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Tras el lente de Abraham Pulido

Abraham Pulido | Foto: Paul Perdomo

Abraham Pulido | Foto: Paul Perdomo

Se ha dedicado durante más de tres décadas a contar historias de un modo apasionado, lo que le ha valido reconocimientos dentro y fuera de estas fronteras.  Mientras se prepara para el estreno de la serie televisiva Demente criminal y su más reciente apuesta en la gran pantalla Hasta que la muerte nos separe, el director comparte sus retos y vivencias

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“Libertad de expresión en el aula” fue el grito que estremeció a la Universidad Católica Andrés Bello en la década de los setenta. Un grupo de estudiantes exigía la diversidad de ideas que, consideraban, estaban negadas por las autoridades de aquel entonces, extremadamente conservadoras. Abraham Pulido, apenas en el primer año de Sociología, fue uno de los cinco alumnos escogidos para empezar una huelga de hambre que radicalizó la protesta.

Su espíritu contestatario se manifestaba desde antes, cuando apenas tenía 10 años de edad y participaba en el periódico Centella donde se criticaba la postura elitesca de aquel entonces en el colegio San Ignacio. Al igual que en la universidad, sería expulsado aunque luego volvería a las aulas desde donde continuaba defendiendo sus ideales. “Sigo pensando que en la medida en que haya más libertad,  hay más progreso. Las sociedades restringidas, cerradas, incapaces de criticarse a sí mismas y entregar el poder a otros, no avanzan, son de otro momento en la historia de la humanidad”, enfatiza.

Pulido se destacaba no solo por sus luchas sociales, sino por la excelencia académica. Estando en el Centro de Estudios del Desarrollo, obtuvo una beca en la Universidad Georgetown, en Washington, que cambiaría su vida y determinaría su oficio. Aprender el idioma inglés fue el primer paso para el caraqueño, para lo cual siguió el consejo de un profesor: ver películas sin subtítulos. “Veía tres a diario. Me conquistó. Lloraba, peleaba, entendía a los personajes. Sentí: esto es lo que yo tengo que hacer”. Comenzó a cursar un máster en Dirección en el cual encajó a la perfección. Su grupo de clases lo nombró director para grabar su trabajo final para el que escogieron un cuento del cineasta y pintor Ángel Hurtado, con quien había trabajado en la OEA. “Fue mi maestro principal. Traté de robarme de él todos lo que sabía”.

Lily fue grabada en Santa Elena de Uairén y le valió un premio de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos, lo que marcó el inicio de una carrera reconocida tanto en el país como en el exterior. Desde entonces Pulido se  ha dedicado a  trabajar en su pasión y razón de vida.  “Durante más de 30 años en este medio,  nunca he dejado un día de crear imágenes, escribir o dirigir”.

 

Contar historias. “Yo sentí que era Venezuela la que estaba ganando, fue fantástico”, recuerda del momento en que alzó el MTV en reconocimiento al video No basta que impulsó la carrera de Franco de Vita. Era la primera vez que un hispano ganaba la estatuilla con forma de astronauta que pesa cerca de ocho kilos. Su hermano César, mánager del cantautor, fue quien le pidió trabajar en los videoclips del artista, lo cual terminó siendo una secuencia de éxitos y reconocimientos.

“Me dio una capacidad increíble para conectarme con ese otro lenguaje de la música. El mundo del videoclip te permite relacionar imágenes con una canción. Yo luchaba para que esas imágenes tuvieran algo que ver con lo que la gente hubiera sentido o imaginado. Mi reto era cómo hacer para sorprender o producir impacto y procurar que estas cosas quedaran en el imaginario de la gente”.

Era el peor momento del cine venezolano, pero el cineasta no abandonaba una cámara. Antes de los videoclips, el caraqueño se hizo un nombre en el mundo de la publicidad con comerciales que lograron más que vender productos. La famosa niña que en Navidad buscaba el jamón de Plumrose es uno de ellos, y sigue siendo referencia de la publicidad en el país. “Fue fantástico porque me dio entrenamiento. Me proponía en cada una de esas pequeñas historias hacer un pequeño largometraje. A mí no me importaba si la mujer tenía en la mano un detergente. Yo trataba de agarrar a esa persona y le creaba una historia que contar”.

 

Talento nacional. Pulido buscaba alguien específico para interpretar a Diana, la protagonista en Hasta que la muerte nos separe, su más reciente proyecto en el cine. Llevaba más de 300 castings en varios países, hasta que se presentó Alexandra Braun. No fue su mejor audición, pero tenía algo que no se puede comprar ni vender: “Ella transmite”, afirma Pulido. Se preparó fuertemente durante cuatro meses, incluso con clases de canto. “Alexandra es una tremenda actriz, espero hacer con ella 80 películas y las que pueda”.

En esta adaptación de Otelo de Shakespeare, ambientada en un ring de boxeo, que llegará a las carteleras el primero de abril, participa Zapata 666, con un personaje que demuestra la otra cara del rebelde rapero, capaz de expresar diferentes sentimientos y conquistar valores éticos, asegura. “Los actores son extraordinarios seres humanos en una profesión fantástica. Son capaces de transmitir, entenderse con el personaje que han intuido y leído, y enseñarte ángulos, visiones, caras, aspectos del personaje que escribiste y que no conoces, pero que ellos son capaces de demostrar”.

