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Al gusto criollo

Al gusto criollo | Ilustración Vanessa Balleza

Al gusto criollo | Ilustración Vanessa Balleza

A la hora de comer, beber, vestirse, divertirse y embellecerse la individualidad se impone. Sin embargo, es posible avistar rasgos comunes que definen al gentilicio venezolano. El nivel cultural, el poder adquisitivo o el segmento socioeconómico son claves.  Varios expertos dan las pistas sobre cuáles son esas preferencias que nos identifican, sin pretender sentar cátedra pues se sabe que en cuestión de gustos no hay discusiones

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El gusto culinario del país es tan variopinto como su gente, sus costumbres y regiones. Sin embargo, en cuanto a sabores se destacan dos rasgos: "Una cierta inclinación a lo dulce ­incluso en los platos llamados `salados’­ y un rechazo a los platos picantes tipo mexicanos", señala José Rafael Lovera, fundador y presidente honorario del Centro de Estudios Gastronómicos (CEGA).

Junto con esta peculiaridad, que no se da con la misma intensidad en todo el territorio, existen factores históricos que han influido en el paladar local. "El mestizaje es consustancial a la formación de nuestro patrón alimentario. La inmigración de los años cincuenta del siglo XX y la bonanza petrolera de los cincuenta, sesenta, setenta y ochenta permitieron al grueso de la población aumentar su conocimiento sobre nuevos ingredientes y preparaciones", afirma.

El hábito de comer afuera es otra característica, en especial, de los citadinos. Caracas ha tenido una restauración de altura y en décadas pasadas brillaron lugares como Le Groupe, El Patrick o Le Gazebo. Aún se mantienen las ganas de disfrutar de la policromía gastronómica que ofrece la capital, a pesar de los precios. "El venezolano quiere todo lo bueno, lo suyo. Además, todo lo bueno que ha visto o probado fuera", señala el profesor y gastrónomo Alberto Soria.

Desde otro ángulo, Lovera apunta también que "hay propuestas honestas y a la vez de orientación criollista que pueden considerarse buenas".

Las papilas gustativas apuestan cada vez más por lo endógeno, pero la cocina internacional sigue siendo la más solicitada. Eso tiene su razón de ser. "La comida en la casa es una y en los restaurantes otra. Aquí y en todas partes. El urbanita no sale a comer los mismos platos sabios de su mamá o abuela", señala Soria.

Elías Murciano, chef del restaurante Le Gourmet, lo confirma: "Yo no veo a la gente en un restaurante gastronómico pidiendo un pabellón, pero creo que sí pediría una sopa de caraotas con foie-gras". A juicio de este cocinero, el venezolano es osado y atrevido en esto del yantar. "Los clientes de Le Gourmet ­ejemplifica­ tienen gustos muy exquisitos y muchos han comido en los mejores restaurantes del planeta. Sin embargo, en general, el país ha perdido a los grandes gourmands. El comensal ha bajado los niveles de exigencia y ese gusto tuvo su momento de brillo en el pasado. Hoy no estamos al mismo nivel cosmopolita de otros países y nos toca luchar por recuperarlo".

La cuestión etílica

Escudriñar en la ingesta alcohólica de este gentilicio arroja muchos hallazgos. Los venezolanos ocupan el primer lugar en consumo alcohólico con un total de 8,9 litros anuales por persona, de acuerdo con el estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), tras analizar nueve países latinoamericanos.

En lo más alto de las preferencias, la bebida nacional es la cerveza y no es cualquiera, sino la friíta rubia del oso, que gusta a más del 70% de la población. Y si la popular birra es la reina de la fiesta, el monarca es el sofisticado caballero venido de tierras escocesas.

La firma Euromonitor International indica que en 2012 Venezuela fue el noveno país que más whisky consumió. Se calcula que se bebió en promedio 1,4 litros por habitante.

Más allá de tomarlo con agua de coco, lo que distingue a los venezolanos fanáticos del whisky es lo del vaso largo "full de hielo y con agua o soda" sin olvidar la respectiva servilleta alrededor. En esa adoración por el blended se destaca la fidelidad de marcas y un dogma inamovible: por debajo de doce años no hay etiqueta que valga, aun cuando las coyunturas económicas obliguen a consumir ocho años, como empieza a suceder en estos momentos.

