• Caracas (Venezuela)

Todo en Domingo

Al instante

La chica sin miedo

Eloísa Maturén / Mauricio Villahermosa

Eloísa Maturén / Mauricio Villahermosa

En estos días dirige un festival de danza y en unos meses llegará a la pantalla grande, como coprotagonista de la nueva película de Fina Torres. Eloísa Maturén –bailarina, periodista, actriz, productora, esposa y mamá– cuenta aquí su historia inmune al vértigo

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Pídale a Eloísa Maturén que adopte una pose imposible para una foto y lo hará sin titubeos. Dígale que se incline tanto que parezca que se va a caer. Buscará el ángulo con una aceleración limpia, temeraria, hasta que el último nanosegundo de equilibrio que le permita su instinto de bailarina la salve prodigiosamente de estrellarse contra el suelo. Lo hará una y otra vez. Es la misma actitud imperturbable que la mantiene en control de un festival de danza, un hijo de dos años, la protagonización de una película y un matrimonio con una estrella. Un centro con gravedad propia, con una capa de teflón donde resbalan las especulaciones ajenas. Un motor que aspira a que la danza se convierta en el próximo orgullo artístico nacional después del Sistema de orquestas.

“Yo sé que suena atrevido, pero el potencial está ahí. En este país todo el mundo baila y hay que buscar cómo canalizar todo ese talento”. Maturén, fundadora del Festival Vive la Danza, quiso ser bailarina porque su abuela lo era. “Ella me contaba que usaba unos trajes bellísimos y que después de un estreno la gente se paraba, la aplaudía, le llenaban de flores el camerino… Yo obviamente no sabía nada de ballet, pero me imaginaba que eso debía ser buenísimo. Eso, o ser una minipop”, se ríe. “Cuando tenía como 4 o 5 años me llevaron a ver un montaje de El Cascanueces de Keyla Ermecheo en el Teatro Teresa Carreño y me pareció mágico. Cuando salí de ahí, ya sabía qué quería ser. Empecé a bailar a los 6 años”.  Tras formarse como bailarina en la Escuela Ballet-Arte de la Fundación Gustavo Franklin, a los 16 años la segunda de cuatro hermanos pasó a integrar la compañía del Teatro Teresa Carreño –el Ballet Nacional de Caracas–, dirigida por el coreógrafo Vicente Nebrada.

La bailarina de Parque Central. “Viví en el edificio El Tejar de Parque Central hasta los 21 años y fue una de las mejores cosas que me pudo pasar. Era un ambiente muy sano y muy diverso, con todo el mundo cultural al alcance de la mano”. Pero con el tiempo, la bailarina empezaba a darse cuenta de que su membresía en ese mundo iba en cuenta regresiva. “Cuando estás en una compañía te toca ver ese día en el que los bailarines principales ya no obtienen los mejores papeles, porque la edad no perdona. Yo sabía que no tenía talento ni para la coreografía ni para la enseñanza y decidí buscarme un plan B, para cuando las piernas no me dieran más”.

Se graduó en Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela. Nebrada, su maestro, acababa de morir. Maturén resolvió irse a Madrid por un tiempo y cuando no consiguió trabajo en danza ni en periodismo, siguió la sugerencia de unos primos. “¿Por qué no preguntas en El Corte Inglés?”.

En la famosa tienda por departamentos de Preciados, consiguió empleo en el área de zapatería. “Lo que fuera con tal de no llamar a mi casa a pedir ni un euro. ¡Digna!”, dice divertida. “Valoras más lo que tienes. Ahora cuando voy a Madrid y entro ahí me da mucha risa”. Ser público de programas de Televisión Española, junto al comediante George Harris, fue otro de sus oficios. “Nos daban 20 euros por aplaudir en programas de Concha Velasco y Sarita Montiel. Sonreíamos y aplaudíamos divinamente”. Luego se fue a Londres, donde estudió inglés, teatro y danza.

En la Navidad de 2004, regresó de vacaciones y volvió a calzarse las zapatillas por casualidad: una bailarina se lesionó durante la temporada en curso de El Cascanueces y la convirtió en suplente. Ese 21 de diciembre, en lugar de escribirle varios papelitos al Espíritu de la Navidad, redactó uno solo con letras grandes. ““Quiero un trabajo que me guste mucho y que me lleve a viajar por todo el mundo”. Una semana después, por insistencia de sus compañeros, se compró la última entrada para un concierto dirigido por Claudio Abbado junto con un nuevo conductor que estaba dando mucho de que hablar. Uno muy joven. Coronado de rulitos.

De adorno, no. Del flechazo en el bar del TTC con Gustavo Dudamel se acuerda con una sonrisa. “¿Qué me gustó de él? Que a Gustavo le parece que todo es posible y que este es el mejor país del mundo. Eso y que obviamente es un tipo adorable, encantador. El carisma en pasta. La música también ayudó. A los dos nos gustan los boleros, la Fania, la música clásica, lo que sea que te parezca música de viejos. La primera vez que nos montamos en el carro, que el tipo puso una canción de Tito Rodríguez y vio que yo me la sabía, los dos pensamos: ¡Epa! ¿De dónde saliste tú?”.

