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La encrucijada de Laura Chimaras

 La encrucijada de Laura Chimaras / Mauricio Villahermosa

La encrucijada de Laura Chimaras / Mauricio Villahermosa

Tras su participación en la telenovela Virgen de la calle —actualmente en la pantalla de Televen—, esta joven actriz se debate entre la tentación de las oportunidades prometedoras y su propia necesidad de crecimiento histriónico. Aquí comparte qué la inspira y cómo maneja su carrera

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"La belleza no dura para toda la vida. El problema es que la mayoría de la que viene siendo mi generación no entiende eso". Mientras la maquillan, así responde cuando le preguntan por qué, a pesar de sus delicados rasgos, no fue miss ni modelo. "Creo que no podría andar montada en una pasarela y vivir en función de estar siempre flaca y arreglada. Yo manejo mi vida. Prefiero las cosas que exigen más de mí como artista, que me permitan ofrecer o explorar algo".

En el porte ligero de muchacha de cara lavada con la que viene del gimnasio está la concha de mango para quienes la clasifican por su edad. Aunque su cédula dice que tiene 22 años, Laura Chimaras no encaja del todo en ese molde, y ella lo sabe. Su discurso es un híbrido del afán inquisidor juvenil con el temple forjado a fuego de la gente mayor. No queda muy claro si esa madurez poco común es algo que resienta o que la enorgullezca, pero es evidente que la canaliza con intuición. "La verdad es que soy muy reservada. Cuando estoy entre gente que no conozco, necesito quedarme callada y esperar a sentir la energía de esa situación para decidir si me siento cómoda".

En Virgen de la calle, la co- producción de RTI y Televisa que repite la historia de Juana la Virgen, la hija del actor Yanis Chimaras interpreta a Jessica Gala, una chica que sueña con ser periodista y está obsesionada por conquistar a un compañero de trabajo. "Es una muchacha sifrina y muy torpe que a veces hace las cosas más inadecuadas. Tiene toques de comedia negra. Aunque a veces puede pasar por mala, es más bien imprudente". Esta interpretación le ha traído ofertas de trabajo fuera del país. "Siento que son buenas oportunidades, pero también siento que necesito tomarme un tiempo para estudiar. Hasta ahora he hecho todos los cursos de actuación que he podido y últimamente lo que he aprendido ha sido leyendo por mi cuenta, pero siento que me hace falta concentrarme más en eso".

Chimaras comenzó en la actuación a los 8 años en la telenovela Felina por sugerencia de su padre. Tras el fallecimiento de este en 2007, tomó en serio su deseo de ser actriz. Protagonizó por primera vez en RCTV en Li- bres como el viento, cuando tenía 18 años. "Sé que suena raro, pero me siento vieja. Aunque he hecho telenovelas maravillosas, siento que aquí ya toqué un techo, porque los papeles que te suelen dar cuando eres joven y agraciada no son muy distintos entre sí y a mí me gustan los personajes con un conflicto que pueda desarrollar. En cine o en teatro hay más oportunidades de hacer eso; en esas áreas me gustaría profundizar".

Le encantaría irse al Actors Studio en Nueva York y formarse allí por un tiempo. Le gustaría estudiar también cine y dirección.

Aún no tiene claro qué hacer. "Estoy confundida. En momentos como estos es cuando más falta me hace mi papá... De él me ha quedó el hábito de la lectura, él decía que la literatura y la preparación son fundamentales.

Siempre me regalaba libros y en uno me escribió: `Quiero que seas una gran actriz y culta en letras’. Me tomé muy en serio ese consejo y siempre cargo un libro conmigo. Me gusta estudiar, aprender. Me cuesta respetar al que dice que es actor o actriz sin hacer nada para prepararse".


La vida sin él. No hacen falta ro- deos escrupulosos para caer en el tema. "Han pasado casi siete años desde que mi papá se fue y ya aprendí a hablar de él y no sentirme mal. Entendí que es un vacío que no se supera, sino que aprendes a vivir así. A veces me deprimo sin saber por qué, y después caigo en cuenta de que es porque lo extraño. Sobre todo en este momento de mi carrera me hace falta, porque él tenía una manera muy consistente y sabia de orientarme: una vez que decidía algo con él, me sentía segura y no pensaba más en eso".

¿Cuál considera que fue su mejor legado? "Me dejó constancia y mucha humildad. Mi papá era un tipo que salía con su bicicleta y se paraba a hablar con todo el mundo, ayudaba a todo el que podía, irradiaba calor humano".

La actriz está habituada a recibir el saludo permanente de quienes lo admiraron. "Al principio era como si me dieran el pésame todo el tiempo, y como estaba más sensible, me chocaba más.

Era como recordarme a cada rato que él ya no estaba". Sin embargo, ha ido acostumbrándose a esta empatía con los años.

"Todos los días me sorprende hasta dónde llegó mi papá. He ido a castings en otros países y siempre me cruzo con alguien que lo conoció y que lo admiró.

Todos los días me consigo en la calle con gente que no conozco, pero que me dice que fue su amigo. Antes me limitaba a ser educada, pero ahora me da curiosidad y a veces les pregunto los detalles. Siempre me han hablado muy bien de él. Es algo que me llena de orgullo".

Admite que su apellido, más que allanarle el camino, a veces ha sido motor de un compromiso superlativo. "Yo sé que va a llegar el día en que dejen de presentarme siempre como `la hija de Yanis’ y digan primero que ella es Laura Chimaras, la hija de Yanis".