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El imán de las oportunidades: Mariaca Semprún, actriz y cantante

"Es increíble cómo nos rodea un entorno tan bello y tan duro al mismo tiempo; cómo un atardecer tan increíble puede contrastar con las dificultades que enfrentamos a diario" | Foto: Mauricio Villahermosa

"Es increíble cómo nos rodea un entorno tan bello y tan duro al mismo tiempo; cómo un atardecer tan increíble puede contrastar con las dificultades que enfrentamos a diario" | Foto: Mauricio Villahermosa

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Si Mariaca Semprún es de las que efectivamente organizan su vida con una agenda de papel, es muy probable que los espacios vacíos sean rarezas. Este año presentó nuevas temporadas de La Lupe, funciones de los espectáculos musicales El desconcierto y El club de los porfiados y tributos a Tania Sarabia, Simón Díaz, Yordano, Los Beatles y Gualberto Ibarreto. A finales de año se estrenarán dos películas en las que participa: El peor hombre del mundo, de Edgar Rocca, y El malquerido, de Diego Rísquez. Así mismo, actuó en el cortometraje Bird songs from Amazonia, rodado junto al Autana, en el que da vida a una exploradora británica.

Más recientemente protagoniza Vivo El Musical, un espectáculo en homenaje a Guaco que recorre la historia contemporánea de Venezuela a través de sus canciones. Allí interpreta a Natalia, una venezolana hija de inmigrantes que vive en otro país, que regresa para vender el negocio familiar y se ve en el dilema de quemar las naves o mantener vivos sus lazos con esta tierra. Mucha gente también le pregunta a ella, continuamente, por qué no se ha ido. "En un momento decidí hacerlo y al final el trabajo me atrajo de nuevo. No es algo que descarte, pero el arte se ha convertido en mi refugio, mi catarsis, la burbuja que me salva", reflexiona. "Irse o quedarse es una decisión muy personal; de hecho, creo que 50% del gremio de artistas venezolanos vive afuera. Somos pocos llenando los espacios que hay, y lo digo sin que suene lastimero. Uno nunca sabe qué puede pasar o si más adelante le toca, pero es un honor pertenecer a la red que sigue aquí".

Semprún está comenzando a preparar su segundo disco, con una impronta más latina, influencias del bolero y una colaboración de Gustavo Aguado en uno de los temas. En 2016 participará en la segunda película de Miguel Ferrari, ganador del Goya por Azul y no tan rosa. La cantante tiene planteado otro monólogo musical que espera estrenar el año que viene, como parte de una trilogía de grandes figuras femeninas que empezó con La Lupe y cuyos próximos nombres prefiere mantener aún en la reserva. "Todo lo que he podido hacer aquí quizás no hubiera podido hacerlo afuera. Creo que me ha ido bien porque las crisis son oportunidades que te ayudan a activarte para buscar alternativas y que en el caso de quienes nos dedicamos al arte responde a una necesidad muy grande de la audiencia por conectarnos con lo que somos. He participado en conciertos donde la gente está ansiosa de rencontrarse con nuestra esencia, de abrazarse, de recordar y desear un mejor país que yo siento que no se ha borrado sino que sigue latente ahí, en algún lugar", reflexiona.

En su caso, el arraigo es magnético. "Es increíble cómo nos rodea un entorno tan bello y tan duro al mismo tiempo; cómo un atardecer tan increíble puede contrastar con las dificultades que enfrentamos a diario. Es como si la naturaleza se rebelara", dice la intérprete de Valle bipolar. "En este momento, todo lo que hago aquí me sigue resultando un reto como artista, como ser humano y como venezolana. Para mí este oficio nunca había significado tanto".