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El estudio de Rafael Romero

Rafael Romero / Fotografía Carolina Muñoz

Rafael Romero / Fotografía Carolina Muñoz

El actor y locutor no necesita viajar para conseguir descanso luego del rodaje de una telenovela. El sofá de esta estancia es el refugio en el que puede pasar horas

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Tener hijos suele requerir cambiar ciertas estructuras clásicas de la pareja. Rafael Romero y su esposa, la actriz Carlota Sosa, tenían sendas habitaciones como estudios a los que acudían para leer, distraerse y vivir su individualidad, pero el deseo de sus dos hijos por tener un piano y una batería pudo más que el de la privacidad.

"Me tuve que mudar al estudio de Carlota y, por supuesto, no dejó que cambiase nada", dice riéndose del lugar en el que pasa la mitad del día cuando no se encuentra en la grabación de alguna telenovela. "Instalamos un sistema de sonido y nos echamos a ver películas. Todas las mañanas vengo aquí a leer la prensa y me instalo con mi laptop para chequear las redes sociales y las páginas que me gustan", cuenta sobre una rutina simple que basta para hacerlo feliz.

Ambos son colectores compulsivos de libros, afirma, y disfruta de tenerlos a la mano, desperdigados, incluso para releer algunos. En el estudio tienen un sitio especial dos obras de arte: "Las caras son de un artista estadounidense llamado Wok y fueron un regalo de boda de nuestra sobrina. El otro es un gran formato de Juan Loyola, artista al que conocemos personalmente y admiramos Carlota y yo", dice.