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El galán orgulloso

Luis Gerónimo Abreu / Mauricio Villahermosa

Luis Gerónimo Abreu / Mauricio Villahermosa

Luis Gerónimo Abreu, protagonista de la nueva telenovela de Venevisión, no es de los que reniega alegremente de su aura de príncipe azul. Aquí cuenta por qué la telenovela venezolana es un género digno de rescate y también qué se requiere para tener un matrimonio saludable

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Algunos actores sufren una pequeña embolia invisible cuando les dicen galanes. Nunca está de más cierta sutileza al deslizarles el término, aunque en efecto el susodicho sea un “hombre de buen semblante, bien proporcionado y airoso en el manejo de su persona”, “hombre que galantea a una mujer” o “actor de teatro o cine que representa papeles principales, sobre todo de carácter amoroso”, que son los recaudos que exige el DRAE para usar la etiqueta sin cortapisas. Pero da igual, haga la prueba. Por pura travesura, dígale “galán” a un actor unas dos o tres veces —sobre todo si es joven— y reciba una lentísima sonrisa de póquer, un imperceptible temblor de párpado, un atisbo de hasta cuándo y una salida elegante en la que insinuará que él no quiere que el mundo lo vea como galán, sino como actor.

Puede esperar también alguna cita de Brecht o Stanislavsky para enfatizar que él no es solo un tipo guapo, que él sí estudió. Un momento DiCaprio en la era pos-Titanic.

Pero a sus 41 años, Luis Gerónimo Abreu —de sonrisa luminosa e inexplicable halo de surfista perenne— no hace nada de eso. No por pérdida de atributos seductores, sino por suma de madurez profesional. Sustituye esa rutina con una refrescante confesión. “Yo era uno de los que decía esas cosas y ahora me arrepiento, porque con los años me fui dando cuenta de que con eso le faltaba el respeto a increíbles trabajos de grandísimos actores como José Bardina, Raúl Amundaray, Eduardo Serrano, Víctor Cámara… hasta Luis Abreu, mi papá”. Si lo asocian con esa liga, el título lo honra. Para él, ser un galán significa necesariamente ser actor. “En una telenovela cada uno tiene su función. La protagonista, por más aguerrida que sea, debe ser un personaje al que el público quiera proteger. La mujer venezolana suele ser fuerte, inteligente, con personalidad, como una Doña Bárbara. Entonces, el reto de ese galán es saber —con la mayor sinceridad posible— cómo ser capaz de conquistar y cuidar a esa Doña Bárbara. Uno trata de que cada personaje tenga una esencia distinta, entender qué pide la historia y saber lograr que quien lo vea diga: ‘Yo a ese hombre lo amo”.

Tenerlo claro ayuda. Por eso no sorprende que Venevisión lo haya escogido para acompañar a la ex miss Venezuela Irene Esser en su estreno como actriz, así como balanceara el debut de Mariángel Ruiz y Anastasia Mazzone como protagonistas. El nuevo drama de Vivel Nouel, Corazón esmeralda, “es una telenovela rosa-modernizada-ecológica”, explica. Esser interpreta a Beatriz, una defensora de la naturaleza, y Abreu es Juan Andrés, un abogado que desconoce que la empresa para la que trabaja contamina el medioambiente. “Irene está muy bien y es una historia que está maravillosamente dirigida. Nos duele que no se haya podido hacer en alta definición, porque tiene paisajes espectaculares. Esa es una de las grandes debilidades de las producciones venezolanas en este momento, que por presupuesto se han ido rezagando tecnológicamente dentro de un mercado que impone ese cambio de formato”.

Género vivo. En Los secretos de Lucía, la sonada primera producción en HD del país, Abreu da vida a Rubén Olmedo, un gigoló cobarde e inseguro que raya en la comedia al velar por sus propios intereses. Su fecha de estreno sigue siendo un misterio, a pesar de que otros países ya la compraron. “De hecho, no sé si llegue al aire por la Ley Resorte, porque más que una telenovela es una serie de acción”.

La menguante producción de dramáticos nacionales lo aflige. “Es una tragedia que los canales tengan que hacer de tripas corazón para poder grabar una novela. Para Los secretos de Lucía, transportar un arma de utilería o pedir permiso para hacer una escena con un helicóptero eran cosas casi imposibles, y a pesar de nadar tanto contra la corriente, se logró. Pero ahora no se sabe si la podremos ver, porque resulta que las telenovelas tienen la culpa de las 25.000 muertes que hubo en este país el año pasado”. La sonrisa se apaga. Su hermano Antonio —expolicía, fallecido en 2010 a manos del hampa— fue su inspiración para su personaje de detective en La viuda joven. “Esas son las cosas que no entiendo. Qué te puedo decir. Lo fundamental es que quienes nos gobiernan garanticen la paz”.

¿Cree que la telenovela venezolana se agotó? “Para nada, el género sigue vivo. No es falta de creatividad ni de talento. Quien pretenda echarle tierra al valor de la telenovela venezolana está negando el trabajo de plumas como José Ignacio Cabrujas, César Miguel Rondón, Leonardo Padrón”. Cita los recientes remakes de Las amazonas, Juana la virgen, Cosita rica y Un esposo para Estela por canales y coproductoras extranjeras, y la adquisición de los derechos de La viuda joven para ser producida por la cadena estadounidense NBC. “Es muy merecido porque Martin Hahn hizo tremendo trabajo; el capítulo final incluso fue trending topic mundial. Donde están pifiando es con no repetir el elenco, ahí pelaron”, dice con fingido agravio. “Chévere que lo intenten, pero no les va a quedar igual”.

 

 

Luis en septiembre

Abreu participa también en la esperada película de Fina Torres, Liz en septiembre. “Es una cinta muy femenina y con un elenco maravilloso. Una historia de amor bellamente contada más allá de los géneros. Yo soy solamente una excusa para tener a un hombre en la película”, dice divertido. “No es que esté de adorno, pero como suele pasar con las películas de Fina, es una historia que busca acentuar los valores femeninos. Hay que verla”.

 

Matrimonio resistente

Mientras termina de grabar Corazón esmeralda, el actor prepara el montaje de dos obras de teatro: Taxi y Divorciémonos, cariño, donde actuará con su esposa Claudia La Gatta. ¿Es fácil trabajar con la pareja? “La verdad es que sí, aunque no siempre estamos de acuerdo en todo. Somos muy tercos, pero diferenciamos las cosas. El trabajo es trabajo y la casa es la casa”.

Ambos han vivido en países diferentes por oportunidades laborales. “¿Cómo se sobrelleva eso? Con confianza, comunicación,  sexo cibernético, lo que sea (risas). Yo sería muy egoísta si le dijera a mi mujer que no se fuera o no hiciera un proyecto que le gusta. Hay gente que me dice que Claudia ha hecho más cine que yo y es verdad. Yo les digo que me parece fabuloso y que haga más, que ella es mi plan de retiro”, dice divertido. “Ella tiene que hacer lo que quiera, porque sé que cuando tengamos hijos va a haber un período en el que va a tener que sacrificar más proyectos que yo”.