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Las nuevas protagonistas del celuloide

El crecimiento pausado, aunque prolífico, de una industria nacional de cine, ha propiciado la proyección de nuevos rostros femeninos que ya han merecido reconocimiento por su trabajo en la pantalla grande. Acá una breve muestra de quiénes son

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La ocasión bien parece un reencuentro de la agrupación británica Spice Girls. Bajo la cohesión de un vestuario en el que predomina el bronce, Sheila Monterola, de mayor estatura que el resto, pronuncia su clavícula y reluce un escote imponente; Mercedes Brito tiene la hábil capacidad de cambiar la expresión de su cara con cada clic de la cámara y se erige como la más rubia del grupo; Rossana Fernández transmite distinción en el gesto sereno de unos ojos verdes que recuerdan a las viejas divas de Hollywood; Karina Velásquez se presenta sensual, a lo Victoria Beckham, con una pose que enseña pierna, y Greisy Mena es la dulzura que propone el equilibrio entre las fuertes presencias: su mirada de niña engatusa cual Lolita.

Si se esperaba drama o conflicto por figurar, desilusiónese.

A estas actrices no les ocurrió como a las estelares de la serie Desperate Housewives, que se dijeron verdades aplastantes la una de la otra para obtener el primer plano en una portada de Vanity Fair. Y es que en esta se
sión de fotos no sólo el tono de los vestidos concordaba. También la idea común de que, para solidificar una industria cinematográfica emergente, más vale unir buenas intenciones que encumbrar los egos.


¿Dónde te he visto?
En una tierra conocida por sus mujeres producidas desde la punta del tacón hasta el último mechón con laca, presentarse con ojeras y cabello desgarbado ante una cámara es una descarga brutal de vulnerabilidad. "Nuestro referente es la televisión. Para el colectivo, si no estás en ella, no eres actriz. Estamos en un país en el que el cuento de ser miss primero para saltar a protagonizar una novela ya es tradición", comenta Rossana Fernández, el personaje principal de la película El rumor de las piedras, quien obtuvo el galardón de Mejor actriz en la Muestra de Cine Latinoamericano de Cataluña el año pasado y recibió una ovación de pie en el Festival de Mérida por interpretar a Delia, una madre soltera de un barrio caraqueño.

Entre el mundo de la televisión y el cine, se ha creado un paralelismo para las actrices venezolanas. Y así como hay casos como el de Fernández y Sheila Monterola, quienes han elaborado su trayecto profesional únicamente en el cine, incluso desde el rol de acting coach, Mercedes Brito y Karina Velásquez tuvieron que probarse ante los directores como más que una cara bonita. "Hay una confrontación entre el modelaje, el teatro y el cine también. Cuando empecé a actuar, me di cuenta de que la gente no me tomaba en serio porque había posado en traje de baño para algunas revistas", comenta Velásquez, quien tuvo que abandonar el modelaje y la publicidad "para ir acostumbrando al público".

Su oportunidad estelar vino con la película Wayuú: la niña de Maracaibo, en la que, por cierto, tuvo escenas de desnudos.

"Fue una gran oportunidad, y un reto doble para que no fuera cualquier desnudo", dice.


No tan nueva.
El fenómeno de las salas llenas de un público que se interesa por las películas hechas en Venezuela ha sorprendido a una generación no precisamente nueva de actrices, pero que se perfila ante las
masas como rostros frescos capaces de brindar profundidad.

Así le sucedió a Sheila Monterola, formada en el taller Ana Julia Rojas e involucrada desde los 9 años con el cine. "Juanita fue un papel muy hermoso y demandante para mí. Es bueno que llegara en un momento en el que hay un despertar del ámbito cultural. Pero así como abarrotan las salas, también pueden abandonarlas. Por eso hay que brindar trabajos de calidad", dice la que deslumbró al director de Reverón, Diego Rís- quez, durante un encuentro en una pastelería Danubio, quien, sin siquiera hacerle un casting, le otorgó el personaje.

Como en una fórmula mágica, la efervescencia por querer ver cine nacional coincidió para algunas actrices con la oportunidad de finalmente protagonizar.

Fue la fortuna de Sheila Monterola, Karina Velásquez y Rossana Fernández. "Me vine a llamar `actriz’ después de rodar El Ru- mor de las piedras. Cuando una es muy jojotica, es una palabra respetada y lejana. Ese personaje llegó al final de mis 30 años, luego de experimentar muchos roles pequeños que me permitieron tener la madurez para representar a Delia", enuncia Fernández.

Las tres pasaron de tener papeles y apariciones menores, a promocionar sus filmes en festivales nacionales e internacionales, señal clara del ascenso en el rumbo de sus carreras.