A la par, el ron venezolano con denominación de origen calificada y un mínimo de 2 años de añejamiento por ley, es el destilado que mayor crecimiento experimenta. "Viene en ascenso, recuperando las ventas que antes alcanzó aunque no creo que el buen whis- ky sea desplazado", señala el gastrónomo Alberto Soria.

Lo cierto es que el paladar vuelve a degustar el ron y si bien su consumo está lejos de las 6 millones de cajas que se vendieron a finales de los setenta, su prestigio internacional hace que el destilado procedente de la caña de azúcar entre de nuevo por la puerta grande.

El vodka también gusta, así como el vino, que se ha colado desde hace diez años en las barras locales, aun cuando el incremento de sus costos ­cifrado por algunos entes en 200%­ puede incidir en esa tendencia. Hoy predomina el consumo de los vinos latinoamericanos por su buena relación precio-calidad. Las mujeres y los jóvenes han tenido mucho que ver en ese auge, que en el pasado tuvo sus momentos de gloria: en la época de la Colonia fue el consentido de las clases más pudientes; en el siglo XVIII los franceses cautivaron los paladares criollos y a mediados del siglo XX la inmigración europea lo sentó en la mesa a la hora de la comida.

En esta radiografía no se puede dejar de mencionar un arraigado consumo: el del aguardiente nacional. Su ingesta corre por las venas de la nación con énfasis en el área rural y en los segmentos E y D de la población.

Bellas ¿y bellos? a toda hora


"A la venezolana le gusta cuidarse y verse bien", afirma Cristina Premerl, médico cirujano especialista en fotomedicina y estética facial. "Alrededor del 80% de las mujeres de todos los estratos sociales desde la ama de casa, la mujer de servicio hasta la ejecutiva buscan hacerse un tratamiento de belleza ajustado a sus ingresos", afirma.

La primera parada de esa inversión son los cosméticos.

Un estudio de la firma Datos establece que las venezolanas y las ecuatorianas son las que tienen el estuche de maquillaje más completo de Latinoamérica.

Las nacidas en esta tierra son las mayores consumidoras de esmalte de uñas, lápiz y brillo labial. Casi 40% se aplica base de maquillaje y en eso de darle color al rostro no importa el momento ni el lugar: lo hacen en el Metro sin pudor, e incluso al volante de su vehículo. Aunque sólo basta con mirar alrededor, hay cifras que lo confirman: 96% afirma utilizar al menos un producto de maquillaje y 54% lo aplica a diario, según Euromonitor International.

La visita a la peluquería también es obligada en el ritual estético. "No solo se trata de verse bien por una satisfacción personal, en esta sociedad lucir bien es un valor agregado y existe una gran presión porque la venezolana es considerada una de las mujeres más bellas del mundo. La mezcla de razas ha contribuido a la fama de ese fenotipo tan atractivo, así como también la gran cantidad de coronas ganadas por las misses", explica Premerl. Por eso los spas y centros de esté- tica también son muy concurridos. "El primer tratamiento de contacto de la adolescente es la depilación láser en axilas, bikini o piernas", apunta la especialista.

Luego lo que dictamine el mercado se impone (rejuvenecimientos, hidrataciones, técnicas con láser), pero si hay algo que causa furor es la aplicación de bótox. Y cuando entra en escena el bisturí, la estrella del quirófano es la mamoplastia de aumento con un patrón muy definido: senos muy grandes, redondos y altos sin caída natural. "Las prótesis deberían guardar relación con la estatura, el diámetro del tórax y los principios de proporción y simetría, pero no siempre se cumplen", destaca Premerl.

En esto de la belleza el protagonismo no sólo es de ellas, pues el cuidado personal por parte de los hombres está en alza. "De cada diez pacientes que viene a consulta, dos son hombres. La toxina botulínica, el rejuvenecimiento facial y la depilación láser son los tratamientos más demandados en cabina", asegura la especialista.