burla, sino mas bien resaltar esos atributos. Ellos ya tienen una identidad y lo que hicimos fue tratar de traducirlo para que fuese mas universal”, explicó Itanare.

El producto final es un registro audiovisual de un género inédito creado en condiciones adversas, pero que refleja el mestizaje de múltiples expresiones musicales: Pocz lo resume: “La changa tuki o el Raptor House le da el aporte venezolano a la música electrónica, es un género que viene de los barrios de Caracas, suena tropical en los beats pero es muy venezolano, es un estilo original que tiene tribal house, tecno, reggaeton, baile funk brasilero, es demasiado sabroso. Lo que nosotros queremos hacer ahora es continuar ese legado de que siga sonando como algo de aquí”. 

Hágalo usted mismo

Francisco Mejías, a.k.a Pacheco, integrante del colectivo Abstractor, enumera los indispensables para los no iniciados  que deseen crear su propia música electrónica:

Una computadora: “Debe tener suficiente memoria RAM para que corra el programa”.

Software de producción musical: “Hay muchos en el mercado. Yo uso Ableton Live”.

Monitores de audio de calidad: “Es una inversión que hay que hacer porque no es recomendable trabajar con audífonos”

Una interfaz de audio: “Es una cajita que va fuera de la computadora, se conecta por usb y a través de allí

se procesa el audio”

Youtube: “Ahí están los tutoriales de todo lo que se necesite. Es cuestión de dedicarle tiempo.

Asesoría: “Hacer cursos para empezar y hacerse pana de gente que esté metida en esto, aunque se dedique a otros géneros musicales. Es lo que te da la experiencia”.

Este ritmo se baila así

Una parte imprescindible de la cultura musical que representa el Raptor House o changa tuki son los bailarines. Con sus coreografías, ingeniadas por ellos mismos, logran traducir el lenguaje de un ritmo que se caracteriza por la velocidad de su tempo. Elberth Tobías, de 22 años, es uno de los principales representantes de estos guerreros urbanos que se enfrentan en batallas para medir sus habilidades corporales. Ha ganado dos competencias especializadas y ha recorrido el país mostrando un arte que no tiene reparo en enseñar a quien lo desee: “He conocido gente del Country Club que me dicen que quieren aprender a bailar changa tuki.

Y yo les digo que yo voy a donde estén y les enseño”, dice convencido. Su compañero, Joel Arrieta, empezó viendo los videos de las batallas que subían a youtube, y describe lo paradójico de la situación actual del género que representan: “Ya la changa tuki no se escucha en el barrio, sino afuera. Ahora los eventos de nosotros son en Las Mercedes”. La changa tuki volvió, y con fuerza.