Un año después se casaron. Al mismo tiempo comenzaba el huracán de viajes, conciertos y galas, y hace dos años llegó el pequeño Martín. “Afortunadamente cuando nos casamos él todavía no era tan famoso y fuimos creciendo juntos”. Maturén asumió algunas de las funciones de jefa de prensa de su esposo, y a la vez, el tácito papel de embajadora-consorte del Sistema. Cuando Dudamel llegó a Los Ángeles como el nuevo director de su orquesta filarmónica, la prensa los bautizó como “la pareja más in desde David y Victoria Beckham”. En las crónicas de Los Ángeles Times se le ve sonriente, cómoda: una suerte de Kate Middleton del trópico, capaz de bailar salsa enfundada en un Ángel Sánchez ante ojos escrutadores, sin ningún indicio de timidez.

“Hubo un tiempo en el que traté de ser mujer florero a ver qué tal, pero no aguanté mucho. Sentí que me estaba pudriendo. Yo para no hacer nada no sirvo, es como si tuviera aquí adentro algo que me vibra”. De esa energía salió el Festival Viva Nebrada con su primera edición en 2008, la producción de dos documentales –Dudamel: el sonido de los niños, del director Alberto Arvelo, y Don Armando, de Jonathan Reverón– y más recientemente su debut como actriz en la película Liz en septiembre, de Fina Torres. En ella coprotagoniza con Patricia Velásquez.

“Conocí a Fina en una reunión y me invitó al casting. Fui por no dejar; una de mis abuelas fue actriz de cine mexicano y todo eso me daba mucha curiosidad. Cuando me dio el papel no lo podía creer. La noche antes de rodar leía el guión y pensaba: ‘¿Por qué tengo que estar tan loca?”. Aunque reconoce que le intimidaba verse en pantalla, no se arrepiente de nada. “Tengo mucho que aprender, pero fue una experiencia maravillosa y todos fueron muy generosos conmigo. Sea como sea el resultado, lo que me da paz es sentir que puse cada fibra de mí para hacerlo lo mejor posible. Lo puse todo, todo, todo”.

Por lo pronto, mientras dure el festival de danza, los Dudamel Maturén viven en ciudades distintas. Una distancia que de momento resuelven a diario por Skype y que cada dos semanas se cura en persona. “Hay gente que me dice que cómo voy a dejar a ese hombre solo y a él que cómo me deja ir, pero nos tenemos una gran confianza y sabemos que cada uno necesita sus proyectos para ser feliz. Tenemos un compromiso espiritual y físico muy fuerte.

Hay parejas que viven juntas los 365 días del año y no tienen eso”. ¿Le molesta tener que lidiar con las expectativas de los demás? “No pienso en eso. Si asumes que tienes que cubrir todo lo que los demás esperan de ti, eso no es vida. Cuando eres auténtica, la gente se da cuenta y lo valora más. Yo procuro vivir con pasión cada minuto”. ¿Cuál es la percepción más errada que la gente tiene de ella? “Que como soy bailarina de ballet y esposa de Dudamel, seguro que soy pretenciosa. En la primera fiesta que hicieron en el set de Liz en septiembre, nadie me sacaba a bailar y era por eso, así que agarré al técnico que vi más guapachoso y no lo solté en un buen rato. Y bueno, hasta ese día”, se ríe. A veces, como en el escenario, hay que saber dejarse caer.

Fiesta en la calle
Luego de dos ediciones, el Festival Viva Nebrada cambió su nombre a Vive la Danza. “Sigue siendo un homenaje a Vicente Nebrada, pero lo rebautizamos para abarcar un concepto más amplio. Es un esfuerzo grande porque tenemos una programación de 33 espectáculos inéditos de danza en un mes, cuando en Caracas por lo general sólo se hacen de 7 a 10 montajes al año”. Además de estos estrenos –diseñados por sus 33 coreógrafos para ser interpretados en plazas de los cinco municipios capitalinos– el festival ofrece un ciclo de clases gratuitas de danza en distintos géneros y foros de gestión cultural. “La intención es acercar esto a la gente tanto como sea posible. Que si siempre te gustó bailar y quieres canalizar ese potencial, que sepas que hay profesionales y compañías que pueden orientarte”. La programación del festival –que empezó el 29 de mayo y termina el 30 de junio– puede consultarse en
www.festivalviveladanza.com. En Twitter: @viveladanza.


Piense rápido
• ¿Su nombre legal? Eloísa Susana Maturén Vallado.
• Peso y talla: Mido 1,65. Peso 55 kilos.
• ¿Un vicio? El baile. Pegado (risas).
• ¿Qué hacen sus padres? Mi papá es ingeniero. Mi mamá, licenciada en Letras.
• ¿Le molesta que le digan “la esposa de Dudamel”? Para nada.
Siempre será un orgullo.
• ¿Qué le deprime? Desde que soy mamá, el llanto de un bebé me mata.
• ¿Un placer culposo? Bailar reguetón. Comer brownie con helado.
• ¿Qué colecciona? Los programas de mano de los eventos a los que voy.
• ¿A quién le gustaría entrevistar?
A Gabriel García Márquez.
• ¿Un montaje para bailar en
la Ríos Reyna? Doble Corchea,
de Vicente Nebrada.
•  ¿Con quién le gustaría coprotagonizar una película? Con Javier Bardem.
¿Su expresión favorita? ¡Glorioso!
¿Una canción para bailar con su esposo? “Las Avispas”, de Juan Luis Guerra.
¿Su momento favorito con su hijo? Cuando se despierta, me da besitos y me cuenta lo que soñó. Siempre sueña con pavos reales.