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La redención de Camila X Castillo

La redención de Camila X Castillo | Cortesía camilaxcastillo.com

La redención de Camila X Castillo | Cortesía camilaxcastillo.com

Abandonó los alfileres a finales de los noventa, pero esta diseñadora de moda está convencida, a sus 47 años de edad, de que jamás es tarde para coserse un nuevo comienzo. Decidida a salvarse a sí misma, venció su dependencia a las drogas, salió del abismo de la depresión y se libró de una larga historia de violencia doméstica.Redimida, con la pasión renovada y la audacia invicta de sus inicios, en esta etapa ha llevado sus costuras a las pasarelas de Los Ángeles y se convirtió en una de las participantes de la franquicia de Project Runway: Under the Gunn

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Cada vez que se pasa el lápiz de ojos y acentúa una línea que se alarga sutilmente más allá de las pestañas en el espejo aparece otra mujer. "Cuando me maquillo siento que consigo una fuerza que no tengo o que tengo y no me doy cuenta", suelta en confesión la diseñadora de moda Camila X Castillo en el baño de su casa. Es un desdoblamiento instantáneo con el que desafía temerariamente a la vida, con el que batalla a diario con sus propios demonios. Es su otro yo... o su verdadero yo. Es el renacimiento de esa mujer que salió de las tiranías de sus sombras y se propuso rescatarse a sí misma del precipicio. "En mis momentos más difíciles nunca he sentido que es el final. He llorado mucho, pero nunca he sentido que todo se ha acabado.

En los momentos más duros me repito un mantra: `Todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien".

¿Qué ha hecho que quiera seguir luchando? "¿Y qué más puedo hacer?", contesta con asombrosa normalidad.

Aquella enfant terrible de la moda, la de las propuestas insurgentes, la de la irreverencia declarada, siempre fue una rebelde, desenfadada, insurrecta. Sus costuras, un desacato, una desobediencia a la mujer que ella misma era. "Era una sifrina que siempre buscaba retar a las mujeres de sociedad como yo. Siempre he sido una contestataria a la burguesía y a sus ideas preconcebidas estúpidas", lanza su juicio. En esa época lo hacía con los textiles más costosos, pero ahora lo hace desde materiales considerados ordinarios en un discurso que se fundamenta en el arte y que intenta descoser paradigmas. "En mis diseños quiero mostrar que lo vulgar y lo intelectual pueden convivir completamente".

Por eso, se vale de referencias fetiches y sadomasoquistas en una propuesta que libera a la mujer y que busca sonrojar a una élite con doble moral. "Mi ropa intenta dejar claro que, a pesar de nuestra sensualidad, las mujeres también pensamos".

Los días negros. Un día esa diseñadora que se encumbraba al éxito lo abandonó todo. Era el final de los años noventa, el tiempo en que Ángel Sánchez, Oscar Carvallo y Durant & Diego también hacían despegar sus carreras. El destino la empujó a un barranco emocional que la alejó de la moda por 11 años. La partida inesperada de su primer esposo y luego de su padre, el galerista José Guillermo Castillo, fueron una zancadilla de la vida que la arrojó en una depresión de la que no encontraba escape sino con las drogas. "Yo estaba muy mal. Los psicólogos y psiquiatras creían que estaba perdida. Tenía una farmacodependencia muy fuerte", hace memoria. "Tenía ataques de ira, dormía por tres días seguidos, consumía cocaína.

Me desaparecía por días. En una oportunidad me quedé accidentada en el carro y cuando recobré la conciencia aparecí accidentada en otro lugar. Una vez en el barrio Chapellín un jíbaro me estaba ahorcando porque creía que le había robado su droga. Me puse en riesgo muchas veces e hice sufrir demasiado a mi familia", reconoce con los resabios de la culpa.

Decidida a un nuevo comienzo entró a rehabilitación para salvarse a sí misma. Era su voluntad volver a ser quien siempre había sido. Estremecida por la desdicha y la tristeza de tantos infortunios, se comprometió a redimirse.

"Mi etapa de adicción era algo que tenía que pasarme para valorar la vida, a mi familia, mi talento y los éxitos que había conseguido. Decidí entrar a terapia porque quise ser buena madre, porque había hecho sufrir mucho a mi hija", reconoce.

