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Cómo lograr que nuestros hijos coman bien

Comida atractiva para los niños

Comida atractiva para los niños

Es el anhelo de todo padre: que su prole ingiera vegetales, carnes y frutas en variadas y sanas porciones, pero a veces la realidad suele contradecir ese ideal. Aquí se ofrecen claves para  conseguir que los niños coman lo que los nutre y se sienten con agrado a la mesa de lo que alimentará la memoria gustativa que los acompañará el resto de su vida

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Ante la mesa se pueden aprender –y enseñar– cátedras invaluables para la vida. “Lo que los niños comen no sólo les dan su memoria gustativa del futuro, sino el sentido de hogar. Y eso se conserva a lo largo del tiempo”, recuerda a sus 90 años don Armando Scannone, quien publicó el libro Mi lonchera, con la conciencia de que los niños venezolanos no están comiendo como deberían. “No es que coman poco, es que no hay variedad”. Y en los beneficios no siempre recordados de aprender a comer bien y variado desde temprano, cita un ejemplo que quizá muchos no han contemplado: “Enseñarle a un niño a comer de todo le va a resolver la vida en muchos casos. Sólo basta imaginar, cuando crezca, el día que por primera vez lo inviten a almorzar a casa de la novia. Si le sirven algo que no le gusta o no come, no lo va a poder rechazar. Ese es un momento crucial en el que no puede mostrar debilidad”.

Enseñar a los hijos a comer bien y con buenos hábitos les ofrece visa para una vida más sana, pasaporte para un mundo de deleite y hasta sentido de pertenencia desde el paladar; por tanto, es una prioridad  esencial que se debe tener presente a pesar de los apuros y las agendas repletas. Como en todo, la génesis está en los hábitos correctos. “Así como se les enseña a cepillarse los dientes, hay que crear conductas correctas de alimentación: enseñarles a comer en las horas, no salir en ayunas al colegio y que por lo menos tomen un vaso de leche o yogur. Enseñarles a comer sentados a la mesa y no ante la TV o con un videojuego. Muchas veces se sientan solitos a comer sin un adulto responsable”, recuerda la nutricionista Luisa Alzuru.

“Hay que hacer un esfuerzo por comer en familia. Eso, lamentablemente, se está perdiendo. Las familias comen cada uno por su lado o juntos pero frente al televisor. O peor, cada uno pendiente de su celular. En nuestra casa el televisor está fuera del comedor, están prohibidos los aparatos electrónicos en la mesa y todos comemos a la misma hora. El único ‘entretenimiento’ a la hora de comer es nuestra propia familia. Esos son momentos que no se cambian por nada en el mundo”, dice José Baig, padre de tres niños, periodista, cocinero y autor del blog La cocinita de papá, donde comparte las recetas y “enlaza de forma entretenida el desafío de alimentar a una familia”. Ante la mesa se puede compartir el gusto de los mejores encuentros.

Qué procurar. Lo ideal: las comidas en las que se combinan de manera gustosa, flamante y equilibrada las proteínas, verduras, los carbohidratos y frutas. Lo frecuente: nuggets con papas fritas. La distancia entre uno y otro es un camino necesario de creatividad, conciencia y perseverancia. “Hay que tener paciencia. Hay estudios que demuestran que para que un niño incorpore un sabor debe probarlo, por lo menos, 17 veces”, asegura Alzuru. Ergo: no se puede omitir algo porque una vez lo probó “y no le gustó”. “Los vegetales no pueden ser algo opcional. Siempre debe haber. Si no les gustó de una manera, pues cambiar la preparación”, afirma la nutricionista.

Puede ser más sencillo de lo que parece. “Las zanahorias se pueden rallar en las arepas. Ofrecerles vegetales en crema”, recuerda Alzuru.  Si se excluyen de la mesa, hay pocas posibilidades de que los acepten de manera natural. “Es importante la constancia; es decir: tienen que estar permanentemente expuestos a las frutas y las verduras. Ofrecérselas, preparárselas, servírselas. Todos los días. Y no frustrarse ni forzarlos si un día no se las comen. Solo hay que perseverar”, agrega Baig.

El camino de obligarlos a comer quedó en el desván de las modalidades que nunca sirvieron. Otros senderos  resultan más certeros. “Un niño pequeño es una persona que va a tener las mismas necesidades gustativas que nosotros: le va a gustar las variaciones, las cosas gustosas”, recuerda la nutricionista Rosa Benítez, quien se encarga de asesorar las cantinas de varios colegios caraqueños para que tengan variedad.  Para ello ofrece algunas claves de “mercadeo interno”, para que frutas y verduras adquieran nuevo protagonismo en casa. “Se puede organizar la nevera de manera que los alimentos más apropiados para el niño –frutas picaditas, jugos, yogures– queden más a la vista. No es lo mismo tener una manzana en una gaveta que en un lugar donde pueda verla. Ponerlas sobre la mesa a su alcance”.

