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La pantera más fina

Patricia Velásquez: una pantera fina | Foto: Lekha Singh

Foto: Lekha Singh

Con igual optimismo, Patricia Velásquez estrena película, organiza jornadas de salud y promociona sus productos de belleza. Sencilla e incansable, la protagonista de Liz en septiembre comparte su buena disposición a la madurez y cuenta cómo maneja el ego

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A esta hora una pantera en cautiverio se lanza al agua, porque quiere cazar con sus dientes la carne enganchada a una rama que cuelga sobre un pequeño río, y que ha sido puesta allí para que contemplemos el espectáculo del felino que nada. Una de las primeras imágenes que catapultó a Patricia Velásquez como la enigmática modelo guajira fue un editorial para Harper’s Bazaar. No lleva maquillaje y su cabello negro cae mojado sobre los hombros, en una laguna bordeada por las ramificaciones de un uvero de playa. Mira a la cámara con un rictus determinado, como el de una Gioconda del Amazonas que sobrevive y flota sobre el agua.

La belleza es el nombre de algo que no existe. “La flama de una pequeña vela puede iluminar una habitación entera, de manera que también se agradece la oscuridad y se puede mirar como algo creado por la misma luz. La vida está llena de cosas tan monótonas que esos detalles son los que generan trascendencia. Cuando yo me fui a trabajar como modelo, producto de un certamen de belleza —en donde participé para ayudar a mi familia—, entendí que ese look un poco indígena que tengo llamó mucho la atención. Eso, aunado con el trabajo de la danza, me permitió emanar mucha energía de mi cuerpo. A los 18 años comencé a darme cuenta de que la belleza no es ese concepto que uno tenía”, dice Velásquez, sobre todo ahora cuando se empieza a sentir un poco mayor y admira sus líneas de expresión.

“Por mi lado wayuu, que nos gusta la edad, a mí me agradan las arrugas. De hecho, me siento atraída por gente mayor, la sabiduría para mí es la verdadera belleza. Mi concepto de la belleza ha ido cambiando”.  

Para qué soy buena. Desde Los Ángeles, ciudad en la que ha estado radicada varios años, mantiene la conexión con su raza a través de la filantropía, habiendo creado en 2002 la Fundación Wayuu Taya, en la que han asistido a más de 450.000 indígenas y otros pobladores en la Guajira y  el Amazonas, minoría atávica y origen de la actriz.

“No sé cuál es la condición de ese ser humano que piensa que no es bueno o inteligente. Yo tengo eso, siempre me digo que no soy la mejor actriz o que no fui la mejor bailarina ni la mejor ingeniero o la mejor hija. Cuando sientes eso todo el tiempo tienes un ego de víctima y ese ego es tan malo como el otro. Trato de hacer todo el trabajo espiritual para combatir que no soy lo suficiente. Te puedo decir que hemos salvado a muchos niños, le hemos cambiado la vida a mucha gente para bien. Es más, cuando vienen las jornadas de salud para más de 50.000 personas y todo el mundo se te echa encima, me siento la mujer más miserable del mundo”, cuenta mientras las aspas de un ventilador en la sala de su casa giran tratando de vencer su constante sudor. “Más de uno se puede identificar con este sentimiento del que hablo. Me atrevo a decir que a todas las chicas que pasamos por el modelaje nos ocurre eso. A lo mejor Naomi (Campbell) no lo tiene, pero es porque manejamos mucho el rechazo. También ocurre en la actuación, recibes muchos más ‘no’ que ‘sí”.

Las V Jornadas Integrales de Salud en la Guajira —una actividad anual de la Fundación Wayuu Taya— se efectuaron este mes en cuatro municipios zulianos. Con ellas proveen asistencia médica, odontológica y nutricional, así como medicamentos, charlas preventivas y campañas de vacunación. “El otro día escuché que cuando uno quiere algo, y sabes que estás buscando un trabajo que al obtener será bueno para los demás, tienes que celebrarlo aun sin tenerlo; cuando no lo celebras siembras la duda. Siempre estuve segura de que a la fundación le iba a ir bien. ¿Qué es la duda? Volvemos a lo mismo: es el ego”.

Trabajar con Fina. Cuando quiere ser enfática golpea su escritorio con los nudillos o con la punta del dedo índice al finalizar las frases donde necesita dejar clara su razón. Sus ojos son espejo de cierto carácter colérico. Hace tiempo que dejó la piel de Liz, aunque probablemente haya una simetría casi exacta entre ella y el personaje protagónico de Liz en septiembre, la nueva película de Fina Torres.

“Podemos estar hablando de Fina hasta mañana. Yo siempre quise trabajar con ella. De hecho, me presenté en una audición para ella hace muchos años y no conseguí el trabajo. Tenemos en común una necesidad insoportable de hacer cosas nuestras, venezolanas. Cuando todo el mundo está buscando hacer cosas fuera del país, nosotras queremos trabajar en Venezuela. El expatriado, a medida que pasa el tiempo, quiere más a su país. Sé que no es fácil de entender”, relata.

“Me reencontré con Fina en la presentación de Habana Eva en un momento en el que yo había perdido buena parte de mi capital económico; estaba muy triste, cenamos una noche y no sé quién dijo primero: ‘Es hora de que trabajemos juntas’. Todo un mundo se abrió en la investigación y el proceso de trabajo para Liz en septiembre. Fina creó una atmósfera donde había que dar más de sí. He trabajado con buenos directores, pero jamás tan a profundidad, y he aprendido tanto con ella. Y sigue, porque eso es un diario, es una profesional que se involucra en todo. Cuando tú crees que estás lista, te pide unas brazadas más”. 

La vuelta al mundo en una semana. Dice estar constantemente cansada. En una misma semana puede estar en Los Ángeles, Londres, Múnich, laborando en la venta de su línea de productos de belleza, Taya Beauty. “Estamos abriendo mercado en Europa y espero estar pronto en Venezuela y el resto de Latinoamérica. De haberlo perdido todo, aprendí que puedes ser un vehículo dentro del que no puedes controlar lo que saben realizar los demás. A la gente hay que darle el poder para fluir y saber lo que saben hacer, ese el verdadero secreto del éxito”.

Acaba de rodar la ópera prima del director Hunter Lee Hughes. También está trabajando con el guionista argentino Juan Pablo Domenech en una historia sobre la trata de personas. Alguien que ha viajado por el mundo, desde hace treinta años, podría decir cómo estamos y cómo vamos. “Creo que es el momento en el que hay mucha gente, muchas más sociedades que antes, buscando una verdad: la paz. Los líderes son las conciencias de los pueblos. Un líder no sale de la nada, son los resultados del pueblo. En el momento en que un pueblo cambie su conciencia, cambia el líder. Yo creo que en este mundo hoy hay más luz que antes. Soy una optimista”.


Una mujer llamada Liz

“Sí, es una película sobre el amor y la amistad que puede tomar cualquier tipo de forma, eso es Liz. Pero también es el derecho de morir con dignidad. Para mí, por encima de todo eso, Liz en septiembre es una película sobre el resultado de las decisiones que tomamos, lo que determina una vida son nuestras elecciones. También va sobre el sentido de permanencia. ¿Qué dejamos? ¿Si nos vamos, nos recordarán? Al final nos damos cuenta de que nos recordarán solo por el amor; lo demás es efímero”.