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La directora de nunca acabar, Fina Torres

Fina Torres | Fotografía: Mauricio Villahermosa

Fina Torres | Fotografía: Mauricio Villahermosa

Escritora y cineasta

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La persona que asiste a Fina Torres es muy joven. “Sí, señora Fina. Cómo no, señora Fina”. Discute con su jefa con el cuidado que se le tiene a una vajilla cara, también como se trata a alguien con amor. “Yo manejo mientras tú haces las llamadas”, le dice Torres. En el trayecto, a una velocidad considerable, comienza a justificar su proceder: va tan rápido como su mente, sagaz. Para cuando se hizo esta entrevista, Liz en septiembre se encuentra a pocas semanas de ser estrenada y todavía está ajustando detalles de la edición de sonido.

Es su quinto largometraje cinematográfico. De toda su filmografía es la película a la que más le ha dado el espaldarazo, o el tratamiento más justo a una minoría. Sus personajes, seis mujeres homosexuales, además de alguien que entiende el amor más allá de los contrastes. “Mis heroínas siempre han sido mujeres, es cierto. Existen varias razones: la primera, obvia, soy mujer y creo conocer eso que llaman mundo femenino, con sus expectativas, frustraciones y anhelos. Nací en los cincuenta, las mujeres seguían sometidas a una cantidad de yugos bastante insoportables, contra los cuales siempre me rebelé. Eso de ser ciudadano de segunda sin explicación válida, solo la de tu sexo. Más tarde, me di cuenta de que había pocas heroínas en la literatura o en el cine. Las historias de mujeres eran de agua de rosas. Claro que había excepciones, pero en su mayoría eran mujeres ‘malas’. Entonces me interesó inventar o adaptar historias donde el protagonista fuera mujer, y todavía no he cambiado”.

Pica un mango sin pelar y se lo va comiendo con una cucharilla. “Viví casi 40 años fuera, buscando tantas cosas, no sabía qué. Finalmente, encontré aquí lo esencial: la gente, el país. Es encontrar mis raíces, sentirme en casa, rodeada de mis afectos”. Y deja la pepa de la fruta, como dicta la norma, para el final. “ Yo soy una apasionada de mi trabajo. Tengo una especie de obsesión por el perfeccionamiento que pocos comprenden. Sé que es imposible lograr algo perfecto. Lo único que me deja tranquila es saber cuándo tengo que parar”.