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La racha brutal de Chino

"Yo quería entrar a Salserín y nunca hice el casting, pero ese era mi sueño" | Foto: Cortesía Cinemapress

"Yo quería entrar a Salserín y nunca hice el casting, pero ese era mi sueño" | Foto: Cortesía Cinemapress

Jesús Miranda ha tenido que ingeniar su propio método para manejar una montaña rusa de emociones. A propósito de su reciente debut cinematográfico interpretando a Felipe Pirela, el Bolerista de América, aquí revela cómo equilibra su vida personal y el estrellato de Chino y Nacho

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Brutal puede significar dos cosas: que algo es terrible o, por el contrario, formidable. Jesús Alberto Miranda Pérez, Chino para las multitudes, está lidiando con estos significados al cuadrado. Para la fecha de esta entrevista, 11 de noviembre, han pasado pocos días desde el fallecimiento de Guillermo Nieves —su segundo papá— y en pocas horas deberá subirse a un escenario en Miami a cantar y bailar. En las últimas semanas también ha tenido que enfrentar con gallardía la promoción de su primera película, su cumpleaños número 31, el resto de una gira de conciertos, dos nominaciones a los Grammy Latinos y algunos seguidores que a escasos días de esa pérdida no han considerado inadecuado pedirle que haga el favor de posarles para la foto.

Dice que su técnica es armarse de paciencia. Respirar profundamente y pensar con cabeza fría, aunque tenga por el suelo las plaquetas del ánimo. "Mi papá siempre fue un hombre muy activo, muy alegre. Decía: 'La vida es una sola: si el tren pasa, móntese'. A él no le hubiese gustado que yo me desapareciera por un mes para echarme a morir, y menos ahorita. Me hubiera dicho: 'Nada de eso, párate. Pa'lante'. En estos momentos sus consejos valen más que toda la plata, que todos los premios. También tengo que agradecerle muchísimo a la gente por todas las palabras de cariño y las oraciones que me han hecho llegar. Me han dado mucha fortaleza".

Nieves fue uno de los responsables de que Miranda aceptara protagonizar El malquerido, película biográfica sobre Felipe Pirela que dirige Diego Rísquez y que estrenó hace pocos días. "En mi casa siempre se escuchó su música, y cuando le dije a mi papá que me lo habían ofrecido, casi le dio algo de la emoción. La hice en su honor. No pudo ver la película completa, pero sí me vio caracterizándolo, me oyó cantar y le encantó".

—¿Cómo se preparó para convertirse en Pirela?

—Fue un poco complicado porque no teníamos referencias de cómo caminaba, cómo gesticulaba. El poco material audiovisual que había de él se quemó en un incendio en Bolívar Films hace años, así que tuvimos que hablar con su familia y sus amigos para averiguar cómo interpretarlo. Me apoyaron muchísimo Sheila Monterola y Héctor Manrique, mis coaches de actuación. En lo vocal, me ayudó Kyle Lovera. Yo estoy claro en que la voz de Pirela es inigualable y nunca pretendí hacer una imitación porque hubiera sido una falta de respeto, así que procuré hacer una caracterización moderna con algunas de las técnicas vocales que él usaba. La gente que escuchaba lo que grabábamos quedaba fascinada y eso me dio mucha tranquilidad... Lo más sabroso fue comer para engordar. Lo más raro fue fumar, porque Felipe fumaba y yo no sabía ni agarrar un cigarrillo. Me tocó dramatizar y transmitir melancolía, esa nostalgia suya que no tiene nada que ver con el tipo de música que yo hago y que no había podido explotar antes. Fue un aprendizaje valiosísimo.

—¿Es verdad que viene un disco con las canciones que grabó para esa película?

—Sí, es la banda sonora. De hecho, me encantaría hacer un segundo volumen con más boleros suyos. Más que por el éxito comercial, creo que salir de la rutina siempre te favorece. No estoy pensando en una carrera como solista, para nada, pero es bueno probar otros géneros y cantar boleros me gustó mucho... También voy a seguir en el cine con una película sobre Guaicaipuro que vamos a rodar el año que viene con Diego Rísquez otra vez y en la que espero participar como productor. Creo mucho en el cine venezolano, que hace cosas increíbles con mínimos recursos.

Aquí hay amor

—No todos los artistas saben manejar la fama, pero los fans de Chino y Nacho se precian de que ustedes son muy sencillos. ¿Nunca han tenido aires de grandeza?

—Por supuesto, con Calle Ciega. Cuando estás comenzando y la gente empieza a reconocerte, empiezas a creerte un poquito más que el resto del mundo; más si eres un muchacho. Pero ahí es cuando tu familia te ayuda a poner los pies en la tierra y hacerte ver lo que estás haciendo mal. Con el tiempo maduras y se te pasa. En cierto modo es verdad que los artistas somos criaturas medio raras, porque la gente normal no se para a las 3:00 de la mañana a ver la luna, sacar una guitarra y componer cosas. Sin embargo, ese pico del ego es parte natural del proceso de construir una carrera artística, creo yo. Te elevas y aterrizas. Cuando veo que un artista nuevo está pasando por eso, no lo juzgo. Es una etapa que hay que vivir.

—Ser parte de un dúo musical tiene que ser lo más parecido a un matrimonio. Toca entenderse y no todos lo resisten. ¿Cómo negocia con Nacho?

