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El ímpetu de Alec Whaite

El ímpetu  de Alec Whaite

El ímpetu de Alec Whaite

Desde esta semana toma la pantalla grande con el estreno de La distancia más larga. En la película de Claudia Pinto, el actor venezolano encarna a Kayemó, un personaje clave en esta historia de viajes que conducen a cambios fundamentales. El joven de 24 años, que creció en Caracas, estudió actuación en Londres y vive en Los Ángeles, cuenta cómo se ha nutrido de elegir siempre los nuevos retos

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La ciudad de Los Ángeles alberga 3.792.621 habitantes. A escasos 300 metros de donde comienza esta conversación hay un actor disfrazado de Superman que recibe 5 dólares de quienes desean hacerse una foto junto a él mientras pisan la estrella de Christopher Reeve. Ese mismo día, a 630 kilómetros, otro actor decide acabar con su vida. El oficio de la actuación atraviesa muchas fases, entre ellas, la espera por un foco que se encienda y se pose sobre el talento.

Alec Whaite (Caracas, 1990) se encuentra en ese epicentro, donde la ansiedad de miles se va volviendo resignación, ese suicidio cotidiano que como joven desconoce porque le sobra vigor.
“Todavía me considero actor en formación y lo seguiré siendo por el resto de mi vida. Tuve mucha suerte con La distancia más larga, porque no solo fue una oportunidad para poner en práctica todo lo que he aprendido, las experiencias que he vivido en el teatro y en mis escuelas, sino que el hecho de que el guion de Claudia Pinto haya sido una historia tan particular, que no se haya contado antes en Venezuela, donde todavía se está por consolidar géneros, es muy emocionante como actor venezolano ser parte de esta ola”, cuenta. 

Whaite se encuentra, de forma fortuita, estudiando en Los Ángeles. Se apellida así, pues sus abuelos paternos son de Gran Bretaña. Whaite hace la señal de silencio a su roommate que acaba de llegar de viaje, al tiempo que le avisa que está en medio de una entrevista. Ahora se traslada a su cuarto. “Me vine a esta ciudad después de terminar el rodaje. Cuando me dieron el papel en la película tuve que dejar de ir a la escuela donde estudiaba en Londres y no la terminé. Tiempo después un gran amigo me invitó para la graduación de su hermana en Las Vegas. No tenía mucho dinero, me llevé 50 dólares y los guardé hasta el final para jugar póquer —uno de mis juegos favoritos, mi abuela me enseñó cuando tenía siete años— y gané suficiente como para venirme a Los Ángeles pagándolo todo. Estando acá un mánager se interesó en mí, me firmó y cambiaron los planes. Me becaron y sigo estudiando. Ahora escribo un guion con mi hermano”.
El antídoto contra los paréntesis de su profesión es mantenerse ocupado. Inmediatamente terminado el rodaje, actuó en el montaje de Esperando a Godot dirigido por el ganador del Óscar, Milton Justice, en el Stella Adler Academy of Acting and Theaters. “Agradezco compartir con maestros, haber trabajado con Carme Elías en La distancia más larga. Los maestros te crean más ganas de estudiar, leer, hablar con más actores, indagar. Estoy muy emocionado por el futuro, vienen cosas emocionantes para mí y para Venezuela”.

Pasión por descubrir
Recorrer el planeta aumenta la edad emocional del viajante. El padre de Alec, piloto de avión, permitió que su hijo viera el mundo desde muy joven. Cada puerto sirve de inspiración para más de un personaje. “Para mí viajar lo es todo. Mi vida personal y como actor están muy ligadas a esa naturaleza. Logré tumbar muchas barreras desde pequeño. Nunca el mundo me ha sido algo que no se pueda explorar. Antes de ir a un lugar que conozco prefiero el desconocido. Creo que eso se transfiere a mi trabajo. Antes de interpretar un personaje con el que me sienta cómodo, prefiero asumir uno que me lleve a la búsqueda de algo nuevo. Me gustan los cambios, trasladarme, la diversidad de culturas. Es muy difícil formarse estereotipos una vez que conoces familias en Jordania, Hong Kong, Moscú”.

No importa el tiempo de la estancia, cualquier segundo ayuda a construir un cierto reflejo de la realidad. Cuando se supo bachiller, egresado del Colegio El Peñón en Caracas, dice haber sentido la necesidad de indagar en sus raíces. Por ello viajó y vivió una temporada en Londres. “Uno es consecuencia de muchos factores. Estoy aquí por el amor de mis padres y antes de eso porque mis abuelos se enamoraron. Me gusta pensar que volviendo a los lugares donde estuvieron me conecto con ellos. Es la manera de buscarlos sin que estén presentes. Tampoco quise ir a la universidad, quería montarme en un avión y aprender un idioma y eso hice”.

A través de su formación como actor en el Royal Central School of Speech and Drama, supo mejor la definición del rigor. “Fue abrumador, no imaginaba la profundidad que luego te lleva a formar un carácter como actor. El como vaya viniendo vamos viendo venezolano a veces es inevitable”. Su gran lección fue entender que en Inglaterra el mango no se agarra de la mata. “Quisiera que en mi país se le diese el valor que se le da al artista allí. Un escritor, un pintor, cualquier artista logra poner una voz, un mensaje en evidencia”.

El maestro Gordon Hunt suele decir que un artista debe proteger su felicidad y al mismo tiempo contagiar a la audiencia con la sonrisa: es el trabajo de la seducción. “Cuando se escribe un personaje, el actor tiene que hacer de él algo más grande que la vida misma. Los actores no somos más grandes que la vida misma, así que tenemos que elevarnos, no bajarlo del cielo del autor. Es muy fácil dejar los sueños a un lado por la dificultad de los retos o porque alguien te dice lo difícil que es lograrlos. Yo me protejo de eso”.

En La distancia más larga 
Kayemó no quiere saber nada de su hogar, la Gran Sabana, por circunstancias que ponen en riesgo su vida. Sin embargo, los encuentros que vive con otras personas, que también huyen de sus problemas, lo obligan a enfrentar su verdad. Su solución está en las manos de otro, una seguidilla que el rol que encarna lo convierte en el héroe de La distancia más larga. Este actor viajero jamás había pisado esa geografía hasta el rodaje de la cinta. “Hace tiempo, cuando fui a Canaima, dije: ‘¡Tienen que rodar más películas aquí!’. Cuando conocí el Roraima fue un sentimiento particular. Utilicé esa sensación de alguien que llega por primera vez a un lugar en pro del personaje, porque el regreso de Kayemó a su hogar es con ojos agradecidos, como yo lo estaba al encontrarme allí”.