• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

El éxito lúdico de Tarbay

Foto: cortesía Aníbal Mestre

Foto: cortesía Aníbal Mestre

Marta y Ana Sofía Tarbay jugaban a trabajar juntas, a recorrer el mundo y a poner el nombre de su nativa Margarita en el mapa de los viajeros empedernidos. Y aunque no fundaron la agencia de viajes que proyectaban imaginariamente, sí lograron poner en marcha un engranaje que les permitió lograr todo lo anterior: crearon una firma de joyas y accesorios con las que visten a mujeres del mundo, y en la que la alegría y la naturaleza salvaje de la isla está siempre presente

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El juego como extensión del descanso, de la desconexión. Pero también como valiosa herramienta de proyección, que permite exteriorizar las certezas interiores a través de la creatividad ejercida de manera lúdica. Para las hermanas Tarbay, jugar era mucho más que pasar el rato. Sin saberlo, estaban poniendo en práctica los recursos que más adelante les servirían para mantenerse unidas en un propósito que ambas disfrutan por igual: la de llevar adelante su propia marca de joyas, con sello local y alcance global.

La vida de comerciantes de los padres de Ana Sofía y Marta Tarbay sirvió de marco para que las hermanas tuviesen una relación cercana con los viajes, la cultura y la moda del mundo. Eso alimentaría lo que se vendría después. “Mis padres tenían una tienda y viajaban mucho, y a nosotras nos interesaba el tema de la moda porque era su negocio, pero más que una relación con la moda lo que hicieron fue auparnos a diseñar y confeccionar lo que quisiéramos, era parte de un juego. Hicimos ropa para las muñecas, obras de arte, siempre nos animaron a crear. Uno de nuestros juegos era ‘qué íbamos a ser cuando fuéramos grandes’. Teníamos dos escritorios y jugábamos a trabajar juntas, a mostrar la isla con paquetes turísticos y venderlos en todas partes. La empresa se iba a llamar Tarbay Tours y era lo que pensábamos que íbamos a hacer: viajar, mostrar la isla y trabajar juntas”, recuerda Ana Sofía Tarbay.

Un juego serio

Al crecer, Marta se graduó de abogado y Ana Sofía de administradora y, nuevamente, usando el recurso lúdico como excusa, comenzaron a poner en práctica un pasatiempo que al poco tiempo se convirtió en empresa. El gusto ancestral por los ornamentos de sus genes libaneses fue la excusa para que ambas hermanas comenzaran a trabajar juntas creando sus propias joyas y accesorios. Luego, el campo de acción se fue ampliando a su círculo más cercano y las buenas críticas las animaron, por fin, a cumplir el sueño de la infancia: crear una firma con su apellido en la que ambas compartieran responsabilidades.

Así, en 2002 nació Tarbay, como una extensión de la filosofía de vida de ambas hermanas, en la que tienen cabida la elegancia, el gusto por el arte y la naturaleza y una actitud positiva ante las circunstancias que las he llevado a superar la etiqueta de “diseño emergente”, para posicionarse como una empresa de moda sólida y con proyección internacional, en la que Marta conduce el área de diseño y Ana Sofía la dirección creativa, las ventas y el mercadeo.

Un atrapasueños con un laborioso entramado de metales se convirtió en la pieza icónica de sus inicios y en el objeto de culto de los imitadores, que la reprodujeron hasta la saciedad y en materiales diversos. Pero este escollo les sirvió como impulso para crear las bases sólidas de su empresa. “El primer atrapasueños que hicimos marcó la historia del antes y el después de la marca. Ese trabajo de los metales, el hecho de pasar tantas horas elaborando esa pieza y tener que lidiar con gente que imitaba nuestro trabajo nos hizo correr, buscar un concepto exitoso. Cuando vimos la oportunidad de hacer una marca nos lo tomamos en serio desde el día uno. Queremos que trascienda, que sea fiel a su concepto a pesar del tiempo. Chanel o Louis Vuitton son casas de moda que han trascendido a sus dueños y mantienen su esencia a lo largo de los años. Queremos que Tarbay vaya más allá de nosotras”, visualiza Ana Sofía.

Con 14 años de trabajo ininterrumpido, una línea de joyas, carteras y zapatos y ventas en lugares tan disímiles como Colombia, Estados Unidos, Singapur, Australia o Alemania, el éxito de la marca creada en la isla de Margarita es medido por sus fundadoras en proporción a la expansión de la empresa. Lo que comenzó como el pasatiempo de dos hermanas, en las que ambas se encargaban de todo, hasta contar actualmente con una plantilla de casi 100 personas, entre trabajadores directos e indirectos, les da el impulso para seguir proyectándose hacia el futuro. “La clave para crecer ha sido no tener miedo a no ganar. Hemos reinvertido todo en la marca, pero también hemos sido arriesgadas, y eso nos ha hecho mantenernos y trascender. Por otro lado hemos sido unas trabajadoras incansables. Para Marta y para mí, Tarbay ha sido la gran universidad. Lo que más alegría me da es ver el crecimiento de nuestro equipo como personas, como trabajadores y dentro de sus comunidades. Incorporar a nuestra familia al equipo de trabajo y hacer del equipo de trabajo nuestra familia”, cierra Ana Sofía.