• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

El hombre de las distancias imposibles

Pedro Vera tiene en su hoja de vida logros poco convencionales: se ha dedicado a recorrer largos trechos en terrenos complicados a través de los ultramaratones. Aquí cuenta cómo hizo de los obstáculos un impulso para seguir adelante

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Las malas noticias pueden convertirse en el pasaje hacia aquello que desde la evidencia parecía imposible de lograr. Pedro Vera nació con una deficiencia cardiaca conocida como síndrome de Wolff-Parkinson White, anomalía que se caracteriza por la existencia de una ruta eléctrica adicional que genera taquicardias en quien la padece. Le dieron 18 años de vida, pero su historia contradijo los peores pronósticos.

Con una infancia activa, entregada al deporte, Vera no tenía interés en pensar en las limitaciones de su condición. Jugaba en la calle, formó parte del cuerpo de scouts y cuando la taquicardia aparecía, simplemente se acostaba en el suelo para recuperarse.

Como no podía seguir el ritmo del grupo, solían burlarse de él. Sin embargo, años después demostraría que estaba hecho para una vida multifacética que le llevaría a formar parte de la Guardia Real española, peregrinar por el Camino de Santiago y a reinventarse como corredor de ultramaratones, desafiando límites de tiempo, condiciones ambientales y, sobre todo, mentales.

Metas de largo aliento

Nacido en Madrid, se crió en Venezuela desde los dos años de edad. A los 18 años, y superando el pronóstico de vida de su trastorno cardiaco, decidió irse a España para formar parte de las Fuerzas Armadas. Después de dos intentos, ingresó en la Compañía de Transmisiones de la Guardia Real: "En aquel momento yo trabajaba en un Burger King y mis compañeros me decían que era muy difícil entrar en la Guardia Real, pero les dije que no perdía nada por intentar, y quedé de octavo entre las diez plazas que había disponibles. Estando ahí hice cursos de camarero, protocolo, captación, hacía de todo.

Trabajé como camarero y protocolo en los actos del príncipe Felipe, que ahora es el Rey de España". Vera trabajó ahí durante cuatro años, periodo durante el cual descubrió que existía una cirugía para corregir su problema de salud.

Después de la primera intervención, intentó hacer el Camino de Santiago pero no pudo completar el recorrido. Al parecer, su corazón aún no estaba listo: "Estuve tres días con taquicardia en un albergue. Cuando se me tranquilizó me devolví al cuartel y a los seis meses me operaron de nuevo.

Entonces lo intenté otra vez y pude hacer el recorrido completo. Fueron 820 kilómetros en 17 días". Después de dos intervenciones, su corazón estaba listo para una segunda vida: "Quise hacer el Camino de Santiago para poner a prueba mi corazón.

Terminarlo me demostró que los límites están en nosotros, en lo que dicta la sociedad. Que estamos hechos para romper paradigmas y no hay que tener referencias de que alguien haya hecho algo antes para querer realizarlo, sabiendo que si eres el primero, vas a tropezar con muchos obstáculos y eso será una referencia para otras personas".

Al concluir ese reto personal y ya fuera de la Guardia Real, se inscribió en una carrera con obstáculos en Barcelona y a partir de ahí comenzó a participar en carreras de distancias cada vez más largas. Su camino como ultramaratonista estaba empezando: "Me gustaban porque eran carreras de montaña, los paisajes que veía eran distintos a una en asfalto.

Son carreras en las que tienes que saber administrar no solo la fuerza, sino también los recursos, porque en muchas de ellas tienes que llevarlo todo encima: el agua, las comidas, todo".

Participó en uno de los primeros ultramaratones de Venezuela, el Ultra Race de Idaca, un exigente recorrido por la costa varguense que lo preparó para competir en 2012, 2013 y 2014 en el Cruce Columbia, una carrera de 105 kilómetros que hizo junto al venezolano Leonardo Celis y en la que se recorre desde Chile hasta Argentina a través de la Patagonia.

En 2013 participó en el Jungle Maratón, competición brasileña de 257 kilómetros considerada por los expertos como una de las pruebas más difíciles del planeta: "El primer día se me atravesó una rama en la pierna. Me la saqué y caminé 6 kilómetros con la herida abierta hasta el punto de control. Allí me graparon la pierna sin anestesia con una engrapadora de escritorio y tuve que correr durante siete días con la pierna herida.

El segundo día, atravesando el río, se me metió el agua en el bolso y perdí casi toda la comida, me quedaron solo unos dulces y dos bolsas de puré de papas. De 65 corredores, solo 30 llegamos a la meta".

En 2014 el atleta participó en el Ultra Bolivia Race, carrera de 170 km en la que se atraviesa el desierto de sal más grande del mundo y donde obtuvo el octavo lugar de la categoría general. Luego hizo 170 km más en la India, a la que llegó en la cuarta posición.

Más recientemente participó en el Ultra Norway Race, prueba de 106 kilómetros en el círculo polar ártico: "Como era verano, hubo muchos desprendimientos de nieve, avalanchas, así que era muy peligroso. A veces corría y se sentía el río derritiéndose, y a los lados solo tenías barrancos". Después de 28 horas y 28 segundos logró el sexto lugar en la competición.

Ahora este deportista venezolano espera poder participar en los ultramaratones de Vietnam (220 km) y África (213 km). Mientras eso ocurre, hace vida en la ciudad de Valencia, Venezuela, junto a su esposa e hijas, quienes son su principal fuente de apoyo en esta carrera de largo aliento: "Para mí el ultramaratón comienza cuando decido hacerlo porque no es solamente entrenar, es hacer ruido, conseguir el apoyo.

Cuando llegas a la meta, es inevitable pensar en todo lo que te costó llegar. Ahí uno descubre que en realidad sí se pueden conseguir las cosas".

Piense rápido

¿Cuántos pares de zapato de entrenamiento tiene?

Tengo 4, pero después de 500 kilómetros ya no te sirven, así que en realidad tengo un par.

¿Cuánto pesa el equipo que lleva a las competencias?

Como 10 kilos.

¿Ha pasado hambre en una competencia?

Sí, en casi todas.

¿El mayor tiempo que ha corrido?

En Brasil fueron siete días.

¿Alguna vez se ha preguntado, "por qué estoy aquí", mientras compite?

Siempre.

¿La mayor satisfacción de correr un ultramaratón?

El mensaje que transmito a la gente. Nada más con cambiar el pensamiento de una persona ya vale la pena.