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La fiebre del Pole

La fiebre del Pole / Ricardo Robles

La fiebre del Pole / Ricardo Robles

Aunque asociado a una sensual forma de baile, el pole dance es una disciplina deportiva que exige un alto nivel de preparación física. Venezuela tiene en su haber varios campeones en esta nueva manera de ejercitarse que está dando de qué hablar. Aquí revelan los detalles de esta práctica

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Acróbata, bailarín, atleta. El pole dance pone a prueba más de una faceta de quienes lo practican y por eso los que logran dominarlo exponen una mezcla de talentos cuyo resultado final son figuras aparentemente imposibles de emular. Sin embargo, un grupo de pole dancers venezolanos ha demostrado que se trata de una práctica en la que cualquier interesado puede obtener resultados sorprendentes, incluso campeonatos nacionales e internacionales.


Un bailarín prestado al pole dance

Gregorys García disfruta del privilegio que otorga la novedad. En un país en el que la práctica de esta disciplina es incipiente, la participación masculina se torna aún más minoritaria y es ahí donde él se destaca, no solo por ser uno de los pocos caballeros pole dancer en Venezuela, sino que es el campeón suramericano en esta práctica que poco a poco suma adeptos a sus filas.

Proveniente del mundo del ballet y la danza contemporánea, García se inició en el pole dance por curiosidad y terminó participando en exhibiciones y competencias nacionales e internacionales. Fue ganador de la categoría masculina del Miss Pole Dance Venezuela 2012, ganador masculino del primer campeonato de pole dance en el país, celebrado el año pasado, y campeón suramericano de pole dance 2013, entre otras competencias. Está consciente del tabú que rodea su práctica, pero para él todo depende de lo que el pole dancer quiera transmitir: “Cuando hablo al respecto digo que es pole fitness, porque quiero que se vea la parte deportiva, hay un trabajo corporal importante. El pole dance me ayuda con la danza, no es que me monto en el tubo y me desnudo. Es una práctica que requiere constancia, y aunque hay competencias que tienen su parte sensual, las rutinas siguen siendo increíbles. Todo esto es acerca de cómo quieres que lo vean, como algo deportivo o como otra cosa”.

Para quienes aún lo están pensando y no se atreven, García hace una invitación: “Para hacer pole dance solo se necesitan ganas y constancia. Obviamente todos los cuerpos son distintos y para unos será más fácil que para otros, pero si eres constante puedes lograr mucho más que alguien que solo tiene buena contextura. Es posible que tu cuerpo te limite a hacer ciertas cosas, pero no tienes que ser un gimnasta, eso se va aprendiendo con el tiempo”.


De la casa a la academia

Joy Almenara es la responsable de haber traído la práctica del pole dance a Venezuela hace nueve años. Comenzó en su casa con dos tubos y las enseñanzas de una prima que vivía en Londres y de un conocido que trabajaba en un local nocturno. Una vez que adquirió los conocimientos necesarios se dedicó a enseñar, también, desde su casa. El espacio se le hizo pequeño para lo que venía y fundó su academia en el centro comercial Plaza Las Américas.

De allí ha logrado egresar a ejecutantes y profesoras de pole, y también se ha encargado de la organización de la edición venezolana del concurso Miss Pole Dance, en la que se eligen a los mejores representantes femeninos y masculinos de esta disciplina. De esos primeros años hasta ahora ha sido mucho el camino recorrido y los tabúes superados, pero siempre quedan anécdotas para el recuerdo: “Al principio querían venir casi desnudas o con cuello tortuga. Tuve que diseñar el uniforme para las clases. También recuerdo a una alumna con sobrepeso, yo pensaba que ella no iba a poder. Les pedí a las profesoras que fueran despacio con ella, que le tuvieran paciencia, pero ella se empeñó tanto que fue la mejor nota de la clase. Bajó como 10 kilos”.

Almenara ha sido testigo de los cambios físicos y emocionales de sus estudiantes, mas también ha lidiado con los temores de quienes se acercan por primera vez. Quizá uno de los más recurrentes sea el miedo a caerse del tubo. Sin embargo, es enfática: “A medida que las alumnas sean más avanzadas de edad hay más temor, pero es muy difícil que alguien se caiga porque nunca pueden montarse en el tubo sin supervisión, siempre hay una profesora con ellas y pasan una por una”.

También hay que decir que las figuras acrobáticas que se hacen en el pole dance no se logran de la noche a la mañana, sino con meses de preparación, por lo que la idea de llegar a montarse en un tubo se desvanece al entender que los primeros niveles son de preparación física.

Por los momentos, además de las actividades de la academia y de la organización anual del concurso Miss Pole Dance Venezuela, Almenara espera sentar las bases de una federación que agrupe al gremio. Actualmente, si bien el tabú que rodea al pole dance no se ha derribado por completo, cada día hay más entendimiento acerca de esta práctica: “Sí hay mujeres que ven el pole dance como algo meramente sensual, pero cuando se encuentran de frente con el tubo y ven que necesitan resistencia, fuerza, entienden que se trata de un deporte”.


La acróbata del tubo

Una vida dedicada a la gimnasia le dio a Elizabeth Maal el plus en su carrera como pole dancer. Ella no se define como bailarina de pole, sino más bien como acróbata, dado todos los conocimientos que ha adquirido con la gimnasia, el yoga y la danza contemporánea: “Yo ya había visto unas clases de telas acrobáticas y descubrí el pole dance un día mientras caminaba por Plaza Las Américas. Allí estuve como profesora hasta que abrí mi propia academia. Mi estilo es más gimnástico, no hay casi baile, soy netamente aérea”. Maal ha trabajado en el área circense con las telas, el trapecio y el pole. Participó en el Miss Pole Dance Venezuela 2011 en el que obtuvo el segundo lugar, quedó de novena entre doscientas participantes en el Mundial de Pole Dance 2012 y logró el subcampeonato suramericano el año pasado.

Las clases de su escuela AeroDance son multinivel y se esmera porque sus coreografías sean “neutrales”, es decir, que puedan ser ejecutados por un hombre o una mujer y no se note la diferencia. “Cuando hago pole dance quiero que se note mi estilo. La escuela de Joy Almenara me dio lo que necesitaba para entrar al mundo del pole, pero yo le agrego mi estilo acrobático”.

Como profesora, Maal también ha tenido que ayudar a sus alumnos a enfrentarse con sus propios temores: “Lo que las chicas me dicen más es que no quieren ponerse short. Les da temor mostrarse y llegan supertapadas. Creen que las van a juzgar, que no lo van a hacer bien. Las clases multinivel hacen que los alumnos se ayuden mutuamente, cada quien va a su ritmo”.

Maal logró levantar la resistencia de su familia y ahora son sus mejores aliados: “En mi casa al principio estaban renuentes hasta que me empezaron a ver en televisión. Mi papá me vio en una competencia en Venezuela y le encantó. Ahora es él quien me hace la ropa para el pole dance”.