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La efervescencia de las cervezas artesanales

Cervezas artesanales / Fotografías: Mauricio Villahermosa

Cervezas artesanales / Fotografías: Mauricio Villahermosa

Un creciente grupo de entusiastas han decidido elaborar, en pequeña escala, sus propias cervezas en busca de sabores, cuerpo, aromas y tonalidades ajenas a las habituales en los anaqueles. A través de las redes sociales y catas se ha multiplicado esta cofradía de aficionados y expertos en cebada que apuestan por bebidas para degustar con calma

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Una generosa vista al Ávila acompaña a Guillermo García y Claudio Leoni cuando elaboran en casa recetas de cerveza de los monjes belgas, producen su versión de la kölsch alemana, o su propia Indian ale pale: la misma cerveza, con abundante lúpulo, que crearan los ingleses para que resistiera el largo viaje a la India. En ese afán artesanal y doméstico, los dos músicos conjuran una sed que los ocupa desde 2009: la de elaborar cervezas ajenas a las habituales, que habían probado en otras fronteras. Bautizaron a su iniciativa Pisse des Gottes, comenzaron a ofrecerlas a través de las redes sociales a una ávida fanaticada y ahora son considerados los “pioneros” en una creciente cofradía, experta en lúpulo y cebada, que se dedica a elaborar, en pequeña escala, cervezas artesanales con cuerpo, sabores, aromas y tonalidades distintos a los habituales. “El venezolano tiene curiosidad y le gusta la cerveza. La idea es ofrecer alternativas distintas. A muchos ya les picó ese gusanito”.

Tan cierto es que su producción casera se acaba antes del segundo anuncio de 140 caracteres por Twitter. 

En casa de Alexander Jiménez pueden llegar a similares certezas. Él, ingeniero de sistemas y su esposa Ileana, odontóloga de profesión, han visto cómo la pasión por elaborar cervezas llena su agenda, afanes, inversiones y espacios de la casa. Tras probar propuestas artesanales en otras fronteras decidieron elaborar las propias, investigaron, analizaron videos en Youtube, crearon un blog y el año pasado bautizaron sus cervezas Norte del Sur: las mismas que se ofrecen en catas e incluso en unos dispensadores para fiestas. “Hay dos tipos de cervezas: las que refrescan y las de deleite. Las primeras son las pilsen a las que estamos acostumbrados. Las de deleite tienen más cuerpo, más aromas. No son para tomarse 20 botellas. Esa es la cerveza que hacemos: que incluso puedes armonizar con la comida”, cuenta Jiménez.

Así, por obra y gracia de este entusiasmo compartido por varios emprendedores, han surgido catas de cervezas artesanales, las propuestas han despertado el interés de sommeliers y se ofrecen en algunos locales que los seguidores conocen. Una creciente fanaticada comienza a manejar con naturalidad el hecho de beber una hefeweizen (cerveza alemana de trigo y cebada), una stout o una pale ale hechas acá. Sus fieles saben que en ellas no van a conseguir lo habitual: “Estas son cervezas que no se filtran ni se pasteurizan”, cuenta Guillermo García. Muchas tienen los sedimentos de las levaduras que dieron lugar a la segunda fermentación en la botella. En esa avanzada hay cervezas oscuras o ámbar. Rubias o morenas. Todas con su propia complejidad. “Hay mucha variedad. Cada lote es único. Aunque repitamos la receta de la pale ale, puede ser distinta si se usa otro lúpulo”, asegura Alexander Jiménez. Normalmente no le temen al amargor. Algunas incluso tienen toques criollos en la mezcla.

Daniel López y Leonor Villarroel, biólogos por formación, apuestan por estos sabores en una iniciativa a la que llamaron Old Dan’s. Hace tres años una amiga de López le trajo levadura y lúpulo de Irlanda. Daniel ensayó unas recetas en casa. Le gustó lo que logró y a estas alturas elabora seis recetas. Tres habituales y otras de temporada, menos usuales y con toques locales: una de fresa, una de mango de hilacha y otra con miel de mastranto. Antes de crear falsas expectativas, aclara: “La fruta aporta color y aromas, no necesariamente sabor”. No es un batido de lo que hablamos.

Cerveceros uníos

“Somos unos entusiastas de la cerveza”, define bien Harold Pérez, publicista que comenzó a elaborar cerveza para él y sus cercanos. A su iniciativa la bautizó Cacri con su consecuente lema: “Cervezas sin pedigrí”. En esta particular hermandad de cebada ocurre algo meritorio: todos se han unido y en esta creciente fiebre, incluso han creado una asociación que los agrupa. “Creemos que este movimiento cervecero no puede ser unapasión solitaria. En bloque podemos difundir mejor lo que hacemos, lograr que la gente se interese más, y conseguir una mejor legislación para lograr producción mayor”, señala Pérez.

Desde Norte del Sur, Jiménez lleva bien las cuentas. “Hay 17 marcas artesanales, pero muchas no han comenzado a ofrecerla aún. Hay 45 cerveceros registrados en la asociación. El año pasado eran 5 o 6. Antes metías en Google ‘cerveza artesanal Venezuela’ y no encontrabas nada. Ahora hay cantidad de personas”. En esta cofradía manejan un diccionario similar, saben que tienen que conseguir sus ingredientes más allá de las fronteras y comparten estrategias parecidas: aprovechan las redes sociales y utilizan botellas que antes sirvieron para vino. Además, hay quienes dan cursos para enseñar a elaborarlas y multiplicar esa sed. Mientras tanto, los fieles de estas bebidas saben que conseguirlas amerita cierta logística. “El que quiere cerveza artesanal tiene que movilizarse. Yo hago la cerveza para mí y mis amigos”, dice Pérez.  

