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Las pastelerías de la tenacidad

Dulces se preparan todos los días para la alegría de generaciones / Carolina Muñoz

Dulces se preparan todos los días para la alegría de generaciones / Carolina Muñoz

Se agradece la perseverancia de quienes no capitulan en su labor de ofrecer buenos sabores. En Caracas, por fortuna, hay lugares que desde hace más de medio siglo hornean las más ricas tradiciones: dulces que cada día se preparan para felicidad de varias generaciones. Las Nieves, Doris y Aída son tres ejemplos de los que han sabido mantener la calidad a fuego lento

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Las nieves perpetuas

Aldo Tarantini tiene el verbo comedido que comparte con algunos coterráneos de su generación y del sur de Italia. Pero no necesita mayores estridencias. Basta probar una cola de langosta, un cannoli o cualquier dulce italiano elaborado en sus dominios para que el alma se ablande en un mordisco y no hagan falta mayores explicaciones.

En la pastelería Las Nieves apostada en El Rosal, hay rutinas aceitadas con los años que no requieren palabras. En ese lugar, siempre repleto de fieles, María y Carmen preparan el café con la maestría que les da estar en la barra durante más de dos décadas. Daniel abre las focaccias recién hechas con la pericia de igual número de años. Mientras Tarantini, a sus 71, no se detiene en dolencias y con la misma entrega vigila cómo se elaboran los dulces de la casa, se encarga del mostrador, limpia lo necesario, se apuesta en la caja. “Aquí estamos a diario. Esclavizados”, dice con el acento italiano de su Puglia natal. Pero se sabe y lo sabe: no se imaginaría sin esas faenas que lo vinculan a esta tierra que eligió para siempre.

Él y su familia se encargan de Las Nieves desde 1976, pero ya la pastelería-rostissería tenía larga data: fue creada en 1954 por Giusseppe Above, obviamente italiano, quien fundó este lugar de hornos incansables. Allí los Tarantini han recreado en estas tierras los dulces como la sfoglaitella, llegados de Italia para quedarse en el gusto de muchos venezolanos. También los platos que cada día se sirven en las mesas de una ampliación que les permite más holgura.

Los clientes saben que los sábados preparan cannoli sicilianos y hay que apurarse para conseguirlos. También que los fines de semana hornean unas bombas estelares rellenas de Nutella. Que las milhojas son como nubes crujientes y que las focaccias salen incansables del horno. La segunda generación, encarnada en Marinela y Miguel Tarantini, sigue al frente de este lugar familiar, donde se habla criollo e italiano con la misma soltura, en ese mestizaje feliz de un país amable que ha sumado a su mesa los sabores de quienes llegaron para quedarse.

Las Nieves está en la Avenida Pichincha de El Rosal. Teléfono: (0212)952 0328. Abre de miércoles a lunes, de 7:00 am a 6:30 pm.

Domingo hasta las 2:00 pm.

Tradición de Doris

Marco Battipaglia hornea cada día los antojos dulces de muchos fieles. Con esa tenacidad férrea de quienes no capitulan, a sus 72 años vigila a diario los pasteles italianos que se preparan en la Doris desde hace 51 años. 

Allí, bajo su mirada veterana, se elaboran las pastieras napolitanas de ricota, las crujientes colas de langosta, los profiteroles de los que se proclama pionero en traerlos, las sfoglaitellas rellenas de ricota, la torta colomba en Semana Santa. “60% de nuestros clientes son venezolanos. 40%, italianos”, dice con una obvia pasión por los números exactos.

