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De mutuo acuerdo

"No soy un corredor de largas distancias. Siempre lo he dicho en todo lo que he emprendido", confiesa Ferrari | Foto: Mauricio Villahermosa

"No soy un corredor de largas distancias. Siempre lo he dicho en todo lo que he emprendido", confiesa Ferrari | Foto: Mauricio Villahermosa

Miguel Ferrari comenzó como actor por vocación, pero su estreno como director en la pantalla grande con Azul y no tan rosa mereció el primer premio Goya para Venezuela. Recientemente puso en las tablas la obra De mutuo desacuerdo mientras piensa en el paso que se avecina

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Hay histerias que desconocemos aun cuando se nos ponga un espejo. Son reacciones con las que estamos familiarizados, el animal que sacamos y cuyos destrozos son difíciles de reconciliar porque nos creímos incapaces de batir puertas, romper platos y astillar corazones. El lado irracional de Miguel Ferrari, el animal que lleva dentro todo director, duerme en el arrobamiento de su éxito. “Tengo bastante parada la escritura del nuevo guion. Este año ha sido imposible conseguir tiempo por todo el asunto de los festivales a los que ha ido Azul y no tan rosa. Lo del tiempo ha sido complicado”, afirma.

Lleva ropa para ir al gimnasio y su santa madre sirve un papelón con limón para tres: “Mami, somos dos, ¿pensabas que había un camarógrafo?”. Tanto mejor, compartimos el hielo del tercer vaso. Caracas arde y conversamos en una terraza. Toda la sombra se la lleva él.

Su cara es familiar por la activa interpretación en telenovelas de los noventa, también por el teatro venezolano y el cine. La actuación ha sido su vocación. Y la convicción de que su capacidad artística puede mudarse definitivamente a la fábrica que nutre la escena, creció después de quince años de estudios en España. Cada vez firma menos sobre el título de actor. “Lo tengo un poco aparcado. Es algo que no debo olvidar nunca. Mi trabajo como actor ha sido un proyecto de vida, pero llega un momento en que has logrado un techo y es cuando te empiezan a interesar cosas que no te llegan; por eso, abrí mi horizonte hacia la dirección. Yo provoqué mi salida de la actuación para irme a preparar a España como cineasta”.

Reforzó su aprendizaje a través de la dirección de dos cortometrajes y se impuso el reto del largometraje alcanzando el primer premio Goya para Venezuela. “Escribí y dirigí desde el punto de vista de un actor”.

 

Familias sin lugares comunes. Las dos últimas historias que cuenta, primero la del cine y recientemente la del teatro (la obra catalana De mutuo desacuerdo), abordan la familia disfuncional. “No me gusta llamarla disfuncional. La familia ha evolucionado, su significado ha crecido. Se habla de la familia monoparental, o también la que uno escoge a través de la vida. El ser humano busca siempre reunirse en un núcleo, en un contexto con otros similares. No creo en la naturaleza ermitaña del hombre. Hay una realidad: el divorcio. Es tan natural como el matrimonio, pero cuando hay un niño como en el caso de la obra, ese es el punto que más me interesa explorar”. Le interesa eso de que dos personas pongan a un lado sus diferencias en beneficio del que ha visto dos seres mutando del amor al desamor. “Me molestan las etiquetas. Lo que atacamos como disfuncional es natural”. Las sentencias construidas con la idea de para toda la vida le son relativas. “Y eso que vengo de una familia muy tradicional: madre, padre y hermana menor. Mi madre estuvo unida a mi padre hasta que él falleció”. 

Mira con impresión el juicio contra la formación de familias con padres del mismo sexo, inclusive dentro de la misma sociedad española que parecía estar lista para ello; no obstante, ha de ser cierto aquello de que para la libertad nunca estamos listos, se lucha y punto. “Mi principal reflexión es que un niño necesita vivir en un contexto donde haya amor y valores. ¿Que si yo tendría hijos?  En algún momento me habría gustado, pero cada vez lo veo menos probable. Es una responsabilidad, no una mascota. Nadie está preparado. No estoy seguro de ser capaz de criar a alguien con orden y disciplina. Sin embargo, no descartaría la posibilidad. En este momento no podría atenderlo, a esta edad…”. Cifra que no aclara: “A mí siempre se me olvida la edad, no me preocupa. Todas las edades son lindas y hay que vivirlas intensamente, yo me siento con fuerza y ganas de aprender cada día más cosas. La edad está en el espíritu, es algo mental”.

Su inventario es positivo. “Cada vez te pones cosas más difíciles. Cuando has avanzado, es que te das cuenta de los cambios. Nada ha sido repentino, en mi caso ha sido un día a la vez, no me he ganado la lotería”. La próxima historia es la gran dificultad, y algo que le cuesta revelar. Como quien responde al juego de frío o caliente deja asomar que la mujer será la gran protagonista y la familia se mantiene como su gran tema.