• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

Una ganadora de altura: Joanna Di Grigoli, parapentista

En una ocasión vio junto a su madre un papagayo en forma de ícaro y pensó que podía usarlo para cumplir su anhelo de despegar los pies del suelo, pero su vida realmente cambió cuando se topó por primera vez con un parapente | Foto: Mauricio Villahermosa

En una ocasión vio junto a su madre un papagayo en forma de ícaro y pensó que podía usarlo para cumplir su anhelo de despegar los pies del suelo, pero su vida realmente cambió cuando se topó por primera vez con un parapente | Foto: Mauricio Villahermosa

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Joanna Di Grigoli creció con las convicciones de quienes saben lo que quieren aunque no sepan exactamente cómo alcanzarlo. Su deseo de volar la acompaña desde muy temprano; tanto así que su imaginario está repleto de seres y objetos alados: "Yo desde siempre quise volar, me lo pedía el cuerpo. Quería ser piloto de la fuerza aérea, pájaro, lo que fuera. Les dibujaba alas a las lanchas, a los caballos, a todo".

Di Grigoli no tardó mucho tiempo en descubrir que su sueño era posible: a los tres años vio a un señor volando con un ícaro y cuando sus padres le explicaron que se trataba de un dispositivo para volar, no descansó hasta que pudo hacerlo en la adultez: "Ahí me enteré de que uno podía cargar un aparato y volar con él. La cara que puse en ese momento fue un poema. A partir de ese entonces empezó mi obsesión por el asunto".

En una ocasión vio junto a su madre un papagayo en forma de ícaro y pensó que podía usarlo para cumplir su anhelo de despegar los pies del suelo, pero su vida realmente cambió cuando se topó por primera vez con un parapente: "Estábamos en La Victoria y vi aterrizar uno, luego los vi en la televisión y entendí de qué se trataba. En El Hatillo los empecé a ver con más frecuencia y estando en un campamento del colegio conocí a alguien que volaba parapente y me explicó dónde podía aprender, así que lo primero que hice al llegar a mi casa fue llamar a la escuela para aprender a volar, pero mi mamá me dijo que lo haría cuando fuera mayor de edad y lo pudiera pagar".

En ese entonces tenía 17 años y fue cuatro años más tarde que pudo costear su curso de parapente. A partir de ese momento, no paró. Aunque estaba convencida de que las competencias no eran lo suyo, finalmente sumó el valor y la pericia para ganar buenos lugares hasta llegar al anhelado podio: en 2004 participó en una competencia nacional y quedó de tercera. En 2012 conquistó su primer podio en una justa mundial en Macedonia: "Tenía un parapente nuevo pero me sentía intimidada por las campeonas del mundo. A la semana me dije: '¡Despierta, que tienes un parapente nuevo!'. Estaba de quinta y después de aterrizar el último día de competencia fui a cambiarme y me enteré de que había quedado en el tercer lugar. Me puse a pegar brincos en la cama, ese ha sido el podio más peleado".

En junio de este año se hizo con la máxima posición en el Abierto británico después de participar ocho veces sin ascender al podio, una vez que ganó tres de las cinco mangas de la categoría femenina en siete días de vuelo: "Estuve peleando la competencia con una francesa. Un día ella cometió una equivocación que le restó muchos puntos y eso la desmotivó un poco. Yo pude pasarla, aprovechar las condiciones del clima y eso me permitió ser constante todos los días". Días después se ubicó en el segundo lugar en el Abierto ibérico, llevado a cabo en España, lo que la coloca en la élite de las parapentistas del planeta.

Si bien resultó ser la única arriesgada de la familia, son ellos su mayor apoyo: "Me apoyan, comparten mis logros y aunque al principio les gustaba la idea, a medida que iban escuchando de accidentes aéreos les fue dando miedo. Pero yo soy una persona bien conservadora. Ningún trofeo hará que arriesgue mi vida".

Actualmente, Di Grigoli se prepara para competir en el Abierto chileno, que se realizará del 8 al 12 de octubre. Con base en la experiencia acumulada, aconseja a quienes están incursionando en los deportes alternativos: "Hay que ser muy constante, sobre todo al principio. Los deportes de riesgo no son algo que puedas practicar esporádicamente. Los primeros dos años hay que volar todos los fines de semana para progresar más sanamente. Hay que descubrir el propio ritmo de progreso y no compararse con los demás".

Su ejemplo de perseverancia vale no solo para el deporte, sino para todo el que quiera aportar algo constructivo: "Soy licenciada en idiomas modernos y procuro dar lo mejor de mí en mi deporte y mi profesión. No importa lo que hagas, pues haciendo lo mejor es que se construye un país".

En Twitter: @joannaenvuelo.