Su historia la cuenta apoyado en ellos. Creo la pastelería Doris junto a dos socios –“uno se fue, otro se murió”– en 1960, en los predios de La Carlota. “Entonces los dulces valían medio. Una torta, 12 Bs. Y como un trabajador ganaba 14 bolívares diarios, podía darse el lujo de comprar una los viernes”. Pero si en 51 años es mucho lo que ha cambiado en la economía local, en los predios de su pastelería apuesta por la permanencia. “Hacemos los dulces igualitos. Las pastas secas de almendras, por ejemplo, las preparo igual que hace 50 años, cuando los huevos costaban 20 Bs. la caja”. En este lugar, ahora apostado en la avenida Rómulo Gallegos, lo acompañan su esposa Vilma (nacida en Costa Rica, venezolana por adopción), sus dos hijas, su yerno y hasta su nieta de 12 años. “Cuando está en el mostrador, vale por dos. Nadie se le colea”, cuenta Battiplagia desde la voz de orgulloso nonno. Él procura elaborar por día lo que sabe se agotará antes de que caiga la noche para mantener la frescura. Cada año, en Navidad, prepara los cientos de panettones que salen de su pastelería, con el aroma que trae de Italia, en una tradición adaptada a la venezolana. “Aquí en diciembre se come panettone con hallacas”.

Ahora, antes de Semana Santa, una corte de huevos de Pascua elaborados artesanalmente puebla el lugar en todos los tamaños. Pequeños, medianos y hasta uno gigante que se planta orondo en la entrada con sus seis kilos y medio de chocolate. Él los elabora, su esposa Vilma los decora y Angela, la hija, los presenta. “Los envolvemos con tela que traemos de Italia y se hacen con chocolate venezolano”, cuenta. Arriba, donde se preparan, una multitud de huevos de chocolate espera su turno. “Trabajamos desde el optimismo. Si no los tenemos listos, no se venden. Por fortuna, siempre se acaban”. 

Dirección

Pastelería Doris está en la Avenida Rómulo Gallegos, Santa Eduvigis. Abren de martes a domingo  de 8:00 am a 7:00 pm. Teléfono: (0212)286 6422.

La permanencia de Aída

Son las 3:30 de la tarde y un feliz ritual se repite en la pastelería Aída de Los Palos Grandes. De su horno incansable apostado allí desde los años 50, comienza a salir un aroma cálido y prometedor. “Huele a canela”, reconocen en la barra. Una niña llora y su madre le ofrece el mejor consuelo. “Tranquila, amor. Ya vienen las caracolas”. Y como siempre durante 52 años, un entregado panadero saca la bandeja con decenas de las dulces promesas.

Las calles de la urbanización han mutado en medio siglo. Pero en esa esquina de Los Palos Grandes todo se mantiene como recordatorio de que lo que vale la pena, puede perdurar. Juan de Oliveira comenzó en Aída a los 15 años como empleado. “Primero fui panadero, luego hornero, después charcutero, hasta que compré parte de las acciones”. Ahora a los 51 años, permanece al frente de la emblemática pastelería que regenta desde hace tres décadas junto a su socio José Pestana.

Allí la escenografía permanece intacta desde los inicios –“solo cambió un poco en el área de la caja”. Y cada día reproducen lo que han convertido en su emblema: las caracolas que seducen desde su absoluta suavidad y los crujientes palitos de almendras. Mientras todo cambia alrededor, allí los rituales permanecen. Apenas se acaba la última caracola del mostrador, llegan recién hechas las siguientes. Los dueños van cada día como hace décadas. El panadero tiene 30 años elaborando los panes. El hornero, 15. Y los clientes, sabe Oliveira, los visitan ahora con su descendencia. “Conozco gente que venía hace años y ahora vuelven con sus nietos”. A ellos les reconoce buena parte del mérito. “Les debemos el éxito a los clientes. Son muy pacientes. Si no hay dónde estacionar, se paran como pueden. Si hay mucha gente, esperan con paciencia”. Una virtud obviamente cimentada en la recompensa: los dulces postres que allí se hornean. Y esa tenacidad se agradece siempre. “Mantenemos la calidad. No sólo porque vivimos de esto: también porque es historia”. La mejor: la que todas las tardes se devora.  

Dirección:

La pastelería Aída está en la segunda avenida de Los Palos Grandes. Abre de lunes a sábado de 7:00 am a 7:00 pm. Domingo hasta las 12:00 pm.