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La fiesta permanente de Marina Taylhardat

"Mi papá me puso Marina porque él fue capitán de marina y siempre sentí una gran curiosidad por su trabajo" | Foto: Mauricio Villahermosa

"Mi papá me puso Marina porque él fue capitán de marina y siempre sentí una gran curiosidad por su trabajo" | Foto: Mauricio Villahermosa

Diseñadora autodidacta y amante de lo artesanal, está celebrando los primeros diez años de Ushuva, marca venezolana con la que viste de corazones y motivos tropicales a sus seguidoras. Aquí comparte la historia detrás de su éxito

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O sea... ¿Tú me estás queriendo decir que entonces los sueños sí se hacen realidad?". La pregunta la hizo una niña de diez años, al final de una charla escolar sobre moda en la que Marina Taylhardat —diseñadora de la marca Ushuva— le expuso a su pequeña audiencia a qué se dedicaba y por qué le gustaba su trabajo. "Esa pregunta me dejó pensando y me di cuenta de que sí, que lo que esa niña había entendido es cierto. Mis sueños sí se han vuelto realidad. Hace diez años esto es lo que yo quería hacer y sigue siéndolo".

Su marca también tuvo inicios casi oníricos. Taylhardat, la menor entre los cinco hijos de un diplomático y una educadora —ambos venezolanos—, nació en Portugal, vivió en Canadá desde los tres años de edad y a los once llegó a Venezuela. "Acabando de llegar hablaba más inglés que español, pero todo me encantó. Los atardeceres de colores insólitos que se ven aquí me fascinaron, las guacamayas volando, el verde fosforescente de los árboles. Era algo irreal, como de cuentos, de sueños. A la mayoría de los caraqueños todo esto les parece muy normal porque lo ven todos los días, pero no es nada normal: es increíble. Para mí ese amor por lo tropical, por lo de uno, se convirtió en algo que yo quería celebrar, que quería compartir".

La chica (de niña soñaba con ser modelo e incluso participó como Miss Amazonas en el Miss Venezuela de 1996) se debatía entre seguir los pasos del padre o incursionar en la moda. "Mi papá me puso Marina porque él fue capitán de marina y siempre sentí una gran curiosidad por su trabajo". Aunque se graduó en Estudios Internacionales, pronto se dedicaría a su verdadera vocación. Mientras estudiaba, conoció a la que sería su socia, la modelo María Luisa Flores. "Nos conocimos por un amigo en común. No éramos amiguísimas, pero siempre que pensaba en alguien con quien yo abriría un negocio, me parecía que ella era la indicada".

Así, se aliaron para crear una marca de accesorios artesanales. "Compramos como 2000 bolívares en pepitas para hacer collares y de esa manera empezamos. Eso era todo. Éramos super-hippies", recuerda divertida. "Como nombre nos gustó uchuva, como la fruta, pero le cambiamos la c por la s para darle otro sonido". Lo que comenzó como un negocio sencillo en las que ambas ensartaban sus propias cuentas empezó a crecer rápidamente. En pocos meses tenían empleadas a su cargo y clientas que les solicitaban otras piezas. "Nos gustaba la idea de mezclar colores tierra con colores vivos, con un sentido de la estética de lo que podía venir e interpretado desde lo artesanal". Con los años, las socias se separaron. "María Luisa quería irse del país para profundizar en su carrera como modelo y actriz. Yo me quedé con la marca porque quería seguir experimentando y acordamos eso. Seguimos siendo muy amigas".

De vuelta a lo básico. Si algo reivindica Taylhardat es el valor de las piezas básicas. "Siempre me gustó la idea de probar con camisetas y vestidos y aquí ese era un mercado que no estaba tan desarrollado". También ha experimentado con franelas para hombres, trajes de baño, cinturones y otras piezas. Diez años después, se precia de que sus franelas y vestidos combinan el aire artesanal con estándares de máxima calidad, con tejidos fabricados en Perú especialmente para la marca y cosidos en Venezuela.

"Ushuva es una marca transparente en el sentido de que creemos en el pago de un precio justo por un trabajo justo. Nos gusta saber quiénes son las personas que laboran para nosotros y en qué condiciones lo hacen: cómo se producen esas telas, quienes las cortan, quiénes las cosen. Creo que esa sensibilidad social refuerza mucho la buena vibra que buscamos transmitir y por la cual también apoyamos causas y fundaciones", apunta Taylhardat. La atención al detalle es una de sus premisas fijas. "Usamos mucha tijera para detalles como los flequillos, por ejemplo. Nuestros patrones explotan lo femenino sin ser vulgar, pensando en una mujer del trópico, que es coqueta, fresca y busca algo que sea diferente y bello".