—Por suerte tenemos una comunicación maravillosa. Haber surgido de un grupo con más integrantes, donde a veces todos quieren ser el cacique, te enseña a desarrollar mucha tolerancia, paciencia, respeto. La clave para que cada uno haga lo que quiera es la planificación. Nos sentamos con nuestro equipo a elegir el mejor momento para que eso no afecte nuestros compromisos conjuntos y ya. Estamos muy claros en que las cosas que hacemos por separado impulsan nuestro crecimiento como dúo. Yo desde la actuación ahora quizás puedo aportar una perspectiva un poco más visual; Nacho ha podido componer y producir para otros artistas como Paulina Rubio o Víctor Manuelle y eso es un honor para mí también, ya que le da a él una madurez musical que enriquece nuestro trabajo.

—¿No se cansan de estar juntos?

—Bueno, tampoco es que estamos juntos las 24 horas. Cada quien tiene su vida, pero Nacho es como familia. Somos como unos primos que están ahí en los momentos maravillosos y en los difíciles. No tenemos una competencia de egos. Además, de nosotros también dependen 30 personas. No tomamos decisiones a la ligera; en ese aspecto somos dos gerentes de una empresa.

—El video del tema Me voy enamorando tiene más de 183 millones de vistas en YouTube. ¿Se imaginaron tanta resonancia?

—Grabar un video rodeado de mujeres bellas siempre es rico, pero esta vez quisimos transmitir un mensaje diferente. Mi papá tuvo cáncer, una abuela, una tía... A la gente enferma siempre se le ve con lástima, en plan de "pobrecitos". ¿Por qué no dedicarles esa misma solidaridad pero con alegría, celebrando con ellos lo bella que es la vida? La gente que está enferma también ama y tiene derecho a ser feliz. Aunque sabíamos que era una propuesta distinta no esperábamos tanto furor, pero nos alegra ver que ese mensaje llegó al corazón de muchos. Vivimos en un mundo muy superficial y Nacho y yo nos hemos ido dando cuenta de que si tenemos ese espacio para exponer algo, pues que sirva para algo positivo.

—¿En qué cree que ha residido el éxito de Chino y Nacho?

—Hay gente dentro y fuera del medio que nos ha regalado cualquier cantidad de teorías. Unos dicen que es porque yo pongo el físico y Nacho compone, o que uno tiene mejor voz que el otro. Yo diría que se trata de saber ubicarse en esta industria, que es básicamente un mercado de canciones. Algunos dicen que para tener éxito en esto hay que pagar y tener influencias, pero para mí, si no tienes buena música ni talento, no llegas a ninguna parte. Nacho y yo no salimos a la calle con una propuesta mediocre, sino con algo que transmita emoción, ebullición, lo mejor que podamos lograr. Nos interesa más eso que salir bonitos en un video o en una carátula. También estamos claros en que somos un ejemplo a seguir, porque hay muchos niños viéndonos. Nunca nos ha interesado andar en movidas raras porque esos no son nuestros valores.

—Este año están postulados al Grammy Latino, no solo como mejor álbum de fusión tropical, sino como mejor disco infantil.

—Sí, por un proyecto que a Nacho se le ocurrió que se llama Chino y Nacho for Babies, que es nuestra música en versión instrumental para recién nacidos. Me encantó la idea. A los niños les gusta mucho nuestra música y somos los primeros artistas de música tropical urbana en aventurarnos en hacer música para bebés. Estamos compitiendo con gente que la ha hecho desde siempre, así que esa nominación es una gran recompensa.

—¿Es verdad que cuando era niño imitaba a Servando y Florentino?

—Sí. En realidad yo quería entrar a Salserín y nunca hice el casting, pero ese era mi sueño.

—¿Y cuál prefería ser, Servando o Florentino?

—Ninguno de los dos, ¡yo quería ser el tercero! (risas): Servando, Florentino y Chino.

Los primeros

¿Su primer trabajo?

De niño vendía chupichupis en Macuto, estado Vargas. Fresa, parchita, tamarindo... Mi papá me compraba y con eso pagaba mis chucherías.

¿El primer autógrafo que firmó?

Desde 7° grado les rayaba autógrafos a mis amigos en todas partes. "Para fulanita, Chino". Es muy loco, pero desde chamo sentía que iba a tener algo que ver con el público. Mis amigos me han mandado fotos de firmas mías que han encontrado por ahí.

¿Su primera presentación?

En un festival en Ocumare del Tuy, con Zona 7 y La Corte. Cantaba en un grupo que se llamaba Scala 1. Hasta latas de refresco nos lanzaron.

¿El primer premio que ganó?

Fue con Calle Ciega. No recuerdo si era un Mara o un Cacique de Oro, pero lo recibimos con mucho cariño.

¿La primera vez que se oyó en la radio?

Fue también con Calle Ciega. Estaba a punto de montarme en el Metro de La California con Nacho y Emilio, y escuchamos La cachorrita. Brincábamos de la emoción.Al servicio del romantiqueo

Jesús Miranda quería ser pelotero cuando niño. Soñaba con las grandes ligas y estudió un par de semestres de Idiomas, pero su afición por la música fue superior. Apodado Chino desde pequeño por sus ojos rasgados —damnificado en la tragedia de Vargas, de mamá secretaria y papá taxista— participó en el concurso Generación S de Sábado Sensacional con el grupo Censura C y quedó detrás de la ambulancia. Allí conoció a Miguel Ignacio Mendoza —Nacho— e integró Calle Ciega junto con otros miembros que más adelante se convertirían en Los Cadillacs. Emparejados musicalmente desde 2007, los "Mackediches" ganaron un Grammy Latino en 2010 como mejor álbum de música urbana. Actualmente, están de gira por Radio Universo, su álbum más reciente.