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La creación como máxima

Albi De Abreu

Albi De Abreu / Mauricio Villahermosa

Albi De Abreu no se conformó con ser el galán típico de las telenovelas. Desde sus inicios en la animación hasta su faceta como director de largometrajes, este actor se encuentra en una constante búsqueda que le permita desarrollar todo su potencial artístico. En esta entrevista habla sobre sus más recientes proyectos

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Su verbo es crear. Donde quiera que esté, siempre está pensando en cómo llevar adelante sus proyectos, en cómo materializar sus ideas creativas. Su vena de trabajador incansable lo acompaña desde la infancia, cuando asumió responsabilidades económicas para ayudar a su familia. La tenacidad que le permitió dominar sus dos pies izquierdos para aprenderse las coreografías de Supercrópolis –el recordado programa infantil– y no quedarse sin empleo, es la misma que lo hizo doblegar su ego cuando perseguía el sueño americano en Los Ángeles. Albi De Abreu ha sido consecuente consigo mismo y ha logrado construirse una carrera de éxitos sin escándalos.

Después de una seguidilla de telenovelas nacionales, de estudiar actuación en Estados Unidos y de regresar a Venezuela con nuevos bríos y proyectos, De Abreu demostró que su potencial artístico iba mucho más allá de los créditos protagonistas de los dramas rosa. Ha sido director de dos cortometrajes exitosos –Música del cielo y Colmillo– visualiza un proyecto fotográfico y trabaja en lo que será su primer largometraje, mientras da vida a dos personajes que lo distancian del estereotipo del hombre bueno en una serie de Fox, y en una telenovela de Venevisión. Con una vida y una agenda dividida entre Bogotá y Caracas, se abre paso a la internacionalización de su carrera de forma serena pero exigente.

El nuevo chico malo

Hace casi tres años, sorprendió gratamente a la crítica con su faceta de director de cortometrajes. Más que un capricho, se trataba de una indagación profesional y personal cuyo resultado fueron dos cortometrajes premiados. En ese momento conoció el sabor del éxito desde otra perspectiva, pero también tuvo que lidiar –y aprender– todo lo que implica, al menos en Venezuela, darle visibilidad a un proyecto audiovisual. De esa época, el actor y director conserva aprendizajes relevantes: “Aprendí a delegar mucho más, a no querer hacerlo todo yo, me quedó también un aprendizaje visual importante, de saber qué planos son los que realmente quiero, aprendí sobre términos y procesos de posproducción que desconocía, y también, aunque de una forma más pequeña, sobre lo que pudiera ser la parte de promoción de una película, enviarla a festivales, concursos, proyectarla. Pero, sobre todo, me quedó el gusanito de montarme en el largometraje”.

Después de su primera incursión como director, y de dirigir el primer videoclip de la cantautora venezolana Andrea Lacoste –de quien es pareja hace algún tiempo– se ha dedicado a su faceta más conocida: la de actor. Después de interpretar a un asesino a sueldo en la película Saluda al diablo de mi parte, surgieron otras oportunidades histriónicas en Colombia, que lo han alejado progresivamente de los papeles de niño bonito en los que resulta fácil encasillarse, como sus participaciones especiales en las series Lynch y Kdabra, hasta llegar a Ítalo, un hombre sanguinario en la serie Cumbia Ninja, que se estrenará en Latinoamérica el 5 de septiembre en Fox: “Necesitaban a un tipo muy intimidante. Ellos querían que adonde llegara Ítalo, la gente supiera que quien estaba allí iba a morir. Y por esto me ofrecen hacer el papel de la Llaga, en Los secretos de Lucía, un tipo de barrio bien estropeado, con la cara quemada. Son los personajes que me gustan, que están construidos por las decisiones que toman y no por la caracterización externa. Así que ya empezamos a romper este esquema del niño inocente que no rompe un plato”.

Mientras se abre paso en las pantallas de Latinoamérica, un proyecto fotográfico espera su materialización. De esta forma, Albi De Abreu no pierde el ritmo de una carrera ascendente en la que quiere probarse a sí mismo en todas las áreas posibles.

El poder desde el guión

Le interesa el poder como tema para desarrollar. Hacer películas es la forma que ha encontrado para drenar esa inquietud: “Este primer guión tiene  un poco de eso, pero la primera versión era muy discursiva. Era yo tratando de decir cosas y así no tiene que ser, aunque es un proceso normal para un guionista primerizo. Pero la forma que he encontrado para canalizar eso es a través de la escritura de guiones. Creo que todas mis historias van a tener una onda de corte social, no en contra de los gobiernos por simple anarquía, sino donde el ciudadano pueda vivir bien. Creo en seres humanos ejerciendo el poder”.

Ni tan famoso

Comenzó su carrera haciendo comerciales. El primero de ellos fue para una reconocida marca de chicles, cuando tenía 16 años de edad. Lo que se suponía iba a ser su salto triunfal a la fama, terminó siendo una divertida anécdota: “Yo sentí que había ganado un papel para una película de Hollywood, era lo primero que hacía para las cámaras y era un comercial muy grande, con mucha gente, pero lo que no sabía era que el comercial tenía como 200 planos en 30 segundos, así que realmente nadie se veía. Cuando salió el comercial al aire fue una gloria de menos de 5 segundos porque le preguntaba a todo el mundo: ‘¿Me viste?’, pero salía tan rápido que nadie me veía”.