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La reina sencilla

Soy tímida, insegura. Sencilla. Demasiado sensible. Muy casera. Muy aferrada a mis valores / Foto: Mauricio Villahermosa

Soy tímida, insegura. Sencilla. Demasiado sensible. Muy casera. Muy aferrada a mis valores / Foto: Mauricio Villahermosa

A sus 20 años, Edymar Martínez Blanco logró traerse desde Tokio la séptima corona del Miss Internacional para Venezuela el mes pasado. Aspirante a top model, tímida rehabilitada, con salsa en las venas y rostro luminoso, aquí cuenta cómo se metió a los japoneses en el bolsillo

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Osmel Sousa dice que una miss debe ser capaz de atraer la atención en cualquier parte. Debe hacer girar cabezas al entrar a un lugar. Ser gatillo de comentarios, siempre por los motivos correctos. Está demostrado que hay varias formas de generar ese efecto electromagnético. Unas optan por una elegancia glacial que puede rayar en la soberbia; otras, por un carisma arrollador. El estilo de Edymar Martínez —en lo sucesivo, Miss Internacional 2015— es el de una calidez amistosa muy difícil de fingir.

Tiene el libreto de miss aprendido, pero no le sale artificial. Se sienta erguida con postura de lady inglesa al borde del sofá de la Quinta Miss Venezuela y apoya las manos sobre el regazo. Los ojos, por su parte, transmiten cansancio, dulzura y gratitud; la sonrisa es auténtica y no la escatima, crúcese quien se cruce. Cuenta que participar en el Miss Venezuela la ayudó a crecer. De la muchacha tímida de Lechería, estado Anzoátegui —la menor de tres hijas, en una familia de puras mujeres— que poco a poco fue saliendo del cascarón tras ganar el Miss Teen Belleza Venezuela 2010 y que estudiaba turismo más por resignación que por pasión —"fue para lo único para lo que me alcanzaban mis recursos"— ahora reina otra que es capaz de entornar los ojos grises como una diva para el lente. Rapea con alegría entre una toma y otra, bajo el flow de un reguetón distante. Asegura que es un salto sustancial. "Antes me sentía muy niña. Ahora me siento más mujer, más dueña de mis decisiones".

Su maquillador en el reinado del Carnaval Cultural y Turístico de Barcelona 2012, en el que también salió victoriosa, supo ver su potencial de reina nacional. También Esteban Velásquez —reclutador de misses como Ivian Sarcos e Irene Esser—, quien se ofreció a presentarla ante Sousa. "Lo primero que hice cuando llegué a mi casa fue investigarlo en Google a ver si era verdad", confiesa divertida. Ambos formaron una llave poderosa que perseguiría la banda de Miss Anzoátegui. Solo para llevarla al casting, hicieron mejoras en su oratoria, pasarela e imagen. Así, entre los cientos de mujeres que pasan por su ojo escrutador, Sousa la aceptó. ¿Qué cree que vio en ella? "La verdad es que no sé. Nunca se lo he preguntado". Sin embargo, la ambición había germinado. Martínez tenía un objetivo claro. "Yo sabía que lo que venía era difícil, pero me esforcé mucho: o no quedo de nada o gano".

Sí pero no. Tras haber sido electa como mejor rostro, ser anunciada como Miss Venezuela Internacional la desilusionó. Lo admite sin reparos. "La verdad es que estaba decepcionada, incluso un poco molesta. A medida que pasaban los días me di cuenta de que tenía que cachetearme: si me habían elegido como una de las mujeres más bellas de este país, y me iban a enviar a uno de los concursos más importantes del mundo, ¿por qué me estaba quejando si Diosito me había enviado una bendición? Desde ese día me esforcé muchísimo, sobre todo en mi oratoria. En lo corporal, mi metabolismo no me deja engordar mucho. Me sentía muy flaca para el concurso y subí dos kilos, pero enseguida los rebajé".

Tras un entrenamiento intensivo y la ejecución de una labor social para combatir la violencia contra la mujer, partió a Japón. Le impactó sentirse ajena a la cultura que la rodeaba, aunque fue dispuesta a disfrutar. "Fue un mes fuerte que se sintió como todo un año: todos los días cumples con muchas actividades y en cada una tienes que estar siempre impecable". ¿Cómo se percibe en un concurso internacional a una Miss Venezuela? "Se siente que la venezolana es la mayor competencia porque siempre demostramos que somos las más preparadas, pero yo quería evitar que me vieran como el enemigo". ¿Y cuál es la misión con la que viaja una Miss Venezuela? "¡Ganar! Ser perfecta. Ser embajadora de tu país es una responsabilidad muy grande. Una miss de estos tiempos tiene que ser no solo bella sino simpática, inteligente y con personalidad. Complacer a todo el mundo no es fácil".