Sin embargo, su valentía le renovó las esperanzas.

Ese año de desintoxicación le volteó las perspectivas y le mostró un nuevo horizonte. "Me propuse recuperarme a mí misma". Con el ímpetu de los convencidos decidió ganarle la batalla a las adversidades.

"La vida es gratis, nadie te cobra por vivirla y yo salvé mi vida con mucho esfuerzo", lo dice victoriosa.

Todo anunciaba que se iba a reconciliar con la felicidad, mas el destino le tenía otro abismo en el camino. Una nueva oportunidad al corazón al final la devolvió a las sombras. "Cuando un hombre te deja el primer morado en la cara, ese hombre no va a cambiar nunca. Yo en ochos años siempre creí que iba a cambiar. Él me ofreció rehacer mi vida a los 40 años. Siempre quise que mi hijo tuviese una familia bonita. Me amenazó, me dejó fracturas y puntos en el cuerpo. Me rompía mis diseños, mis máquinas de coser. Tuve mucho miedo a denunciarlo y mucho miedo a la soledad. Ahora que estoy sola lo estoy disfrutando", cuenta invicta y con el episodio como parte del pasado. "Estoy en un momento que es el comienzo de algo. Superé todo lo que podía superar. Ahora somos mi talento y yo y no hay más excusas". ¿Cómo siente que la ha tratado la vida? "Pienso que me ha tratado bien. Yo soy la única responsable de lo que me ha sucedido. Cada fracaso que he tenido ha sido una oportunidad para volverme a parar. A veces me he levantado más rápido que otras, pero he logrado aprender de mis errores", confiesa con un desconcertante gesto de bondad en la mirada.

La nueva mujer X.Redimida y liberada en esta vuelta a la moda pasa sus días en el taller explorando alguna técnica junto a Wolfi, la maniquí que la ha acompañado en todas sus aventuras y desventuras. "Yo abandoné la moda en parte también por miedo al éxito, pero entendí que no trabajar en la moda es peor que lo que sea que el éxito es.

Un día sentí el vértigo de la comodidad de ser ama de casa y comprendí que si volvía y tenía un desarrollo profesional eso me convertiría en mejor mamá. Sentí que estaba en mis 40 y esta era mi última oportunidad y siento que todavía lo es", asegura en un veredicto personal. En esta nueva etapa ha llevado en dos ocasiones sus diseños a la pasarela de Los Ángeles, superó tres castings y a sus 47 años se con- virtió en una de las participantes de la primera edición de la franquicia de Project Runway: Under the Gunn. Todo un logro para una diseñadora venezolana. Allí se enredó con el tiempo en las costuras, las yardas de telas y fue la cuarta en salir de la competencia. "Creo que mi proceso intuitivo, mi rebeldía natural, estaba peleada con los procesos del programa de televisión", reconoce en su propio balance.

En este regreso Camila X Castillo ha desarrollado un discurso plástico en sus diseños que hacen referencia a artistas como Gego, Naum Gabo, Jesús Soto, Josef Albers o Santiago Calatrava en un trabajo vanguardista en el que reta y exige nuevas posibilidades a los materiales para crear geometrías y volúmenes que tienen mucha influencia del origami. Esa mujer, la de la X, por su segundo nombre, Ximena, la que en sus días de retiro del oficio de agujas y alfileres pensó que su tiempo había pasado, se enfrenta a un nuevo comienzo de libertad creativa, luego de vencer una a una todas sus adversidades. "Yo tengo derecho a la libertad y estoy aprendiendo a manejarla. Me he puesto tantos escollos en mi vida que ahora tengo que disfrutar ser libre". Es la redención de quien viene dispuesto a más. "Siento que ahora no tengo otra salida que seguir adelante", afirma en una proclama personal y tiene la determinación de los que no se van dejar arrebatar una nueva oportunidad. Esta vez no. "Yo siento que ahora es que estoy comenzando, siento que apenas es que están empezando a oír de mí".

Cada mañana, en un nuevo comienzo, va al baño y frente al espejo se pasa el lápiz negro de ojos para convertirse, no en la mujer que cree poder ser, sino en la que es.