El mayor reto del director fue la credibilidad, por lo que parte del elenco —Eduardo Orozco, DJ 13, entre otros—  se sometió durante cuatro meses a un fuerte entrenamiento físico y psicológico para convertirse en boxeadores, con la ayuda de campeones nacionales como Miguel “Aguacerito” Acosta, Rubén Sequera y Antonio Cermeño, entre otros.

Pulido no duda en definir este largometraje como uno de los trabajos más complejos en efectos digitales que se ha hecho en Latinoamérica. Rodrigo Jiménez y parte del equipo se encargaron de hacer que estas peleas sucedan en el Poliedro de Caracas, en el Madison SquareGarden y en Las Vegas, escenarios replicados digitalmente. “Me emociona mucho porque es un reto muy grande en términos de producción y recursos económicos”.

Su esposa Mercedes Guzmán forma parte del equipo que lo acompaña desde hace más de 15 años y con el que ha creado una fórmula exitosa. “Esta profesión es tan maravillosa como ninguna otra, pero también es una de las más complejas porque el director tiene que amalgamar y combinar los talentos de todo el mundo; para que todo salga bien se necesita que los que están allí colaborando sean excepcionales”.

 

Sin parar. El trabajo no se detiene. En 2015 se comenzará a transmitir la teleserie Demente criminal, una coproducción entre Venevisión Internacional y Univisión, inspirada en el caso del psiquiatra Edmundo Chirinos. El trabajo ameritó la colaboración de la periodista Ibéyise Pacheco, autora del libro Sangre en el diván, aunque la historia se adereza con muchas subtramas que no tienen nada que ver con la realidad. “Va a suceder en Estados Unidos y es la historia de un psiquiatra que sedaba a las mujeres y se aprovechaba de ellas, a la vez que tenía todo un complejo de drogas ilegales y de alguna manera está tras una secuencia de asesinatos,  de los cuales solo pudieron comprobar uno, el de la paciente”.

El aventurero director, que en su juventud recorrió el continente con apenas 700 dólares en el bolsillo y pidiendo cola, tiene claro lo que quiere  seguir haciendo, pero aún más lo que ha obtenido con su trabajo en diferentes pantallas. “Mi vida ha estado llena de mucha intensidad, de ganas de vivir, de entender de un modo apasionante a los seres humanos. Al fin y al cabo, no importa el color de la piel, la clase social o la experiencia. Al final, todos son capaces de reír, sufrir, molestarse, entablar relaciones y amar”.

“Yo nací en este país maravilloso, pero quiero ser lo más universal posible. Quiero hacer algo que haga entender a la gente cómo pueden ser más felices o cómo pueden compartir con otros sentimientos, esa es mi tarea los días que me queden, sea uno o 20. No puedo dejar de hacerlo. Es difícil, pero lo disfruto muy apasionadamente”

 

Lo que viene

Lluvia es un proyecto para cine que Abraham Pulido comenzó a trabajar junto con Leonardo Padrón, su amigo desde los tiempos en que laboraron juntos en el talk show A puerta cerrada, en RCTV. La describe como una historia mágica, una especie de thriller erótico, que relata la vida de un músico que se enamora de una espectacular mujer en un pequeño pueblo de la costa venezolana. Trabaja además en Santiago, el hijo del trueno, la cual es el resultado de sus investigaciones sobre este personaje bíblico y al que describe como beligerante. Para TV escribe siete proyectos, uno de ellos posiblemente la adaptación de su filme Hasta que la muerte nos separe.

 

Detrás de la cámara

¿Un viaje inolvidable? Hay varios. En uno reciente me fui en el tren del Polo Norte desde Seattle hasta Vancouver. Es impresionante ver la mitad de la montaña congelada. Tampoco se me olvida la primera vez que fui a Cata y sentir esa arena dura, color cobre y terracota, esas olas y esos arrecifes.

¿Un defecto confesable? Es horrible. Suelo imaginarme algo y creo que ya lo hice. Me paso años tratando de unir la imaginación con la realidad, pero para mí ya lo vi. Estoy esperando que haya la tecnología para que lo que imagine y visualice pueda proyectarse. Ojalá ocurra antes de que me muera.

¿Su película preferida? Ciudadano Kane es un clásico. Me parece una gran historia, contada de un modo impecable.

¿Un director de cine que admire? Hay varios. David Fincher de Gone Girl, y Ridley Scott de Gladiator. Son directores que han hecho comerciales y también videoclips. Son extraordinarios.

De no ser director, ¿qué otro oficio le gustaría tener? Me fascinaría tener habilidad para la música, ser alguien que pueda componer una canción, tocar un instrumento. Para mis 80 años estoy decidido a empezar un curso de piano, además de lanzarme de un paracaídas, porque si me muero, bueno ¡ya está!