Antes de su partida a Tokio, comenzó a seguir por redes sociales a muchas de las participantes. También creó un grupo de Whatsapp con las misses latinoamericanas. "Procuré ayudarlas y compartir con ellas todo lo que pude. Una necesitó mandar a arreglar un vestido y le presté dinero porque no tenía. Fue una experiencia muy bonita porque estábamos viviendo las mismas cosas e hice muchísimas amigas. Parte de tu responsabilidad también tiene mucho que ver con ser puntual, prestar atención, escuchar. Los organizadores son parte del jurado y están muy involucrados en las actividades, así que en la noche final ya ellos saben muy bien quién eres tú".

Despertar y vencer. El día del concurso estaba tan cansada que no logró levantarse a tiempo. Compartía cuarto con Miss España y las dos se quedaron dormidas. "La chaperona nos tocó la puerta. Nos dio una pena horrible; abajo tenían media hora esperándonos". Le tocaba una jornada agotadora. El ensayo general del Miss International consiste en recrear al pie de la letra, con cambios de vestuario y maquillaje, las tres horas que dura la ceremonia. Poco después repetirán esa rutina desde cero en la transmisión real. "Soy muy perfeccionista y peinarme me quitaba muchísimo tiempo. Ese día, con el apuro, no desayuné ni almorcé". En Venezuela, a las 3:00 a. m., los missólogos y fanáticos más apasionados se desvelaban para seguir el certamen por Internet.

Martínez impresionó al jurado con su discurso de qué significa ser una Miss Internacional: "Ser una voz líder para alcanzar de manera positiva a una sociedad que cada vez más carece de paz, caridad y tolerancia", resume. Su estampa feliz despertó al país. Sonriente y llorosa, recubierta de perlas y con los puños en alto, se alzaba con capa y corona como la séptima Miss Internacional, 30 años después del primer triunfo venezolano en ese certamen con Nina Sicilia.

Su sueño es convertirse en modelo de Victoria's Secret. No es mal augurio que entre el jurado se hallaran algunos de los representantes de esa marca ni que la muchacha se haya terciado la banda del mejor cuerpo del certamen. ¿Cuándo se dio cuenta de que realmente había ganado? "Todavía no lo asimilo, no siento que gané. El trabajo es el mismo. Cuando eres miss siempre estás metida en entrevistas, eventos, actividades con patrocinantes, compartiendo con seguidores que te animan", dice. Espera llevarle una réplica de su corona a la Virgen del Valle. Aquí permanecerá hasta que sus nuevos compromisos internacionales la reclamen en 2016. Ya está relajada, desparramada sobre el respaldo del sofá y con la sonrisa aún más achinada que antes. La lady marcó tarjeta por hoy y lo hizo bien. "A lo mejor en estos días, que regrese a mi casa y me acueste en mi cama, pueda decir: 'Es verdad. Gané".

Palabras miss

¿El mejor consejo que le han dado?

Hacer lo que te gusta.

¿Y el peor?

Decirle que sí a todo.

¿Cuál espera que sea su legado como reina?

Que sepan que fui una niña luchadora, capaz de lograr sus metas. Quiero ofrecer la inspiración de que todo es posible.

¿Cómo es en la vida real?

Soy tímida, insegura. Sencilla. Demasiado sensible. Muy casera. Muy aferrada a mis valores.

Hay hombres que se intimidan ante las mujeres bonitas. ¿Le pasa?

No, a mí me caen igual. Aquí todos tienen mucha actitud (risas).

¿Con quién se haría un selfie?

¡Con Rubén Blades! En mi casa somos muy salseras. Mi mamá toca los timbales y todo.

¿Un plato de su casa?

Bistec encebollado con papas fritas y tomate con vinagre. Me encanta.

¿Una manía?

Taparme las orejas. ¿Estás viendo esto? (las muestra descubiertas por una cola de caballo para las fotos). No debería estar pasando (risas). No sé, no me gustan.

¿Un momento inolvidable?

Cualquier diciembre con mis hermanas. Viven afuera y pasar la Navidad teniéndolas cerquita es memorable.