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A la mesa con Yordano

El cantautor venezolano Yordano Di Marzo

El cantautor venezolano Yordano Di Marzo

El conocido cantautor que acaba de estrenar el disco Sueños clandestinos ­ofrecido esta semana por El Nacional­ comparte una faceta no siempre conocida: su gusto por comer bien, en abundancia y cocinar en casa. Aquí se revela parte de la historia de sabores de quien creció entre platos italianos y arepas tardías

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Yordano Di Marzo recuerda bien un récord personal en las mesas de Da Pepino, un restaurante italiano, ya extinto, que estaba apostado en La Floresta y que frecuentaba en su adolescencia. "Un día llegué a comer dos pizzas, dos escalopines al Marsala, dos platos de pasta y un banana split. ¿O serían tres pizzas? Comía mucho. Estaba creciendo", recuerda. Creció y mucho. Pero el buen apetito no claudicó en aquella etapa de su vida. "Me gusta mucho comer", reconoce plácido. Yuri Bastidas, su pareja y manager, puede dar fe de ello. "No conozco a nadie más comelón que Yordano". Y él va deshojando con gusto parte de esa geografía de sabores que ha recorrido en su vida.

"Hay cosas que pruebo que saben a recuerdo", dice el dueño de un verbo que ha logrado canciones imperecederas que varias generaciones agradecen.

Y en esta capital, multisápida y abierta, Yordano creció con los sabores italianos que preparaban su padre de Salerno y su madre del norte de Italia. En su memoria y gusto están tatuados la polenta con ragú de salchichas que aún prepara. La lasaña y los sesos rebosados que cocinaba su mamá. El ragú de carne y los mejillones al horno que preparaba su padre: "Él también era buen diente. Comía más que yo y no era tan alto". El pescado entero y crujiente, cubierto con una capa de pan rallado que horneaba su tío. Los dulces italianos como la pastiera napolitana de ricotta, que aún consigue en la pastelería El Parque de Chacao.

Los desayunos de pan, mantequilla y café con leche.

Gracias a sus afectos perdurables ­sus amigos de la infancia todavía son sus compañeros de mesa y celebraciones­, conoció otros sabores. Los de esta tierra.

Los de quienes llegaron para quedarse. Los platos compartidos y asimilados a la venezolana que unen a este gentilicio. "En casa de Failache conocí el asado, el pabellón y la costumbre de acompañar las comidas con arroz. En casa de Velásquez, la tortilla española y el arroz a la marinera". Las arepas llegaron a su cotidianidad durante la adolescencia. "Cuando estaba en la universidad salíamos a comerlas". Y ese gusto que llegó tardíamente, aún le reserva sorpresas: hace poco probó un clásico. "Me dijo: ¿Sabes qué comí? Yo pensé que era algo asombroso como faisán. `Arepas con Diablitos, respondió", recuerda Yuri la anécdota.


Música en la cocina.
El buen apetito suele venir acompañado de una destreza que merece cultivarse: la de cocinar bien. El cantautor supo que tenía ese don en los años 70, mientras vivía en Londres. En la más absoluta escasez ­"no había comida, ni plata"­, logró un bocado que llamó la atención de los vecinos.

"En el apartamento sólo había pan duro. Lo corté. Lo humedecí.

Le eché sal y pimienta. Algo de perejil y ajo en polvo que quedaba.

Y lo freí. Cuando empezó a oler, todos preguntaron qué era".

Era de esperarse que ahora, con más abundancia en la despensa, esa destreza se siga manifestando con propuestas mejoradas. Yordano cocina los fines de semana. Y a juzgar por el repertorio que revela Bastidas, el cantante se destaca. Entre sus platos recurrentes están los risottos. De tomates secos. O remolacha y chorizo. "Veo cosas en la tele y hago mis versiones", confiesa. Y sobre todo se esmera en pastas. "Podría comerlas todos los días. Siempre pueden ser distintas. Me gusta prepararlas". Y desgrana las sutilezas de una pasta sencilla que amerita detenerse en los detalles: "Lleva sólo Pecorino y pimienta. Casi se hace en el plato con la pasta al dente y un poquito de agua en la que se cocina. Allí los tiempos tienen que ser perfectos. Queda buenísima".

La vena mediterránea no sólo le sale en el repertorio, sino en el requiebre de la paciencia si alguien lo desconcentra mientras cocina. Y obviamente en el confeso apetito. Por ello, en Navidad y en su mesa, contribuyó de manera importante para que se agotaran las 97 hallacas que preparó su pareja ­"las mejores"­ y 15 panetones, incluidos los que estuvieron de oferta en enero. "Me encantan". Una rica conjunción siempre posible en las mesas de este país.