En casa de Baig lo ponen en práctica y lo confirma. “Las frutas están en un lugar donde pueden ir y agarrarlas. Ellos vienen y preguntan: ‘Papi, ¿me puedo comer un cambur?’. Si la respuesta es ‘sí’, ellos mismos pueden ir y servirse”. Del mismo modo, las chucherías de las piñatas “desaparecen” de manera mágica en la última gaveta apenas llegan de la fiesta.

Cómo lograrlo. La creatividad es clave en este propósito. “No se puede aburrir al niño. Hay mamás que, si le gusta el pan con jamón, se lo mandan todos los días”, señala Benítez. El gusto y la variedad son tan esenciales como para cualquier adulto. “Se pueden mejorar los aderezos de ensaladas, cambiar las alternativas de forma de preparación de los vegetales como rallarlos o  licuarlos en cremas, buscar los platos que aceptan e incorporar las verduras. A una pasta a la boloñesa se le puede rallar zanahoria; a una hamburguesa, agregarle tomate y lechuga. En cuanto a las frutas, es ideal ofrecerlas en trozos y si no las aceptan, en jugos o compotas, o incorporarlas en trozos en las gelatinas”, ofrece algunas claves Alzuru.

El abreboca a la buena mesa puede comenzar incluso mucho antes de sentarse a ella. “Es importante que se relacionen con lo que van a comer. Que vayan al mercado y ayuden a escoger las verduras”, dice Benítez. 

En casa de José Baig, el encuentro pasa incluso a la cocina: sus hijos lo ayudan a cocinar y son los protagonistas de los videos de su blog. “Fueron ellos los que se incluyeron en la cocina. El principal resultado es que disfruten de las cosas que ellos mismos han ayudado a preparar. También tienen la ventaja al conocer desde muy niños distintos ingredientes y técnicas de preparación. Mi hijo de 5 años ya fue a su primera clase de cocina. Él pidió que lo inscribiéramos. Así que quizá haya despertado en alguno de ellos una vocación para la vida”.

Cara de plato

Este plato de porcelana, llamado Ms. Food y diseñado por la marca estadounidense Fred and Friends, es un aliado para las madres y padres cuyos hijos no esperan con ansias el momento de la comida. Esta marca diseña productos de uso personal y para la cocina que inviten a un reconocimiento lúdico de la rutina del hogar. Disponible en Forma y Función, 2da avenida, entre 1era y 2da Transversal de Los Palos Grandes, Caracas.  

Patricia Sulbarán

Piñatas saludables

A cualquier padre con conciencia le incomodan los atracones de chucherías que suelen darse sus hijos durante las fiestas infantiles. Si bien todos esos pasapalos son tentadores, hay otras alternativas.  Lo demuestran Yoselín Padrón y María de los Ángeles Román, quienes han creado Natura Party’s, una agencia de catering con comida saludable y sin alérgenos. Tortas que en lugar de leche llevan jugo de frutas, papelón con limón como una alternativa a las gaseosas, brownies de plátano, son algunas de sus creaciones. Teléfonos: (0412) 239 4197.           

Carla Candia

Mi lonchera

Don Armando Scannone, autor de Mi cocina. A la manera de Caracas, publicó este libro esencial que ofrece 18 menús (incluyen desayuno, almuerzo y merienda) pensado para las loncheras de los pequeños con recetas que también, ajustando las proporciones, pueden llevar los adultos. “Este libro surgió porque creo que el venezolano está comiendo mal y los niños peor. No porque coman poco, sino porque no es equilibrado. La cocina venezolana, cuando es variada, es nutricionalmente excelente”, comparte el autor.

Cantinas a la altura

Quizá esa desmesura llamada tequeñón encarna el desbalance que suele ocurrir en las cantinas. “Es importante que tengan una regulación. Por lo general abundan las frituras, pero si hay control, pueden ofrecer variedad y mostrarle al niño que hay otras alternativas”, dice la nutricionista Rosa Benítez, que en su trabajo ha logrado que cantinas de varios colegios caraqueños ofrezcan alternativas más saludables como frutas. “Hay que crear conciencia en las cantinas: promover programas de educación donde se incorpore a padres, profesores y cantinas. Si en ellas hay sólo tequeñones y malta, el niño piensa que es normal. Si ve frutas y yogur se va educando con otros hábitos”, completa la nutricionista Luisa Alzuru.