Falta un pedacito. De todos los diseños que han decorado las piezas de Ushuva el más representativo es un corazón al que le falta un trocito. "Hace 5 años, Ana Luisa Baptista y yo estábamos experimentando con el concepto del corazón y le entregamos el diseño a una de las costureras para que lo cosiera en una franela. No sabíamos qué vuelta darle: quizás ponerlo de un lado y no en el medio". El corazón era tan grande que el espacio no alcanzó. "La costurera me dijo: 'Intenté coserlo completo pero no me cupo. Mire, le faltó un pedacito'. Así, de lo que parecía un error, nació esa idea que representa en buena medida lo que es Ushuva, que es ofrecer amor, que lo que hagas tenga un pedacito de tu corazón".

Cuando subió el modelo a su página de Facebook, Taylhardat se percató del éxito del diseño. En pocos días acumuló 4000 seguidores, apunta. El corazón incompleto se convirtió sin esfuerzo en un sello que ha conservado en las siguientes colecciones y que reinterpreta nuevamente con la diseñadora gráfica Ana Rísquez para este décimo aniversario.

"Ushuva tiene su propia esencia y es delicado cambiarla", reconoce. Para probar otros lenguajes, la diseñadora está decidida a crear una segunda marca bajo la cual desarrollará nuevas ideas. "Serían básicos con un poco más de lujo y con otros materiales: cuero sintético, neopreno, otras propuestas para salir de la caja. Más que una colección masiva, serían piezas de edición limitada". También prepara con la diseñadora Juliette Ghamra una línea de accesorios en metales. "Hacer moda en Venezuela es un proceso agotador que a veces es doloroso, pero al mismo tiempo, muy satisfactorio. Yo me gozo lo que hago y sigo aquí, creciendo y apostando".

Aciertos y pecados

¿Qué considera una señal de buen gusto?

Que dentro de tus posibilidades siempre estés impecable, así sea en plan casual.

¿Qué le parece de mal gusto?

Los hombres que usan camisas de acampar para ir a todas partes y que tienen hasta una más oscurita para salir a cenar. Es terrible. ¡Son de acampar! (risas). Supérenlo, por favor.

¿Qué le llena de satisfacción como diseñadora?

Que cuando llamo a algún sitio en nombre de Ushuva para trabajar con alguien, la reacción siempre sea positiva. Es un reconocimiento a nuestro trabajo que valoro mucho.

¿Cómo se define en su oficio?

La gente me ve muy relajada pero en realidad soy muy exigente.

¿Qué siente cuando ve una pieza suya en la calle?

Mucha satisfacción. Si esa persona me reconoce, tenemos esa mirada de aprecio mutuo que siempre me da mucho orgullo. En Sabana Grande he visto ropa que se parece un poco a lo que yo hago. Aunque no es lo mismo, de todos modos es halagador.

¿Qué es la elegancia?

Conocerte a ti misma y saber qué te queda bien y qué no. Saber llevar lo que tienes puesto con naturalidad y estilo.

Clóset abierto

¿Qué colecciona?

Lentes de sol y sombreros. Los lentes son mi accesorio favorito.

¿Hay algo que jamás se pondría?

La verdad es que no. Nunca digo nunca.

¿Un color poco frecuente en su atuendo?

El marrón.

¿Cuál es su color favorito para vestir?

Me encantan los colores, pero la verdad es que tengo mucha ropa negra.

¿Una pieza que no debería faltar en el guardarropa femenino?

El vestidito negro.

¿Un accesorio que todo el mundo debería tener?

Un buen reloj.

Pequeñas grandes musas

Taylhardat las llama sus "mini-mís" y lo son. Alessia y Sofía —de 11 y 7 años— no solo heredaron íntegra la fisonomía de su madre, sino también su entusiasmo por la moda. "Les encanta todo esto. De hecho, la línea infantil —de 2 a 12 años— salió porque ellas me lo pidieron. Veían la ropa y decían: '¿Y nosotras, mami?'. Ale me ayudó a diseñar una de las franelas de la colección pasada con un dibujo y Sofi está por colaborar con uno suyo", relata Taylhardat. "Me fascina trabajar con niñas. Muchas son super-fans de Ushuva porque en general la marca tiene un aire un poco infantil y es genial ver la sonrisa y la actitud cool que ponen cuando vienen a probarse cosas; es como un juego. Las entiendo porque yo también soy muy infantil".

Las piezas de Ushuva se consiguen en 22 puntos de venta a escala nacional y también pueden adquirirse en línea. Más información en www.ushuva.net.

Producción: FranciestPoller / @franciestpoller

Maquillaje: Christian Gil / @christiangilzone

Vestuario: Ushuva y Tienda Corot

Accesorios: OuiRoc