Los hermanos Paul y Alfredo Sandoval también comenzaron en este afán de burbujas tras probar distintas cervezas extrafronteras. Este año decidieron dedicarse en serio a su pasión y en su casa de Los Teques elaboran cuatro tipos, a las que bautizaron Pilger. “Hemos tenido una suerte increíble. Con las redes sociales todo se ha multiplicado y se ha convertido en una fuente de relaciones. Nos montamos en la ola en el momento justo. Los comentarios son buenos. Los que consumen han probado otras cervezas y son bien receptivos. Tienen un background”.

Todos coinciden en similares certezas. Cual alquimistas, saben que tienen un repertorio de recetas en las que dependiendo de la cantidad y tipos de cebada y lúpulo que aprovechen, darán con una propuesta distinta. “No estamos casados con un solo tipo. Hacemos las que nos gustan”, comentan los artífices de Pisse des Gottes. Eso sí: “Son 100% cebada: eso es lo que te da el cuerpo en la cerveza”.

Todos coinciden en una evidente pasión. Roman Jove, ingeniero con máster en Finanzas, lo sabe desde pequeño. Comenzó a hacer cerveza con su papá en Colorado, presenció el boom en Estados Unidos y dentro de poco va a estudiar un curso de maestro cervecero en aquellas fronteras, para darle forma a una pasión bien aquilatada. Mientras tanto, elabora cuatro tipos que ofrece entre cercanos y le ingenia un nombre a su iniciativa, que augura llamarse Microcervecería Ávila.

Todos se sienten en sintonía con un movimiento presente en distintos países. Guillermo García sella su certeza. “El venezolano tiene un gusto refinado y la cerveza es importante para nosotros. No hay por qué quedarse atrás”. La diversidad siempre será bien recibida.

Datos:

Mito BrewHouse

(@mitobrehouse). En Mérida los hermanos Di Zio elaboran  una stout, una pale ale de cebada malteada y una tipo belga de trigo. También elaboran una de mora por temporadas. Las venden por sifón y en el Elefante Dorado. www.mitobrewhouse.com

Norte del Sur

(@VeNortedelSur) Alexander e Ileana Jiménez elaboran distintos tipos de cervezas: pale ale, stouts negras, tipo belgas y la kölsch (alemanas con trigo). También una de café que hicieron en alianza con Pietro Carbone. Dictan cursos, tienen un blog y unos dispensadores de cervezas para fiestas.

Cerveza Yaracuy

(@cervezayaracuy). Tienen tres recetas consolidadas. Una kölsh, -“rubia, fresca y lupulosa de pura cebada, artesanal pero liviana”.- Una roja English mild ale –“más equilibrada, un poquito dulce”. Y una cerveza negra –“más fuerte y muy tostada”-.

Old Dan´s

(@OldDans) Daniel López y Leomar Villarroel elaboran seis tipos de cervezas. Tres que preparan con más frecuencia y otras menos usuales por temporada: una de fresa, otra de mango y una de miel de mastranto.

Cacri

(@cervezacacri): El publicista Harold Pérez apuesta por esta cerveza “sin pedigrí. Modesta, única e independiente”. Elabora cuatro tipos: porter, negra y malteada.  Una tipo abbey road ale, tipo belga. Una Indian pale ale y “una cerveza para chicas: es cítrica y se llama Lulú”.

Pilger artesanal

(@cervezapilguer) Paul y Alfredo Sandoval elaboran sus cervezas en Los Teques. Tienen cuatro tipos: hefeweizen (mitad trigo, mitad cebada), una negra stout, una tipo belga abbey ale y una más amarga: la Indian pale ale.

Pisse des Gottes

(@pisseDesGottes) Guillermo García y Claudio Leoni elaboran distintos tipos de cerveza: la Indian pale ale (con más lúpulo), la English pale ale, la kölsh de Alemania, la ambarina dunkel, la oscura stout e incluso una altbier: “Significa cerveza antigua. Es oscura y amarguísima”.) Dan cursos de cómo elaborarlas.

Dos Leones

(@dos_leones). José Guerra vivió en Chile donde aprendió a elaborar cerveza artesanal. Aquí se unió al abogado Janan Ekerman y crearon Dos Leones. Con ese bautismo elaboran una Latianoamerican pale ale, una cerveza roja Ale y una negra stout. Con otras han probado a agregarle jengibre, coco e incluso ají picante. “Saben a cerveza pero al final sientes un calorcito en la garganta”.

En el resto de Venezuela

Hay regiones donde también prosperan las cervezas artesanales. Daniel Álvarez, Andrés de Cid y Oscar Barré decidieron crear una cerveza que lleva, oronda, el bautismo de la región: se llama Yaracuy. Comenzaron hace un año y este mes se proponen ofrecerla en sifones en un local en San Felipe. “A la gente le ha encantado. Hemos ido a ferias en pueblitos y la gente se siente muy orgullosa de que exista una cerveza llamada Yaracuy”. En Mérida los hermanos Roberto y Nicola Di Zio  son bien conocidos por su cerveza. La comenzaron a elaborar  hace nueve años. Desde hace tres decidieron montar Mito BrewHouse, donde procuran cervezas para el gusto local.