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El estreno en la pantalla de Irene Esser

 Irene Esser / Leonardo Noguera/El Nacional

Irene Esser / Leonardo Noguera/El Nacional

La pasión por el surf, que probablemente le costó un Miss Universo en la ruleta de Las Vegas, le sirve a quien fuera Miss Venezuela 2011 para conectarse con el personaje con el que debutará como protagonista de la telenovela Corazón esmeralda: una guía turística comprometida con la conservación del planeta, pobre, desmaquillada e hija perdida de un millonario

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Solo el lejano batintín de una fiesta reguetonera perturba una tarde perfecta. Expropiadas casi todas sus semanas por las grabaciones de Corazón esmeralda en una hacienda de la población aragüeña de El Consejo, Irene Esser ha abierto en su cielo nublado el agujero de un domingo libre y el que conversa con ella se siente en una película: el vestidito floreado como de otra época menos malintencionada, el nuevo cabello más corto y con reflejos, los labios carnosos, las pecas sutilísimas y cierta melancolía que aflora en el rostro sin maquillaje que se ha visto antes en una pantalla de cine.

El conversador no pesca en su memoria el nombre que hace match, pero incomprensiblemente se siente metido en el cuerpo de Clive Owen. Como una hora después, ella misma da la respuesta que destraba el lapsus con un ¡ah!: “A cada rato me dicen que soy la doble de Natalie Portman. Aunque yo no me veo parecida a nadie, debo medir como 20 centímetros más que ella. Pero es tremenda actriz, muy inteligente, y la admiro. Cuando estudiaba Artes Escénicas en Mérida hice una adaptación de Closer”. Llevados por el deseo, el título en español que llevó el filme de 2004.

Cambio de papel

No es insólito en este país que una ganadora del Miss Venezuela se convierta de manera directa en protagonista de telenovela sin pasar por lunas crecientes, y a Irene parece dársele bien eso del desdoblamiento de temperamentos: cuando termina la charla formal, la que aparecerá registrada en frases entrecomilladas, la hija de los dueños e imagen corporativa de la empresa familiar Chocolates Paria (vaya contrasentido para una miss) asume un personaje más complejo y se disipa casi toda pose de Beatriz, la heroína ecologista, pobre, sufrida e hija perdida de un millonario que escribió la pluma de Vivel Nouel para la próxima producción dramática de Venevisión.

Con Irene como la pareja de Luis Gerónimo Abreu y la víctima en las garras de Mimí Lazo, se cumplirá una de las últimas voluntades del fallecido vicepresidente de variedades del canal de televisión: “Esta telenovela se la dedicaré a Joaquín Riviera. Él me pidió que participara en el casting y estuvo ahí. Me ayudó mucho, muchísimo, muchisisísimo. Siempre me dijo: ‘La belleza no es lo más importante y yo veo algo más en ti. Veo a una chica que puede llegar muy lejos”, recita quien cumplirá apenas 22 años de edad el próximo 20 de noviembre.

La guerra más grande

“Lo digo abiertamente: soy novata. ¿Cuál es el problema? El primer día de grabación la voz me temblaba tanto que tuvieron que pararla. Todos han pasado por ahí”, desafía la autobautizada chocolatera del Miss Venezuela 2011, que luego de revelar su pasión por el surf en una extraña respuesta en inglés que al parecer dejó su bolita fuera de la ruleta del Miss Universo 2012 en Las Vegas (no mucho más taxativas fueron sus opiniones políticas como entrevistada de Ismael Cala este año en CNN en Español, también disponibles para el escrutinio público en Youtube.com), se siente blindada contra una batalla como la de El Señor de los Anillos en el papel periódico o las redes sociales.

“¿Que si debí haber hecho un papel secundario antes de debutar como protagonista de una telenovela? Siempre he dicho: el personaje viene a ti, tú no lo buscas. Cuando me dijeron que había quedado… ¡Qué momento! Estaba con mi mamá y salté como Will Smith en la película En busca de la felicidad. Todos mis planes para un año completo cambiaron en un instante. Este regalo no vino de la nada, porque estudié Artes Escénicas y hacía performances descalza en las calles. Desde pequeña no he dicho que he querido ser otra cosa, sino actriz. Ser reina de belleza fue algo que surgió en ese camino. Después de lo que me pasó en el Miss Universo, estoy preparada para la guerra más grande de todas. Mi vida no se acabó luego del Miss Universo, ni se va a acabar por los comentarios sobre Corazón esmeralda. Si tomara las críticas destructivas, estaría en mi casa llorando. En un momento sí sufrí por lo de Las Vegas.

Hasta mis amigos más cercanos me dijeron cosas. La respuesta en el concurso no era una cuestión de inteligencia, sino de rapidez. No sé qué fue lo que me pasó. Mi inconsciente habló. Me sentí paralizada por lo nervios. No puedo cambiarlo ni tampoco lo deseo cambiar. Eso me ha enseñado a crecer, a entenderme. Soy más fuerte gracias a eso. Me pegó, pero capítulo cerrado”.

