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Eli Bravo

La persistencia del recuerdo

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 La persistencia del recuerdo

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¿Cuáles momentos tienen mayor peso en tu memoria? Para algunas disciplinas como la psicología evolutiva la mente funciona cual teflón para los buenos recuerdos y como un velcro para los malos.

Según esto, tenemos más presentes los malos

¿Qué tipo de recuerdos están más presentes en tu vida?,
¿los buenos o los malos? Si bien cada cabeza es un mundo y la frontera entre bueno y malo es dinámica (e incluso relativa), la pregunta sirve para observar lo que sucede en nuestra mente. En buena medida nuestro bienestar está asociado a los momentos que recordamos y la forma como los valoramos.

Si te fijas bien, constantemente nos armamos historias ancladas al peso e intensidad de los recuerdos.

Por ejemplo, no es lo mismo pensar en las divertidas aventuras de unas vacaciones que en los amargos contratiempos que ocurrieron: el cuento que compartes contigo y los demás refuerza la percepción que tienes del pasado y en buena medida determina la valoración que le das a tu vida (o tus vacaciones).

Entonces, ¿cuáles momentos tienen mayor peso en tu memoria? Para algunas disciplinas como la psicología evolutiva la mente funciona cual teflón para los buenos recuerdos y como un velcro para los malos. Según esto, tenemos más presentes los malos momentos por una razón de supervivencia: nos mantienen alerta y listos para escapar del peligro. Ese era el caso de nuestros ancestros nómadas, siempre bajo la amenaza de depredadores, pues de haber pasado el día soñando con la placidez del arroyo bajarían la guardia y terminarían siendo almuerzo de otro animal. Si bien han pasado miles de años de aquel entonces, nuestro cerebro conserva esos circuitos de neuronas. Vistos así, los malos recuerdos nos enseñan y nos protegen.

El premio nobel Daniel Kahneman tiene otra visión. Él dice que en nuestra mente conviven dos Yo.

El primero vive las experiencias del presente y el segundo las guarda en la memoria para luego armar las historias de lo sucedido. Según la intensidad de los eventos y el momento en que ocurren, el Yo de la memoria les asigna un peso y una valoración. Así, el perder un avión durante las vacaciones soñadas se recuerda como algo mucho más grave si ocurre al final del viaje que si sucede al comienzo. Y si además hubo que dormir en el piso del aeropuerto la evaluación será mucho peor. Desde esta óptica la evaluación de bueno y malo depende de las percepciones que tenemos "después" de que nos suceden las cosas y, especialmente, cómo usamos las experiencias para proyectar el futuro. Alguien que se cuenta a sí mismo las malas historias todo el día suele tener una visión del futuro gris y espesa.

Pero hay otros estudios que nos aseguran que olvidamos los malos recuerdos como una estrategia de procesar la negatividad y así adaptarnos a los cambios de la vida con una actitud positiva. Es lo que llaman el Fading Affect Bias, cuando la información de emociones consideradas como negativas se borran más rápidamente que las positivas.

¿Cuál ha sido tu experiencia? La mía ha sido que los recuerdos tienen mayor persistencia en la medida que enfoco allí la atención. Sean buenos o malos, si me engancho en ellos y les dedico tiempo (sobre todo sin estar consciente de que lo estoy haciendo) le doy mayor peso y poder. Cuando esos recuerdos traen emociones placenteras no hay mayores problemas. Pero si hay sufrimiento es otra cosa. Es entonces cuando vuelvo activamente al presente y dejo ir esos recuerdos para aliviarme la carga.

Pretender tener un mejor pasado es tarea inútil.

Eso ya sucedió, pero como dice el psicoanalista François Ansermet: "Los resortes de la memoria están en nuestras manos. No podemos cambiar los hechos, pero sí el modo en que los interpretamos y los recordamos y, por tanto, cómo nos influyen. Podemos así modificar también cómo los sentimos y nos afectan".