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Dos generaciones del humor

Luis Chataing y José Rafael Guzmán / Foto: Efrén Hernández

Patricia Sulbarán Lovera / Efrén Hernández

La agudeza para producir buena comedia y humor es una virtud que se afianza en la veteranía. Para esta edición, los noveles Mariela Celis, César Muñoz y José Rafael Guzmán conversan, ríen a carcajadas y aprenden de Emilio Lovera, Claudio Nazoa y Luis Chataing

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APRENDER CON CHATAING

“Este set es como la película El color del dinero. Yo podría ser Paul Newman, pero tú ni de broma eres Tom Cruise”, vocifera en tono de reto Luis Chataing a José Rafael Guzmán, uno de sus aprendices y escritores del programa Chataing TV. El riguroso humorista descubrió el potencial de Guzmán a partir del trabajo que hacía en El Chigüire Bipolar. “Me costó conseguir gente con estilos de escritura que me gustaran. José Rafael es un sujeto que me hará feliz durante los días de mi retiro”, se anticipa Chataing, que apenas le lleva 15 años a Guzmán, pero ya acumula un trayecto de trabajo intenso en medios y estratégicamente supo incorporar a una nueva generación que se bandea generando humor por Internet.
Ambos agradecen que la sesión sea de fotos y no de video, pues es primera vez que intentan jugar al pool. “El único deporte que yo practico es carrera de lanchas una vez al año por el río Orinoco”, cuenta Chataing, y Guzmán lo secunda diciendo que él hace lo mismo, pero a puro nado. Para el experimentado, dirigir las poses para hacer creer que sabe jugar es sencillo, mientras que Guzmán ríe de nervios, con la timidez de quien es nuevo en esto.

“Como nunca tuve cable en mi casa, mis referencias eran Radio Rochela, Chataing y Los Simpson”, dice Guzmán. “Cuando me llamó para escribir en su programa, sentí que era como si me llamara Simón Bolívar”, dice con una seriedad aparente que se desmorona cuando Chataing le replica: “Pensé que más bien era algo así como Mahoma”. Escribir para una persona tan perfeccionista le mereció a Guzmán un par de gritos como acto bautismal, pero entiende que el aprendizaje también puede ser rudo. “Venía con una vibra de rebeldía y con él entendí la responsabilidad de trabajar en televisión”, dice.

ENTRE EMILIO Y CÉSAR

Al manifestarle a Emilio Lovera que él era el humorista veterano que conversaría con la nueva generación, en este caso representada por César Muñoz, frunció el ceño y se declaró en rebeldía: “Yo sabía que me iban a echar esta broma”, dijo, para luego recalcar que entre Muñoz y él sólo hay nueve años de distancia. Sin embargo, el segundo tiene poco tiempo de haberse incorporado al elenco de la comedia local si su andar se compara con el extenso e ilustre camino de Lovera, cuya escuela fue principalmente Radio Rochela.
Lovera insiste en esa condición inexplicable que reúnen las personas que tienen la capacidad de hacer reír, e incluye a Muñoz en el grupo de afortunados. “La cosa es que casi siempre el talentoso no se lo toma en serio, por la baja valoración que tiene ser humorista”, comenta Lovera sobre un fenómeno al que ha tenido que sobreponerse. “La gente cree que es sospechoso ganar dinero y tener estabilidad sólo con hacer humor”, denuncia. Muñoz se identifica con la reflexión y señala que en un momento se fue del país a estudiar música porque no se planteó vivir de hacer comedia, aunque hoy en día el destino lo haya sorprendido.
Muñoz, creador de la canción “Y yo y que qué”, la cual narra una historia de amor desde el slang de algunos jóvenes caraqueños, explica con una anécdota entrañable el porqué de su admiración hacia Lovera: “Desde niño soy fanático de Gualberto Ibarreto, pero él fue perdiendo la voz. Un día estaba viendo televisión y escuché de nuevo aquella voz que me estremecía. Resulta que era Emilio haciendo la caracterización”, cuenta con un asombro que se mantiene. Lovera le agradece el reconocimiento, pero también hace hincapié sobre los personajes que ha hecho y no han tenido éxito. “Tengo unos muñecos de mis personajes que pegaron, pero debería hacer unos de los fracasados, ¡que te aseguro son más de diez!”, rememora desde la sapiencia.


CONECTADOS EN LA LOCURA

Claudio Nazoa y Mariela Celis se conocieron en la situación más inverosímil, aunque normal dentro de sus estándares. “Fue en una sesión de fotos que representaba los pecados capitales. Yo andaba en pijama por la pereza y a Claudio le pusieron una mujer desnuda en frente, por la lujuria”, dice Celis, la única fémina de un elenco de grandes humoristas que participó en la función teatral El Debate, haciendo la caracterización de María Corina Machado. “Le conté ese día a Claudio que había llevado a un amigo mío que es enano como stripper a una despedida de soltera, y le encantó. Desde ahí conectamos con la locura”, dice.

Ambos son capaces de alargar una jarana hasta los extremos en que muchos de sus allegados llegaron a pensar que lo de su supuesto romance era en serio. “¡La mamá de una amiga mía le dijo que yo era una destruye hogares!”, cuenta Celis, y Nazoa le responde que su asistente personal lo desafió un día con una preocupación genuina acerca de su amorío secreto. “Lejos de negarlo, tenemos que decir que esto fue un flechazo”, expresa con la mirada intensa Nazoa, para luego explayarse en detalles imaginarios que incluyen una habitación de hotel, una bata a lo Raúl Amundaray con “Mi vida eres tú” de Rudy La Scala como canción de fondo. Celis va edulcorando el cuento con más chistes y suelta la frase: “Lo que pasó es que me mataron esos bigotes de Dalí”.

Sobre la incursión de Celis en el humor, Nazoa la hace sonrojar diciendo que ella nació con ese “don de los dioses”, y se apura a recordar una anécdota de la primera función de El Debate: “Al final teníamos que improvisar con preguntas del público. Ella estaba tan nerviosa que huyó detrás del escenario, buscó un papel toilet, regresó y envolvió a Emilio (Lovera)”. Celis lo acompaña en las carcajadas y luego de brindar con espumante, le agradece por la guía, mientras Nazoa se enseria por primera vez en el encuentro para prometerle que seguirán trabajando juntos.