Vecina de arañas monas

Será una especie de presidenta de una asociación de guías turísticos en una hacienda de caña, o algo por el estilo: en una clásica telenovela rosa importa más el espíritu que la precisión. “Crecí en una posada donde llegaban personas de todas partes del mundo y que luego se convirtió en la hacienda de cacao. Mis vecinas fueron las arañas monas. Conozco perfectamente a todos esos bichos que pensamos son peligrosos, y tal vez nosotros somos más peligrosos para ellos. Beatriz, mi personaje, está muy tocada por la naturaleza. La burbuja que la protege es la esperanza de la conservación de la Tierra.

Es su pasión más fuerte. No hay nada más que eso, hasta que aparece el amor de su vida. Este personaje es sensible a todo, le duele hasta que alguien pise a una hormiguita”, enfatiza, y la mente del que conversa con ella vuela a otra película, aquella en la que Jodie Foster es como un animalito del monte. Y prosigue: “Tengo una conexión con el mar muy grande. Cada vez que estoy surfeando siento lo diminuta que soy ante tanta adversidad. Cada vez que el personaje de Beatriz se me va, recuerdo mi conexión con el agua”.

Su mamá, Alida Quintero, la invitó cortésmente a abandonar el hogar después de que se graduó de bachiller. “Tienes que irte de la casa" -me dijo- "así sin anestesia, para estimular mi independencia. Me mandó a estudiar en Inglaterra: estábamos cerca de la frontera de Gales y recuerdo que me puse a llorar porque prendí la radio y hablaban en gaélico, no entendía nada y pensaba que mi inglés era pésimo. Vivo sola. Me lavo mi  ropa y me hago mi comida. Me cuesta un poco pensar en una relación de todos los días con otra persona. Soy feliz con la naturaleza. Los seres humanos también son naturaleza y me dan felicidad. La grama me da felicidad. El mar. Los árboles. Respirar. La felicidad no es un camino. Mi fin no es ser una actriz famosa, sino tener más momentos felices. Y crecer como profesional”.

Es cuando habla del surf que se asoma, quizás, la verdadera Irene, el hemisferio oculto del sol de la dualidad que la hace humana. Primero, se siente casi insultada cuando se le suelta la palabra bodyboard, una modalidad del deporte de las olas cuyos practicantes usan chapaletas y una tabla más chiquita. “¡No, no, no y no!”, protesta. “Ojo, no soy la mejor surfista de Venezuela pero me gustan las olas grandes. Una ola que sea bien difícil para agarrarse a ella. ¡Y que cuando me ponga de pie, tenga toda aquella bajada inmensa ante mi vista y me dé bastante miedo! ¡Ufffff!”, se le escapa, todo al mismo tiempo, una interjección casi obscena, un relámpago perverso en el castaño claro de los ojos y un mordisqueo de los labios que ya no son de protagonista virgen. “Sí, me gusta bajar a la playa cuando hay huracanes y mar de fondo”. Ya no hay vestidito de flores y es como ver a la reina Amidala de La guerra de las  galaxias haciendo un striptease en Closer. Quizás esa pasión vale más que un Miss Universo.

El chocolate

“Todo el elenco, los técnicos y el equipo de producción de Corazón esmeralda está comiendo chocolate. Pueden visitarnos en la página: www.chocolatesparia.com. En Río Caribe somos fábrica, paseo turístico, museo y tienda. Vamos a lanzar una nueva línea en la que estoy muy involucrada.

Entre mi madre y yo hicimos algunas fórmulas y mezclas. Serán chocolates para una dieta equilibrada, sin aditivos químicos. Nunca he engordado porque hago mucho ejercicio al aire libre: surfear, saltar la cuerda, caminar, jugar voleibol de playa, ir al Ávila. Siempre estoy haciendo algo. En el gimnasio me siento encerrada, pero mi entrenador, Eleazar Guzmán, me prepara un entrenamiento funcional para que no me fastidie”

Sus olas

Su tabla: una de seis pulgadas (6.0)

Su maniobra favorita: “Más que hacer una pirueta, lo que quiero es agarrar la ola más grande”.

Sus playas: Chaguaramas y Puy Puy.

Cerca de Caracas: Los Cocos. “Soy surfista del lado derecho y ahí hay olas para los dos lados”.

Sustos y golpes: “Muchísimos. Osmel notó que mis piernas estaban llenas de moretones y cicatrices. Rescaté a una persona que estaba a punto de ahogarse y casi nos ahogamos los dos. He visto accidentes muy feos”.

Las primeras veces (de novela)

El primer llanto: “Ya lloré en la telenovela. Fue difícil cuando no lo sentí. En el momento que hice clic con mi personaje y con lo que le estaba pasando, las lágrimas salieron espontáneamente”.

El primer beso: “Todavía no ha ocurrido pero no tengo miedo. Luis Gerónimo Abreu, menos mal, es un muchacho bastante educado y profesional. Tenemos una química muy linda” (ese muchacho, en realidad, casi le dobla la edad).

La primera agarrada de greñas con Mimí Lazo, la villana: “No me asusté. Me dio mucha energía. Sentí ganas de estar a la par de una actriz tan grande, de devolverle el ping-pong”.