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Las recetas de Tania

"Las recetas de mi abuela", de Tania Sarabia

"Las recetas de mi abuela", de Tania Sarabia

Las recetas de mi abuela, de Tania Sarabia, editado por Los libros de El Nacional, se encuentra en las distintas librerías del país

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La abuela de Tania Sarabia vivió hasta los 104 años, cocinó hasta los 90 y le dejó el mejor legado. “Me enseñó, entre otras cosas, a cocinar y como consecuencia, el gusto por la buena mesa”. De hecho, una de las primeras memorias de la infancia de Tania está escrita con la huella de aquellos sabores caseros.

“Me acuerdo sellando con un tenedor los pastelitos que hacía con mi abuela. Yo tendría cuatro años”. Luisa Sarabia era reconocida por sus platos: preparaba un mondongo que le pedían cuando las sesiones del Congreso se extendían más de la cuenta, en tiempos de Isaías Medina Angarita. También unas hallacas que su nieta reivindica como estelares, con cerdo, gallina y pavo. Por fortuna, esa herencia de sabores no sólo quedó en la bien aceitada afición de la actriz por cocinar y comer bien.

Esos platos con gusto venezolano superaron el siglo gracias a los manuscritos que escribió Luisa y legó a sus nietas.

“Claro, inicialmente muchas medidas estaban descritas como una locha de algo, o un medio de otra cosa. Pero se hizo el trabajo de actualizarlas”. Ahora la actriz comparte esos platos tradicionales con gusto venezolano en el libro Las recetas de mi abuela, editado por los libros de El Nacional. Allí comparte las señas de la sopa caraqueña de pescado, la lengua en salsa, la torta de plátanos maduros, el mondongo o las hallacas, entre otras recetas.

También de la paella o el pasticho. Todos con el sabor de este gentilicio que ha sumado los aportes de quienes llegaron para quedarse y los hizo suyos, a su manera, en las ollas y en la mesa. Tania Sarabia no sólo comparte el libro: además reivindica las bondades de cocinar. “Es la mejor terapia ocupacional. Si andas bravo o frustrado, te pones a cocinar y se te quita. Creo que no hubiese tanto odio si todos cocináramos”.

Las recetas de mi abuela, de Tania Sarabia, editado por Los libros de El Nacional, se encuentra en las distintas librerías del país.

Buen beber
Parras Viejas 2010
Distribuye: DHD.
Precio: 700 bs
Teléfono:   (0212)242 2707.

Así como gallina vieja da buen caldo, viñedos viejos deben dar también buenos vinos. No es lo mismo exprimir uvas de viñedos jóvenes, en plena formación, que hacerlo cuando ya la planta se ha desarrollado y logra expresar a través de sus frutos lo mejor que puede dar el suelo en que crece, el cuido que le da el viticultor y el tratamiento del clima donde vive. Es todo un proceso de desarrollo y declinación que no tiene fecha fija, pero que normalmente pasa de 50 y pueden llegar hasta 100 o más años.

Mientras más vieja es la planta, los racimos se van reduciendo pero la concentración de las uvas es mayor. Eso se comprueba probando uvas de la misma variedad en el mismo suelo, pero provenientes de parras antiguas o nuevas. En Viña Santa Helena del valle de Colchagua, en Chile, decidieron conservar un viejo viñedo que está frente a la casa colonial original de la bodega, y elaborar un vino sólo con esas uvas; vino que, obviamente, lo bautizaron como Parras Viejas.

Dicen que el viñedo fue sembrado en 1910, por lo que estamos hablando de un vino centenario, no por guarda, sino por uva. Es un cabernet sauvignon como les gusta a los chilenos, concentrado, profundo, armónico, de final prolongado, taninos domados y buena acidez. No es para aperitivos, es para acompañar comidas complejas o conversar cosas serias entre amigos.