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Salud: Cómo manejar la frustración

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Querer y no poder es motivo de malestar en estos tiempos. Un experto señala por qué aparece esta emoción y cómo canalizarla de manera productiva

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“La frustración es eso que aparece cuando necesitamos o deseamos algo y surge algo que entorpece que lo obtengamos”, explica el psiquiatra Juan Carlos Angeli. “Generalmente produce ira y malestar porque no podemos hacer las cosas en las condiciones que quisiéramos”. A juicio del experto, hay varias formas de enfrentarla. Una es dejarse consumir por esa molestia, pero la más útil es usarla como un mapa para desarrollar estrategias y aprender a superar los obstáculos.

 Un buen punto de inicio es reconocer la diferencia entre conservar la vida y la calidad de vida. “Para sobrevivir, uno necesita tener cubiertas sus necesidades básicas: alimentación, descanso, un techo. En cambio, la frustración orientada a la calidad de vida tiene que ver con esa percepción de que no estoy viviendo como yo quiero o como siento que merezco, o de que hay cosas que antes me podía permitir y ahora no. Aunque hacer esa distinción no resuelve de raíz el problema, por lo menos ayuda a reconocer cuáles son las prioridades actuales y a enfocar los esfuerzos hacia lo indispensable. No se trata de juzgar si está bien o mal sentirnos frustrados, sino de saber qué vamos a hacer con eso. Tampoco significa que más adelante no podamos concretar esos deseos, sino entender que por lo pronto tienen que esperar”.

 

Calle ciega

La escasez de alimentos o medicamentos, por ejemplo, es un motivo común de desazón y frustración. “Evidentemente es muy difícil pedirle a una persona que se siente vulnerable por falta de comida o medicinas que no se frustre. En general, lo único que podemos hacer es ver cómo administramos de la mejor manera posible los pocos o muchos recursos y habilidades que tengamos, para planificar, inventar y resolver en la medida que esos recursos nos permitan. En general, todos estamos haciendo sacrificios en distintas escalas y hemos aprendido a postergar lo superfluo para ingeniarnos cómo encarar lo necesario. Vivimos en escenarios que nos hacen usar todas nuestras herramientas psicológicas para encontrar soluciones”.

Para no desgastarse, cuidarse más es esencial. “Eso implica tratar de conservar la mucha o poca salud física y mental que nos queda. Si estamos en condiciones de hacerlo, podemos dedicarnos por un momento a hacer cosas que nos gustan: escuchar música, leer, hacer ejercicio para drenar, incluso si todo eso significa cierta dosis de negación”, apunta el experto. “Uno tiene que ser coherente y realista en muchos aspectos y eso está bien en términos de supervivencia, pero pasar las 24 horas en un estado de alerta y preocupación tampoco es sano”. Revisar las creencias y reconectarse con la fe y la espiritualidad también son herramientas que pueden ayudar.

 

Qué no hacer

El peor error en el que puede incurrirse es caer en la desesperación. Angeli explica que cuando un individuo se siente amenazado, sus respuestas se concentran en huir o atacar. “En nuestro contexto actual, mantener el foco es muy importante, porque perderlo muchas veces se traduce en actuar por impulso o empeorar la situación por falta de sentido común. También hay que tener cuidado en no ser irrespetuoso con las necesidades de los demás, que pueden estar pasando por una racha peor que la nuestra”.

Afrontar situaciones que escalan rápidamente en agresividad también requiere medir los riesgos, sobre todo en lugares en los que la gente está muy alterada y las cosas pueden salirse de control; en esos casos, Angeli acota que lo más sensato es retirarse. Otro elemento a considerar es estar atento a no estallar en frustración con quienes menos lo merecen. “Está pasando mucho que descargamos nuestra molestia con gente que no tiene la culpa; pasa entre parejas, entre padres e hijos, entre amigos, con extraños”. Acota que algunas veces esto ni siquiera ocurre de manera consciente, sino por motivos fisiológicos: una persona que no esté cubriendo sus necesidades básicas de alimentación –o que carezca de los medicamentos para sobrellevar una condición crónica– probablemente estará más irritable o susceptible que una que come adecuadamente o tiene su afección bien controlada.

 El psiquiatra señala que si bien las crisis han sacado lo peor del venezolano, también son una oportunidad para hacer germinar sus virtudes. “Puede que no tengamos nada material que ofrecerle a los demás, pero ser educados y tratar de ayudar a otros en lo que podamos, por ejemplo, no cuesta nada. No perder esa humanización es muy importante. Nadie dice que esto es fácil, pero paralizándonos o cayendo en pánico tampoco resolvemos: de cualquier modo no nos queda otra opción que seguir adelante”.

 

¿Cómo colaborar?

Cuando son los seres queridos quienes se sienten más frustrados, brindar contención es ideal. Aun así, se requiere tacto, pues tratar de minimizar la ansiedad de los otros pretendiendo que no pasa nada, ofreciendo soluciones muy rebuscadas o insinuando que sus preocupaciones no son legítimas podría no generar buenos resultados. “A veces hacemos mucho simplemente con dar un buen abrazo y acompañar en silencio. La contención emocional es diferente para cada persona que la da y también para quien la recibe”.