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¡Yo pude!

Sara Rodríguez de Cruz y su esposo Jorge / Mauricio Villahermosa

Sara Rodríguez de Cruz y su esposo Jorge / Mauricio Villahermosa

La diferencia entre quienes lo intentan y quienes lo logran está hecha de tenacidad e información. Cinco personas que vencieron su sobrepeso relatan su experiencia y dos especialistas ofrecen luces para llegar sanamente a la meta

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Cuando Josué Rojas se vio en las fotos de su luna de miel en Margarita a finales de 2011, no le gustó lo que vio. “La morsa con la que posé en un parque marino se veía más delgada que yo. Suena cruel, pero es en serio. Parecíamos hermanos”. Resuelto a reivindicarse, este abogado de 28 años decidió tomar medidas. Una visita a una nutricionista reveló que pesaba 110 kilos y reunía las características de una obesidad tipo 3.

“Lo primero que hizo fue mandarme a desayunar, porque en la mañana yo me tomaba un café, salía a trabajar y no comía nada hasta las 9:00 pm. A esa hora acababa con todo”. Un plan balanceado de cinco comidas, junto con una hora diaria de ejercicios cardiovasculares y pesas, le ciñó el cinturón con rapidez: en cuatro meses perdió 23 kilos sin retorno. “Yo fui gordo toda la vida y cuando empiezas a comer más sano hay momentos en los que te preguntas si estarás dejando de disfrutar cosas, pero en poco tiempo comencé a sentirme mejor. Se me quitaron las jaquecas, mi humor mejoró, duermo bien y no siento ansiedad. Perdí tres tallas y ahora sí me gusta cómo me veo”, dice orgulloso.

¿Por qué funcionó? “Cuando no desayunamos y hacemos una sola comida al día, lo más probable es que en ese momento traguemos con desesperación”, infiere la nutricionista Sandra Suárez. “No controlamos las cantidades de lo que nos servimos y el cuerpo tiende a almacenar todas las calorías que pueda porque no sabe cuánto tiempo más va a tener que esperar hasta la siguiente comida. Cuando esa persona adopta un esquema de tres comidas y dos meriendas diarias, potencia su metabolismo. Mantiene unos niveles de glicemia más estables y procesa continuamente las calorías que consume sin llegar a pasar hambre. Si se acompaña con ejercicio, el cuerpo responde muy rápido. Para perder peso es una estrategia que suele funcionar muy bien”.

Si la buena alimentación puede cambiar vidas, Arianna Ruscio lo refrenda. Con sobrepeso desde niña, decidió adelgazar a su manera. “Una vez quise cederle el puesto a una señora en un autobús y me dijeron: ‘mejor quédate sentada porque así molestas menos’. Eso me impactó mucho”, relata. Cuando su familia se propuso alimentarse mejor con un régimen diseñado para una prima, al final sólo lo adoptó ella. “No lo hice con un propósito definido, sino por ver cómo me sentía. Además de comer más vegetales y granos, aprendí a combinar mejor los alimentos y me gustó”. Desde julio de 2010 hasta hoy, esta educadora de 23 años perdió 43 kilos. Antes: 135. Hoy: 92. “Mido 1,83 y en teoría me faltan como 10 kilos. Pienso rebajarlos, pero no es algo que me mortifique”. Cuando su sobrepeso cedió, Ruscio se recuperó de una lesión de rodilla y retomó la natación que practicaba de pequeña, pues detesta los gimnasios. Así se mantiene. “Es un alivio enorme que no te vean como una extraterrestre. No se trata de quitarse la comida, sino de aprender a comer”.

Voluntades de hierro. Cuando Sara Rodríguez de Cruz y su esposo Jorge piensan en su próxima cita con el cardiólogo irradian entusiasmo. Tanta ilusión cobra sentido considerando que el año pasado ella pesaba 77 kilos y hoy pesa 67. Su marido pasó de 120 a 99. “En enero pasado el médico nos recalcó que teníamos que rebajar porque Jorge tenía la tensión alta y yo tengo familia diabética. Cuando caímos en cuenta de nuestra gordura me inventé una dieta a mi manera. Nada muy exótico, es lo mismo que todo el mundo lee y sabe pero que no aplica: menos grasas, más frutas, más vegetales, carbohidratos con moderación. Cuando empecé a rebajar y empezaron a piropearme más, mi marido se picó y empezó a copiarse más de lo que yo comía”, dice divertida. “Los dos nos metimos juntos en el equipo de caminata de la compañía aseguradora en la que yo trabajo. Ahora caminamos varias veces a la semana”. Su marido asegura que era el momento indicado. “Me di cuenta de que las camisas ya no me cerraban, pero de abril para acá ya pasé de la XXL a la L. No lo hicimos para competir con nadie sino por nuestra salud. Para estar finos”, sonríe.

