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Las neuronas marcan caminos en tu mente

Inspirulina

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¿Cuántas veces al día te quejas?, ¿o te hierve la sangre? Depende del día, quizás sea tu respuesta. Por supuesto que hay momentos de momentos (así como hay gente que saca de quicio a un santo), pero si grabaras tu vida durante 24 horas muy probablemente descubrirás que lo haces con mayor frecuencia de lo que piensas. Muchas reacciones emocionales pasan inadvertidas porque no nos damos cuenta. Ocurren de forma aprendida. Reaccionamos así porque estamos acostumbrados a hacerlo.

Se ha comprobado que las neuronas al interactuar crean circuitos específicos en el cerebro y, en la medida en que ese circuito se activa una y otra vez, se convierte en reacción automática. De ahí la frase neurons that fire together, wire together para ilustrar cómo las neuronas al dispararse en conjunto crean el “cableado” de nuestra mente. Las neuronas aprenden a intercambiar información de forma más efectiva en la medida en que repetimos acciones o pensamientos. Esto es válido para manejar un auto, afeitarse o hacerse la víctima en una relación. Ese aprendizaje queda “impreso” en el cerebro y se almacena para ser utilizado en el momento oportuno. Es una estrategia muy eficaz que puede convertirse en un problema si no tomamos conciencia del mecanismo.

El neurocientífico Álvaro Pascual-Leone usa una buena imagen para explicar esto: el cerebro es como una montaña recién nevada. Si descendemos por ella en un trineo somos libres de tomar cualquier dirección y disfrutar la suavidad de la nieve; sin embargo, si tomamos la misma ruta varias veces iremos marcando una pista donde ganaremos velocidad y de la cual será más difícil salir. Ahora olvídate de la nieve y piensa en los ataques de rabia, las frustraciones o las quejas. Si tomas la misma ruta una y otra vez llegará el momento en que irás cuesta abajo en la rodada sin percatarte. Simplemente lo haces y cambiar de actitud parecerá como un trabajo casi imposible.

Por fortuna, los mismos estudios señalan que el cerebro es tan maleable como una plastilina y, por tanto, sí se puede abrir nuevos caminos, pero hay que hacerlo de manera consciente. Eso significa “darse cuenta” de los pensamientos y acciones para hacer una pausa y tomar otra dirección. No es fácil, lo sé, sobre todo si la montaña helada de tu cerebro tiene autopistas de las cuales no has salido en décadas.

Sin embargo, no es imposible. De hecho, mientras tomas mayor conciencia de lo que ocurre contigo en el momento presente, prestando atención a lo que te sucede y cómo te sientes, vas desarrollando la habilidad de conectarte mejor con el entorno y tu mundo interior. Desde ahí resulta más fácil hacer una pausa y observar lo que acontece. Así, en lugar de permitir que las neuronas disparen una reacción sin control (la misma de siempre), abres oportunidades para responder con mayor conciencia, sin inhibirte, sin represión, y actuando de forma efectiva y amorosa.

La próxima vez que vayas a mentarle la madre a alguien hazlo con plena conciencia, no por simple reflejo. Quizás descubras que una mentada puede estar (aparentemente) bien merecida, mas la verdad es que pocas veces trae mayor bienestar a tu vida. Mucho menos ayuda a construir una buena relación.

Para “darme cuenta” de los circuitos que mis neuronas activan a cada instante, la meditación ha sido una técnica muy poderosa. Tú puedes encontrar alguna herramienta que se acople a tu vida. ¿Por qué hacerlo? Aparte de vivir más despierto, en lugar de deambular en piloto automático, tendrás el placer de quejarte menos y disfrutar más. Mentadas de madre incluidas.