El profesor de Educación Física y preparador José Oliva es su entrenador. “Ellos dos tienen una virtud que no todo el mundo posee: constancia. Llueva, truene o relampaguee, no faltan. Si se les presenta algo nuevo, lo intentan”, explica Oliva. “Él al principio no hacía ni un abdominal y ahora es mucho más ágil, y la señora Sara incluso ha ganado medallas de oro en competencias de su categoría. Empezamos poco a poco y fuimos aumentando hasta alcanzar los objetivos”. Los Cruz no se engañan. “En Navidad claro que nos comimos nuestras hallaquitas con pernil, pero nos propusimos no aumentar más de un kilo y caminamos cuatro veces a la semana”, explica Jorge Cruz.

Los caminos de la motivación son insondables. En Valencia, el estudiante de contaduría Abel Bracho halló su resolución frente al televisor. “Vi la historia de un chamo que rebajó muchísimo en un programa de MTV que se llama I used to be fat (Yo solía ser gordo) y me vi en ese espejo. Cuando el programa se acabó, lloré mucho”. Resuelto a diseñar su propio reality para motivarse, Bracho decretó en su pin y su Facebook una cuenta regresiva e inexorable de 120 días para deshacerse de su obesidad. En enero pasado se inscribió en un gimnasio y comenzó un intenso plan de entrenamiento con masajes reductivos y orientación nutricional. “Mis amigos y mi familia estaban muy pendientes de lo que publicaba. Me ayudó ponerme metas cortas y haber caído en las manos correctas. Había días en los que me dolía todo, pero había hecho un compromiso y tenía que seguir”.

El “día cero”, Bracho descubrió que sus 120 kilos se encogieron a 92 tras cuatro meses de esfuerzo. “Mi vida cambió totalmente. Me siento mucho mejor y poco a poco he ido superando mis inseguridades de gordito, porque al principio me cortaba un poco cuando me lanzaban miradas nuevas”, admite cándido. Bracho celebró su logro poniéndose una franela que el mismo mandó a estampar –y con la que aún entrena–, con una frase en público y notorio pasado: Yo solía ser gordo.

Mil pasos al frente

El profesor de Educación Física y preparador José Oliva ofrece los siguientes consejos para no claudicar:

Busque un plan de entrenamiento individualizado. “Para no lesionarse ni frustrarse debe ser progresivo y estructurado por un profesional”.

Sea constante. “Si amaneció lloviendo y lo que uno acostumbra es caminar, puede sustituirlo por subir y bajar un escalón por media hora, por ejemplo. Algo se hace, pero nunca se deja de hacer”.

Busque variedad. “Si aparece la monotonía, el entrenamiento se vuelve muy fastidioso. Por eso hay que variar e introducir nuevos elementos”.

No se deje paralizar por las excusas. “La motivación es el 100% del entrenamiento. Si uno tiene claro por qué lo hace, lo disfruta más”.

A prueba de errores

La nutricionista Sandra Suárez ofrece algunos trucos para perder peso con eficiencia:

No desterrar los carbohidratos. Todos los grupos son necesarios, salvo que alguna condición médica los limite. “Hay gente que no come más carbohidratos después de mediodía, pero si entrena en la tarde y no le da ese combustible a su cuerpo, su entrenamiento no va a ser saludable”.

Reducir las grasas. “Un gramo de grasa contiene 9 calorías y uno de carbohidratos tiene 4. Es más fácil tratar de controlar las grasas sin limitar tanto la variedad general de la dieta”.

Adoptar un régimen flexible. “El plan de acción que se asuma debe contemplar los mecanismos para que uno también se pueda salir de vez en cuando. Nadie come lechuga todo el tiempo. La idea es no privarse en vano y saber cómo compensar, sea con ejercicio o con prudencia”.

Incorporar la actividad física. “Además de quemar calorías, el ejercicio genera endorfinas que hacen que uno se sienta bien y quiera continuar”.

Reforzar la masa muscular. “Aparte de ejercicios de cardio, conviene incluir también ejercicios de resistencia como las pesas. Cuando uno refuerza su masa muscular, ese músculo quema calorías aun en reposo. Si lo perdemos por llevar una dieta desbalanceada y ser sedentarios, engordamos más”.

Aprender a combinar los alimentos. “Hay quien dice que no se atreve a comer ciertos carbohidratos porque tienen un índice glicémico muy alto por sí solos, pero si uno los consume con proteínas, por ejemplo, hace que en la práctica su absorción sea más lenta y que la glucosa en sangre no se eleve tan rápido. Es cuestión de aprender a elegirlos y juntarlos”.